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24 agosto 2026

Vilafamés, nueva mirada


Vilafamés no está muy lejos de Castellón de la Plana, a unos 26 kilómetros. Si vas a Benicassim, Oropesa o a Castellón de la Plana, merece la pena ir a pasar el día o dormir en Vilafamés. Desde esta localidad puedes realizar multitud de excursiones y visitar los pueblos más interesantes de la vecina comarca del Alto Maestrazgo como Culla, por su arquitectura e historia, o La Serratella por tener buenas vistas y muchas rutas de senderismo.


Quisimos volver a visitar Vilafamés otra vez. Hacía más de nueve años que no íbamos por la zona. Quería saber si había cambiado mucho, si los muchos visitantes o turistas que van a ver esta peculiar localidad la habían transformado. Me llevé una sorpresa, porque Vilafamés sigue más o menos igual que cuando estuve allí a finales del 2016. Ni siquiera había crecido mucho más. Seguía igual de bonita y de limpia. Eso sí, han abierto un gran espacio para el aparcamiento de coches, caravanas y autobuses, por lo demás sigue prácticamente de la misma manera. Sobre todo, se mantiene casi igual su centro histórico. Un centro histórico que detenta la consideración de ser un BIC (bien de interés cultural). De hecho, es uno de los pueblos más bonitos de la zona. No obstante, han crecido urbanizaciones en el área más llana y menos empinada de la villa. Urbanizaciones alejadas, eso sí, del centro histórico. Supuse que habría crecido mucho -sobre todo porqué detenta el título de ser uno de los pueblos más bonitos de España-, pero no me dio esa impresión. Sigue siendo un lugar sosegado, al menos fuera de la alta temporada, es decir, fuera de los meses de primavera y verano.


Vilafamés se localiza en la provincia de Castellón, en la comarca de la Plana Alta. Enclavado a espaldas de la serranía litoral y muy cerca del parque natural Desert de les Palmes (Desierto de las Palmas). Delante de Vilafamés se extiende un llano muy fértil, con campos de cultivos de olivos, algarrobos, almendros, frutales y vides.


Vilafamés lo corona un castillo que fue alcazaba andalusí, aunque en el siglo XIII pasó a manos de la orden militar de Montesa que obligó ya en el siglo XIV a los habitantes de la villa a que reforzaran y ampliaran la fortaleza transformándola, de este manera, en un castillo-palacio.

Otro de los edificios que destacan en Vilafamés es la iglesia de la Asunción. Su construcción empezó en el siglo XVI, aunque las obras finalizaron en el siglo XVIII.

     

Lo verdaderamente emocionante en Vilafamés es perderse por las laberínticas callejuelas empinadas. Todas deparan una sorpresa o una curiosidad o un rincón que emana poesia. Es necesario subir y subir para ver las mejores panorámicas de este territorio. Desde el castillo se obtiene una extensa visión de sus alrededores.

11 agosto 2026

Arronches y el relax

Arronches es una villa alentejana situada a 25 kilómetros de Portalegre. La carretera está en buenas condiciones. Así que, llegar a Arronches no es complicado. 

Fuimos a Arronche después de visitar la pequeña población de Esperança

Esperança es un pequeño pueblo con bonitos alrededores. Es muy rural y entre los olivares puedes contemplar a vacas y ovejas pastando. Todo muy bucólico y campestre. En invierno, los pastos y prados están verdes tras las lluvias de otoño y relucen con el sol o por lo menos eso es lo que vimos con un tiempo casi primaveral, un sol potente y ni una sola nube. 



Arronches se localiza en un altiplano. Su estructura laberíntica tiene mucho de medieval. Aparcamos en la calle Dom Afonso III justo delante de un gran parque. El desnivel de terreno entre la parte baja y alta de Arronches es evidente. Nosotros subimos por unas empinadas escaleras y llegamos a una plaza ajardinada llamada, cómo no, el Jardim da Cima. Desde allí, nos dirigimos al Convento de N. S. Da Luz. Empezaba a anochecer y el cielo se tornaba azul oscuro. Al azar, escogimos una estrecha calle que desembocó en la Câmara Municipal y en la bonita iglesia Matríz de Arronches –N. S. Da Assunçao del siglo XVI-. 


Cualquier callejuela del centro de Arronches es bonita, con las fachadas encaladas y el típico adorno del alentejo en amarillo o en azul que da color y contraste a los contornos de las puertas y ventanas de las casas. 



Las calles del centro de Arronches son especialmente angostas. Un coche grande no puede pasar, así que siempre es mejor aparcar un poco lejos e ir caminado. En una de estas calles de Arronches encontramos una panadería que vendía unos dulces que aún recordamos porque estaban deliciosos; quizá fueron los mejores de todo el viaje por el Alentejo. Después, pasados unos días y cuando ya se nos habían acabado, nos arrepentimos de no haber comprado muchos más. Ninguna pastelería los superó.

31 julio 2026

Retorno a Kassiopi


A principios de junio, el buen recuerdo que teníamos de la localidad de Kassiopi nos hizo volver allí. Estaban muy presente en nuestra memoria las playas que rodean este enclave. Los alrededores de Kassiopi no pueden ser mejores. En el norte, la sosegada playa de Kalamaki. En la misma localidad, las playas de Pipitos, Mpataría (Bataria) y la de Imerolia. Playas urbanas, pero muy limpias. También, las playas del sur de Kassiopi, como la de Kogevina, Avlaki y Kerasi. Aunque, hay numerosas más. Pequeñas playas o calas rocosas que aún no conocíamos. Además, nos gustó su tranquilidad y su abrupto y, al mismo tiempo, campestre paisaje.


