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10 mayo 2026

Agaete y Puerto de las Nieves


Agaete se localiza en la zona norte de Gran Canaria. Es una zona muy abrupta y tranquila. Las hordas de turistas que van a la playa del Inglés, a Maspalomas o a Mogán no suelen llegar hasta esta singular localidad.


Agaete, con el Puerto de las Nieves, es uno de esos lugares dónde se conjuga la belleza de la naturaleza con su impactante inmensidad. Me cuesta hablar de ambos porque es difícil describir las sensaciones cuando un lugar te produce un gran impacto.


Estuvimos tres días, pero me hubiera quedado muchos más. Un día, a primera hora de la mañana, estaba haciendo una foto a los acantilados en Puerto de las Nieves, unos nubarrones cubrían los picos más altos y el sol intentaba traspasar el muro de nubes, cuando una ciclista alemana se bajó de la bicicleta miró en dirección al Risco Partido o Dedo de Dios y a los acantilado del Barranco de Guayedra y después me miró. Nos entendimos sin hablar, las dos suspiramos profundamente ante esa imagen admirable y potente de los riscos y los acantilados. Una imagen casi irreal de un paisaje natural de los que ya casi no quedan. Parajes escarpados del Roque Faneque, los barrancos del Moro, de Guayedra y de Altabaca, vacíos de construcciones, se precipitan bruscamente en despeñaderos hasta el mismísimo océano. Entre barrancos y precipicios, se suceden las playas de rocas y guijarros de los Peloncillos, la playa del Negro, la playa de los Cuevones, la de Guayedra o la de Sotavento siguiendo el litoral, el Parque Natural de Tamadaba. Naturaleza en estado puro.


Tanto Agaete, un pueblo dónde se vive todo el año, como el Puerto de las Nieves - el barrio marinero de Agaete, con edificaciones de veraneo -, son muy bonitos. Cada uno con su peculiaridad. En el Puerto de las Nieves hay dos playas, la de las Nieves y la del Muelle, donde parten los barcos hacia Tenerife. En este puerto se apiñan los pequeños barcos y los bares y restaurantes donde se sirve el pescado más fresco. 


En Agaete, la vida transcurre tranquila. En el Puerto de las Nieves los restaurantes de pescado se llenan - sobre todo los fines de semana - de visitantes que vienen, tanto del interior de la isla como de la ciudad de Las Palmas, a pasar el día en un ambiente costero, portuario y relajado. Su paseo marítimo te conduce hasta las piscinas naturales de Las Salinas. Una vez allí, puedes seguir el camino subiendo por una escalera que llega hasta la cumbre y desde allí continuar por un sendero hasta El Turman y la zona rocosa y de acantilados de La Caleta.


Desconozco cómo será esta zona en verano, pero a principios de marzo, tras varios días de lluvia, la naturaleza brillaba en todo su esplendor. Me extrañó que hubiera tan poca gente paseando por el paseo marítimo de Agaete ¡con lo bonito que es!. Además, desde el paseo, las vistas de los acantilados del Puerto de las Nieves son espectaculares. Puedes observar cómo los acantilados cambian de color según pasan las horas y las nubes. Tonos marrones, azules y verdosos oscuros cuando las nubes cubren el sol. Tonos verdes esmeraldas, dorados y anaranjados cuando el sol incide directamente en ellos. Nunca la imagen es igual. Si observas bien los riscos, en un momento u otro, descubrirás alguna zona de las montañas de la que no te habías percatado antes. Desde este paseo también se puede contemplar, si el día está despejado de nubes y limpio de calima, la cumbre del Teide.


Otro de los lugares que más me gustaron de Agaete fue el barranco de Agaete hasta el valle de Los Berrazales y el Mirador del Valle de Agaete. La carretera del valle es sinuosa y angosta. En algún momento pasan las guaguas (autobuses) pero, pese a su estrechez, con cuidado se transita bien. Nos acompañó un día lluvioso, con bruma y un silencio absoluto, pero al mismo tiempo mágico. El olor nos recordaba a Costa Rica, puede que fuera por los cafetales y árboles frutales que se suceden a lo largo del valle de Agaete. La humedad marina mezclada con la humedad de la floresta crea un aroma muy especial, tropical y exótico.


También, nos pareció espectacular la antigua carretera que une Agaete con La Aldea de San Nicolás (la GC-200). Una carretera increíble, zigzagueante, peligrosa por las vistas a los acantilados, porque no puede dejar de mirar hipnóticamente hacia el abismo de los acantilados. Se necesita ir despacio para poder ver este paraje tan abrumador. Vimos que están construyendo una nueva carretera con túneles, que evita parte de los tramos más peligrosos y, que unirá Agaete con La Aldea de San Nicolás. Es una obra faraónica. Bastante impresionante. 

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