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10 septiembre 2026

Arillas y su playa dorada


Arillas se localiza a los pies de la población de Afionas. Su bahía enmarca una bonita playa de arena tostada, entre acantilados. Las bahías vecinas de Agios Georgios Pagoi y Agios Stefanos Avliotes se hallan a pocos kilómetros. De hecho forman parte de la continuación del litoral de las playas noroccidentales de Corfú. Delante de la marina de Arillas los islotes con forma de barco, Nisída Karávi.


Muchos visitantes vienen a Arillas atraídos por la gran oferta de cursos de yoga. También se hacen reuniones a última hora de la tarde, antes del ocaso, dónde la gente baila o quedan hipnotizados por sus puestas de sol. Pese a las indicaciones de que no se practique el nudismo, lo practica la mayoría de visitantes que acude a esta playa. Sólo en la parte central de la playa, donde se hallan los locales de restauración, comercios y cafeterías, se respeta esta prohibición. En cambio, en ambos extremos de la playa, en la zona de los acantilados, se ejercita el nudismo.


En la zona norte de la playa, se practica el nudismo con jolgorio, sin ningún reparo. En la parte sur de la playa, la más cercana a Afionas, el nudismo es más relajado y tranquilo. Muchos hacen yoga en la playa y después se introducen en el mar sin ropa. Al atardecer, allí se hacen encuentros para bailar mirando al sol. Una forma de contacto con la gente y la naturaleza. Un ejercicio de encuentro con uno mismo y de armonía con el sol.


La playa de Arillas es una playa ventosa, un poco más que en otros lugares del norte de Corfú, pero esa brisa no dura todo el día. Si el día se despierta con viento, lo más probable es que se calme por la tarde y quede una tarde maravillosa de playa, ya que la brisa se lleva el calor. O puede despertar el día calmado y por la tarde empezar el viento. Con viento o sin viento, los atardeceres en Arillas son de esos que te quedan en el recuerdo para siempre.


Nos alojamos en Nóa Suites un alojamiento pequeño, limpio y bonito a 600 metros de la playa en un lugar campesino y tranquilo un poco alejado del bullicio de las playas en verano. Estábamos rodeados de campos de olivos y huertos. Vimos muchos pozos de agua. Quizás esa facilidad para conseguir agua posibilita que el campo aquí no se abandone. Al contrario, muchos habitantes de Arillas que pueden tener un negocio familiar de habitaciones o apartamentos para turistas de veraneo y en invierno, vuelven a su rutina habitual en el campo cuando esos negocios de playa se ven obligados a cerrar en invierno.


La ruralidad de Arillas hace a esta población costera todavía más interesante, ya que pese a estar en verano invadida por turistas, mayoritariamente europeos, mantiene ese aire campestre. Eso sí, los turistas han cambiado los horarios de las tabernas y de los restaurantes. También de las comidas. La gastronomía se ha globalizado. Resulta difícil encontrar comida griega, pero es facilísimo toparse con hamburguesas, pizzas y espaguetis. Eso sí, las ensaladas griegas están presentes en la mayoría de los establecimientos de comida con productos locales cultivados por agricultores de la zona. Asimismo, en las panaderías venden donuts, croissants y dulces que no tienen nada que ver con los dulces griegos. Lo único que no ha cambiado con el paso del tiempo es que se siguen ofreciendo y sirviendo los vinos griegos. No cabe duda de que los griegos están orgullosos de sus vides.

24 agosto 2026

Vilafamés, nueva mirada


Vilafamés no está muy lejos de Castellón de la Plana, a unos 26 kilómetros. Si vas a Benicassim, Oropesa o a Castellón de la Plana, merece la pena ir a pasar el día o dormir en Vilafamés. Desde esta localidad puedes realizar multitud de excursiones y visitar los pueblos más interesantes de la vecina comarca del Alto Maestrazgo como Culla, por su arquitectura e historia, o La Serratella por tener buenas vistas y muchas rutas de senderismo.