En este último viaje hemos comprobado que ese paisaje rural de olivos y de árboles de una variedad increíble está dando paso, poco a poco, a un paisaje no tan campestre y rural. Las urbanizaciones crecen como los hongos. No existe ni una colina que no esté construida o con un proyecto de urbanización.

Lo que verdaderamente me gustaba de Kassiopi, su singularidad genuina, está mudando y transformándose. Hasta la mayoría de restaurantes ofrecen una comida más estándar y globalizada, acoplándose principalmente al gusto anglosajón. Ahora resulta difícil encontrar un restaurante o una taberna de comida tradicional griega o típica de esta área geográfica, como son los estafados o la Gemistá. No obstante, sí degustamos buena comida tradicional griega en los restaurantes Bolero y Levanda.


Kassiopi, pese a su evidente masificación turística, sigue siendo una población de referencia en Corfú. Sólo hay que observar la cantidad de nuevos alojamientos que han edificado en pocos años. Para sacar el mejor partido a nuestra estancia en Kassiopi, elegimos alojarnos en un apartamento cercano al centro de esta localidad lo cual nos facilitó ir a las playas sin hacer uso del coche. Además, contaba con parking, algo imprescindible en Kassiopi.


Kassiopi todavía es un lugar agradable para visitar (mejor fuera de la alta temporada de verano). Aún conserva cerca de su litoral extensiones de olivos acompañados por pinos, cipreses y encinas que casi rozan el mar. Además, poder llegar andando en pocos minutos a una playa fabulosa es un buen aliciente, pero tiene otros como el de pasear por su castillo al atardecer. Es sumamente relajante. La brisa del mar llega hasta lo alto de la colina donde se asienta esta fortaleza veneciana. También resulta entretenido deambular por el pequeño puerto de Kassiopi, sobre todo por la noche. Pero sin duda algo menos agradable es soportar el continuo tránsito de coches, motos, furgonetas y pequeños autocares que van arriba y abajo de la calle principal (dónde se hallan la mayoría de comercios y restaurantes).


Ese barullo de vehículos ahoga el sonido del mar y cualquier otro sonido. Únicamente por las noches o a primera hora de la mañana, regresa la calma. Cuando aún no han llegado los tours de autobuses o taxis que depositan en Kassiopi a un buen número de viajeros ansiosos por tomar el sol y bañarse en sus limpias aguas.


Desde Kassiopi, se divisan las imponentes montañas de Albania. De hecho, hay escasos kilómetros de separación entre el puerto vecino a Kassiopi, Agios Stefanos, y la costa albanesa. También, desde la playa de Bataria puedes contemplar muy, muy cerca la silueta montañosa de Albania. Dan ganas de conocer un país tan montañoso y misterioso como es este.

19 julio 2026

La Portellada y Fórnoles

La Portellada

La Portellada y Fórnoles son dos localidades turolenses. No son muy grandes y se pueden visitar en el mismo viaje. La carretera comarcal que las une es especialmente bonita (comprobar que no esté en obras). Una estrecha ruta que discurre por valles, colinas arboladas, bancales de olivos y almendros y campos de cultivo.


Primero visitamos La Portellada. Habíamos ido en otra ocasión pero nos quedó por ver la zona alta del pueblo. De hecho, hay dos divisiones claras a nivel urbanístico la zona o barrio alto y el barrio bajo. Cuenta con 242 habitantes y dispone de una piscina que es una delicia en verano. En el casal, con vistas al pueblo, puedes tomar un aperitivo, un buen desayuno o unos bocadillos.


En la plaza de la iglesia de La Portellada se encuentra la iglesia parroquial de San Cosme y San Damián. Un edificio del siglo XVII de tres naves con una alta torre. Fuera del pueblo, en una colina, puedes visitar la Ermita de San Miguel. Te aconsejo visitar primero la ermita para que puedas hacerte una idea de la planificación urbana de La Portellada. Si finalmente la visitas, acércate hasta el Salt de La Portellada, un espectacular salto de agua del río Tastavins (afluente del río Algars) de 20 metros de altura. Obviamente, el caudal del río depende de las lluvias. En verano, baja menos agua, pero en primavera después de unos días lluviosos el salto es impresionante.



Fórnoles

Fórnoles no lo habíamos visitado nunca. Es una pequeña localidad de alrededor de 75 habitantes. Edificada sobre una loma a 705 metros de altitud, este enclave se sitúa entre los valles del río Guadalope y el del río Matarraña (afluente del Ebro). Desde la carretera Fórnoles parece mucho más grande.


La población de Fórnoles estuvo amurallada, pero de su antigua muralla solamente queda en pie una puerta. Durante siglos estuvo vinculada a la Orden Calatrava. De hecho, el edificio del Ayuntamiento, de estilo renacentista, se construyó en el siglo XVI bajo dominio calatravo. En la base de este edificio se encuentra la cárcel y la antigua lonja.



La iglesia de Santa María Mayor es uno de los edificios más emblemáticos y mejor conservados. De base gótica, la iglesia también tiene elementos barrocos. Se construyó en el siglo XIV. En una de la puerta principal se halla el escudo calatravo. Aunque, el edificio fue reformado siglos más tarde. El símbolo de esta iglesia es su esbelta torre de 30 metros de altura que se edificó ya en el siglo XVIII y es de estilo claramente barroco.



Queremos volver a Fórnoles. Es una visita que merece la pena.