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24 mayo 2026

Jardín Botánico Canario "Viera y Clavijo"


Una de las razones para alojarnos unos días en la parte este de la isla de Gran Canaria fue la de poder visitar, a primera hora de la mañana, el Jardín Botánico "Viera y Clavijo". Si te atrae la naturaleza, es un lugar de visita obligada. Los jardines, el paisajismo, la botánica, la biología, la ecología y sobre todo la flora de la Macaronesia. Esta flora de la Macaronesia se encuentra en los archipiélagos de origen volcánico del Atlántico, en la llamada región macaronésica que forman parte las Azores, Canarias, Madeira, las Ilhas Selvagens (islas deshabitadas) y Cabo Verde.
 

El día de nuestra visita al recinto, tuvimos la suerte de ser los primeros en acceder al espacio del jardín botánico. Entre semana, el horario de apertura del recinto es de 7:30h., los festivos a las 10:00h. Entramos al jardín botánico a primera hora de la mañana. Hicimos prácticamente solos todo el recorrido, sólo al final vimos entrar a un grupo de estudiantes. La entrada al recinto es gratuita y han habilitado un gran espacio de aparcamiento. Empezamos el recorrido con sol y lo acabamos con lluvia. Fue una experiencia enriquecedora y muy didáctica.


El Jardín Botánico "Viera y Clavijo" se halla entre el barranco de Guiniguada y el barranco de Santa Brígida. Lo conforman 27 hectáreas de terreno.Es el jardín botánico más grande de España. Allí puedes observar una gran colección de plantas endémicas de la Macaronesia, así como una flora poco conocida que crece en los entornos más umbríos de los barrancos o en aquellas áreas geográficas con un alto grado de humedad. Hay una buena muestra del matorral costero con una gran colección de plantas suculentas (más de 2.000), tabaibal y cactus. También del bosque termófilo que guarda relación con el bosque mediterráneo (pinares, palmeras, sabinas) incluso aquí encuentras los dragos (árbol típico de estos archipiélagos). En otra zona del jardín se localizan ejemplares del bosque húmedo o de la laurisilva o bosque subtropical húmedo con el laurel, el brezo, el palo blanco, el follao, el til entre otros, además de especímenes del pinar canario y del pinar de las cumbres y del cedro.


El Jardín Botánico "Viera y Clavijo" es uno de los lugares que más me gustaron de Gran Canaria.

10 mayo 2026

Agaete y Puerto de las Nieves


Agaete se localiza en la zona norte de Gran Canaria. Es una zona muy abrupta y tranquila. Las hordas de turistas que van a la playa del Inglés, a Maspalomas o a Mogán no suelen llegar hasta esta singular localidad.


Agaete, con el Puerto de las Nieves, es uno de esos lugares dónde se conjuga la belleza de la naturaleza con su impactante inmensidad. Me cuesta hablar de ambos porque es difícil describir las sensaciones cuando un lugar te produce un gran impacto.


Estuvimos tres días, pero me hubiera quedado muchos más. Un día, a primera hora de la mañana, estaba haciendo una foto a los acantilados en Puerto de las Nieves, unos nubarrones cubrían los picos más altos y el sol intentaba traspasar el muro de nubes, cuando una ciclista alemana se bajó de la bicicleta miró en dirección al Risco Partido o Dedo de Dios y a los acantilado del Barranco de Guayedra y después me miró. Nos entendimos sin hablar, las dos suspiramos profundamente ante esa imagen admirable y potente de los riscos y los acantilados. Una imagen casi irreal de un paisaje natural de los que ya casi no quedan. Parajes escarpados del Roque Faneque, los barrancos del Moro, de Guayedra y de Altabaca, vacíos de construcciones, se precipitan bruscamente en despeñaderos hasta el mismísimo océano. Entre barrancos y precipicios, se suceden las playas de rocas y guijarros de los Peloncillos, la playa del Negro, la playa de los Cuevones, la de Guayedra o la de Sotavento siguiendo el litoral, el Parque Natural de Tamadaba. Naturaleza en estado puro.


Tanto Agaete, un pueblo dónde se vive todo el año, como el Puerto de las Nieves - el barrio marinero de Agaete, con edificaciones de veraneo -, son muy bonitos. Cada uno con su peculiaridad. En el Puerto de las Nieves hay dos playas, la de las Nieves y la del Muelle, donde parten los barcos hacia Tenerife. En este puerto se apiñan los pequeños barcos y los bares y restaurantes donde se sirve el pescado más fresco. 


En Agaete, la vida transcurre tranquila. En el Puerto de las Nieves los restaurantes de pescado se llenan - sobre todo los fines de semana - de visitantes que vienen, tanto del interior de la isla como de la ciudad de Las Palmas, a pasar el día en un ambiente costero, portuario y relajado. Su paseo marítimo te conduce hasta las piscinas naturales de Las Salinas. Una vez allí, puedes seguir el camino subiendo por una escalera que llega hasta la cumbre y desde allí continuar por un sendero hasta El Turman y la zona rocosa y de acantilados de La Caleta.


Desconozco cómo será esta zona en verano, pero a principios de marzo, tras varios días de lluvia, la naturaleza brillaba en todo su esplendor. Me extrañó que hubiera tan poca gente paseando por el paseo marítimo de Agaete ¡con lo bonito que es!. Además, desde el paseo, las vistas de los acantilados del Puerto de las Nieves son espectaculares. Puedes observar cómo los acantilados cambian de color según pasan las horas y las nubes. Tonos marrones, azules y verdosos oscuros cuando las nubes cubren el sol. Tonos verdes esmeraldas, dorados y anaranjados cuando el sol incide directamente en ellos. Nunca la imagen es igual. Si observas bien los riscos, en un momento u otro, descubrirás alguna zona de las montañas de la que no te habías percatado antes. Desde este paseo también se puede contemplar, si el día está despejado de nubes y limpio de calima, la cumbre del Teide.