Quisimos volver a visitar Vilafamés otra vez. Hacía más de nueve años que no íbamos por la zona. Quería saber si había cambiado mucho, si los muchos visitantes o turistas que van a ver esta peculiar localidad la habían transformado. Me llevé una sorpresa, porque Vilafamés sigue más o menos igual que cuando estuve allí a finales del 2016. Ni siquiera había crecido mucho más. Seguía igual de bonita y de limpia. Eso sí, han abierto un gran espacio para el aparcamiento de coches, caravanas y autobuses, por lo demás sigue prácticamente de la misma manera. Sobre todo, se mantiene casi igual su centro histórico. Un centro histórico que detenta la consideración de ser un BIC (bien de interés cultural). De hecho, es uno de los pueblos más bonitos de la zona. No obstante, han crecido urbanizaciones en el área más llana y menos empinada de la villa. Urbanizaciones alejadas, eso sí, del centro histórico. Supuse que habría crecido mucho -sobre todo porqué detenta el título de ser uno de los pueblos más bonitos de España-, pero no me dio esa impresión. Sigue siendo un lugar sosegado, al menos fuera de la alta temporada, es decir, fuera de los meses de primavera y verano.


Vilafamés se localiza en la provincia de Castellón, en la comarca de la Plana Alta. Enclavado a espaldas de la serranía litoral y muy cerca del parque natural Desert de les Palmes (Desierto de las Palmas). Delante de Vilafamés se extiende un llano muy fértil, con campos de cultivos de olivos, algarrobos, almendros, frutales y vides.


Vilafamés lo corona un castillo que fue alcazaba andalusí, aunque en el siglo XIII pasó a manos de la orden militar de Montesa que obligó ya en el siglo XIV a los habitantes de la villa a que reforzaran y ampliaran la fortaleza transformándola, de este manera, en un castillo-palacio.

Otro de los edificios que destacan en Vilafamés es la iglesia de la Asunción. Su construcción empezó en el siglo XVI, aunque las obras finalizaron en el siglo XVIII.

     

Lo verdaderamente emocionante en Vilafamés es perderse por las laberínticas callejuelas empinadas. Todas deparan una sorpresa o una curiosidad o un rincón que emana poesia. Es necesario subir y subir para ver las mejores panorámicas de este territorio. Desde el castillo se obtiene una extensa visión de sus alrededores.

11 agosto 2026

Arronches y el relax

Arronches es una villa alentejana situada a 25 kilómetros de Portalegre. La carretera está en buenas condiciones. Así que, llegar a Arronches no es complicado. 

Fuimos a Arronche después de visitar la pequeña población de Esperança

Esperança es un pequeño pueblo con bonitos alrededores. Es muy rural y entre los olivares puedes contemplar a vacas y ovejas pastando. Todo muy bucólico y campestre. En invierno, los pastos y prados están verdes tras las lluvias de otoño y relucen con el sol o por lo menos eso es lo que vimos con un tiempo casi primaveral, un sol potente y ni una sola nube. 



Arronches se localiza en un altiplano. Su estructura laberíntica tiene mucho de medieval. Aparcamos en la calle Dom Afonso III justo delante de un gran parque. El desnivel de terreno entre la parte baja y alta de Arronches es evidente. Nosotros subimos por unas empinadas escaleras y llegamos a una plaza ajardinada llamada, cómo no, el Jardim da Cima. Desde allí, nos dirigimos al Convento de N. S. Da Luz. Empezaba a anochecer y el cielo se tornaba azul oscuro. Al azar, escogimos una estrecha calle que desembocó en la Câmara Municipal y en la bonita iglesia Matríz de Arronches –N. S. Da Assunçao del siglo XVI-. 


Cualquier callejuela del centro de Arronches es bonita, con las fachadas encaladas y el típico adorno del alentejo en amarillo o en azul que da color y contraste a los contornos de las puertas y ventanas de las casas. 