Otro de los lugares que más me gustaron de Agaete fue el barranco de Agaete hasta el valle de Los Berrazales y el Mirador del Valle de Agaete. La carretera del valle es sinuosa y angosta. En algún momento pasan las guaguas (autobuses) pero, pese a su estrechez, con cuidado se transita bien. Nos acompañó un día lluvioso, con bruma y un silencio absoluto, pero al mismo tiempo mágico. El olor nos recordaba a Costa Rica, puede que fuera por los cafetales y árboles frutales que se suceden a lo largo del valle de Agaete. La humedad marina mezclada con la humedad de la floresta crea un aroma muy especial, tropical y exótico.


También, nos pareció espectacular la antigua carretera que une Agaete con La Aldea de San Nicolás (la GC-200). Una carretera increíble, zigzagueante, peligrosa por las vistas a los acantilados, porque no puede dejar de mirar hipnóticamente hacia el abismo de los acantilados. Se necesita ir despacio para poder ver este paraje tan abrumador. Vimos que están construyendo una nueva carretera con túneles, que evita parte de los tramos más peligrosos y, que unirá Agaete con La Aldea de San Nicolás. Es una obra faraónica. Bastante impresionante. 

23 abril 2026

Fataga, evidente vergel


Fataga es una de las pequeñas localidades canarias que más me gustaron. Se trata de un lugar especial. Su esencia es la belleza de la sencillez. Enclavado en el barranco de Fataga, entre altas montañas y en un valle fértil, con pinos canarios, sabinas, palmeras canarias, retamas, salvias, tabaiba y extensiones de aloe vera entre muchas otras plantas y hierbas medicinales que crecen entre el valle y las altas montañas. Había llovido los días anteriores a nuestra visita a Fataga y eso se notaba en la exuberancia de su vegetación.


El núcleo urbano más antiguo de la población de Fataga se compone de estrechas calles con casas tradicionales canarias de una o dos plantas, en las que se puede leer el nombre de los vecinos o propietarios de esas viviendas. A nivel municipal, depende de la población de San Bartolomé de Tirajana. No están lejos, una de la otra. Por la carretera GC-60, las separan unos 7 kilómetros. Si visitas Fataga, acércate a San Bartolomé de Tirajana, otra de las localidades canarias con uno de los entornos forestales y paisajísticos más bonitos de Gran Canaria. Desde allí, por otra angosta carretera, llegas hasta Tejeda y el Roque Nublo.


Nosotros cogimos esta carretera desde Tejeda a Fataga, pero antes para llegar hasta el Roque Nublo y Tejeda preferimos hacerlo desde la Vega de San Mateo. La carretera es un poco menos estrecha que la que conduce desde Tejeda al océano, pasando por Fataga. Además, estas sinuosas carreteras, están bastante concurridas. Se suceden los autobuses públicos, autocaravanas, ciclistas, motoristas. Algunos son prudentes, pero no te puedes fiar.

14 abril 2026

El castillo de Feria, panorámicas aéreas


En nuestra ruta por los castillos extremeños, no podía faltar el castillo de Feria. Queríamos visitar el de Barcarrota y el de Nogales, pero ahora tocaba Feria. Todos estos pueblos presentan una estructura medieval y conservan sus castillos. El de Barcarrota fue transformado en plaza de toros. Se halla en pleno centro de esta localidad. Los otros dos, el de Feria y el de Nogales, se encuentran más alejados de sus núcleos urbanos. Aunque, sin lugar a dudas, el castillo de Feria es mucho más inaccesible que el de Nogales.


La localización del castillo de Feria es de las más panorámicas que hemos visto. Su ubicación domina el territorio que lo circunda. De hecho, hay constancia de la ocupación de este alto peñasco por íberos, romanos y musulmanes. 

El castillo se puede divisar ya desde la lejanía. Una vez allí, desde las murallas del castillo, se puede contemplar la planicie pacense en 360 grados. Las vistas son espléndidas. Una motivación añadida para conocer esta fortaleza.


Este castillo se sitúa sobre un alto cerro rocoso de difícil acceso para su conquista. La fortificación fue construida entre la mitad del siglo XV y principios del XVI. Dispone de una muralla que se ajusta a la rocosidad irregular del terreno. A sus pies, el pueblo de Feria. Nosotros aparcamos el coche allí y subimos la empinada cuesta hasta el castillo. No es cómoda, ya que es un ascenso continuado hasta la cima. Se paga una pequeña entrada para acceder al recinto amurallado y va acompañada por el relato de las vicisitudes de su historia narrado por una simpática guía.


La muralla del castillo de Feria se puede recorrer casi en su totalidad por el pasillo de ronda o adarve. Este paso permitía una mejor vigilancia de la fortaleza. La muralla dispone de torres redondas y de planta cuadrada o rectangular. Lo más espectacular de esta fortaleza es su bonita y maciza torre del homenaje. Tiene unos cuarenta metros de alzada e impresiona cuando te hayas a los pies de la misma. La torre es de planta cuadrada aunque se construyó redondeada en sus cuatro esquinas exteriores. En su interior, se divide en cuatro niveles o pisos.


Este monumento amurallado con su torre del homenaje está bien protegido y por esa razón perfectamente conservado. Su función fue guerrera, pero también civil. Desde hace siglos, es propiedad del linaje de Feria que comenzó como un señorío de la orden de Santiago y en la actualidad es un ducado.