Las calles del centro de Arronches son especialmente angostas. Un coche grande no puede pasar, así que siempre es mejor aparcar un poco lejos e ir caminado. En una de estas calles de Arronches encontramos una panadería que vendía unos dulces que aún recordamos porque estaban deliciosos; quizá fueron los mejores de todo el viaje por el Alentejo. Después, pasados unos días y cuando ya se nos habían acabado, nos arrepentimos de no haber comprado muchos más. Ninguna pastelería los superó.

31 julio 2026

Retorno a Kassiopi


A principios de junio, el buen recuerdo que teníamos de la localidad de Kassiopi nos hizo volver allí. Estaban muy presente en nuestra memoria las playas que rodean este enclave. Los alrededores de Kassiopi no pueden ser mejores. En el norte, la sosegada playa de Kalamaki. En la misma localidad, las playas de Pipitos, Mpataría (Bataria) y la de Imerolia. Playas urbanas, pero muy limpias. También, las playas del sur de Kassiopi, como la de Kogevina, Avlaki y Kerasi. Aunque, hay numerosas más. Pequeñas playas o calas rocosas que aún no conocíamos. Además, nos gustó su tranquilidad y su abrupto y, al mismo tiempo, campestre paisaje.


En este último viaje hemos comprobado que ese paisaje rural de olivos y de árboles de una variedad increíble está dando paso, poco a poco, a un paisaje no tan campestre y rural. Las urbanizaciones crecen como los hongos. No existe ni una colina que no esté construida o con un proyecto de urbanización.

Lo que verdaderamente me gustaba de Kassiopi, su singularidad genuina, está mudando y transformándose. Hasta la mayoría de restaurantes ofrecen una comida más estándar y globalizada, acoplándose principalmente al gusto anglosajón. Ahora resulta difícil encontrar un restaurante o una taberna de comida tradicional griega o típica de esta área geográfica, como son los estafados o la Gemistá. No obstante, sí degustamos buena comida tradicional griega en los restaurantes Bolero y Levanda.


Kassiopi, pese a su evidente masificación turística, sigue siendo una población de referencia en Corfú. Sólo hay que observar la cantidad de nuevos alojamientos que han edificado en pocos años. Para sacar el mejor partido a nuestra estancia en Kassiopi, elegimos alojarnos en un apartamento cercano al centro de esta localidad lo cual nos facilitó ir a las playas sin hacer uso del coche. Además, contaba con parking, algo imprescindible en Kassiopi.


Kassiopi todavía es un lugar agradable para visitar (mejor fuera de la alta temporada de verano). Aún conserva cerca de su litoral extensiones de olivos acompañados por pinos, cipreses y encinas que casi rozan el mar. Además, poder llegar andando en pocos minutos a una playa fabulosa es un buen aliciente, pero tiene otros como el de pasear por su castillo al atardecer. Es sumamente relajante. La brisa del mar llega hasta lo alto de la colina donde se asienta esta fortaleza veneciana. También resulta entretenido deambular por el pequeño puerto de Kassiopi, sobre todo por la noche. Pero sin duda algo menos agradable es soportar el continuo tránsito de coches, motos, furgonetas y pequeños autocares que van arriba y abajo de la calle principal (dónde se hallan la mayoría de comercios y restaurantes).


Ese barullo de vehículos ahoga el sonido del mar y cualquier otro sonido. Únicamente por las noches o a primera hora de la mañana, regresa la calma. Cuando aún no han llegado los tours de autobuses o taxis que depositan en Kassiopi a un buen número de viajeros ansiosos por tomar el sol y bañarse en sus limpias aguas.


Desde Kassiopi, se divisan las imponentes montañas de Albania. De hecho, hay escasos kilómetros de separación entre el puerto vecino a Kassiopi, Agios Stefanos, y la costa albanesa. También, desde la playa de Bataria puedes contemplar muy, muy cerca la silueta montañosa de Albania. Dan ganas de conocer un país tan montañoso y misterioso como es este.