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08 junio 2026

Palma del Río, en medio de naranjos


Llegamos a Palma del Río un día lluvioso. Había llovido toda la noche y por la mañana seguía diluviando. Solamente podíamos ir a conocer Palma de Río en ese momento. A la mañana siguiente, teníamos que ponernos en marcha para regresar a nuestra ciudad. Nos quedaba por hacer muchos kilómetros, más de 900, aunque eso sí, haciendo una parada intermedia antes de llegar finalmente a casa.


El día era gris, plomizo y la sensación no era la mejor para empezar a conocer Palma del Río. Sin embargo, encontramos un aparcamiento en un lugar bastante céntrico que nos permitió ir a la Plaza Mayor de Andalucía y a la zona de la Alcazaba sin tener que mojarnos mucho. Llevamos paraguas, pero cuando llueve de manera intensa no hay paraguas que resista. Caminamos por la calle Feria, un poco por la calle de la Cigüela y también por la calle Madre Carmen. No sólo quería visitar los monumentos más importantes, quería ver las calles, con las casas en dónde vive la gente.


Llegamos a la plaza Mayor de Andalucía. En realidad, son dos grandes plazas adosadas formando un gran espacio urbano. Es el lugar de reunión de la población. Allí está el ayuntamiento de la villa, el edificio de correos, el de la alhóndiga y la puerta de entrada al recinto amurallado, la llamada Puerta del Sol.



En la Baja Edad Media, desde la plaza Mayor de Andalucía, se trazó el urbanismo de Palma del Río. De allí salen y convergen las calles más importantes de esta población que forman el primer entramado de la urbe. La calle Feria es una de ellas y una de las más comerciales. En esta calle, está la iglesia y el Convento de Santo Domingo de las Hermanas Terciarias Franciscanas, edificio del siglo XV y no muy lejos, en la calle San Sebastián, se halla la iglesia y el hospital de San Sebastián.


Desde la plaza Mayor de Andalucía los edificios más emblemáticos no están lejos, así como las murallas de la alcazaba y los restos de la fortaleza. Traspasamos la Puerta del Sol. Desde allí hay una perspectiva muy buena de la iglesia barroca de la Asunción. En uno de sus lados, el Palacio de los Portocarrero y el otro el Convento de Santa Clara, actualmente el Museo Victorio & Lucchino y la oficina de turismo. El Palacio de los Portocarrero es un edificio sorprendente por su grandeza, pero que no pudimos visitar dado que es necesario concertar previamente cita telefónica, algo que desconocíamos. También, estaba cerrado por obras en el Museo de Victorio & Lucchino y la oficina de turismo estaba a medio gas. Aunque, nos permitieron entrar en el claustro para verlo.
 

Tras ver los restos de la alcazaba, nos detuvimos a ver los naranjos que han plantado como representación al aire libre sobre el tipo y clases de naranjas que existen. Palma de Río es famosa por sus dulces naranjas. No sólo hay naranjos en la Comunidad Valenciana. Aquí también se cultivan.

24 mayo 2026

Jardín Botánico Canario "Viera y Clavijo"


Una de las razones para alojarnos unos días en la parte este de la isla de Gran Canaria fue la de poder visitar, a primera hora de la mañana, el Jardín Botánico "Viera y Clavijo". Si te atrae la naturaleza, es un lugar de visita obligada. Los jardines, el paisajismo, la botánica, la biología, la ecología y sobre todo la flora de la Macaronesia. Esta flora de la Macaronesia se encuentra en los archipiélagos de origen volcánico del Atlántico, en la llamada región macaronésica que forman parte las Azores, Canarias, Madeira, las Ilhas Selvagens (islas deshabitadas) y Cabo Verde.
 

El día de nuestra visita al recinto, tuvimos la suerte de ser los primeros en acceder al espacio del jardín botánico. Entre semana, el horario de apertura del recinto es de 7:30h., los festivos a las 10:00h. Entramos al jardín botánico a primera hora de la mañana. Hicimos prácticamente solos todo el recorrido, sólo al final vimos entrar a un grupo de estudiantes. La entrada al recinto es gratuita y han habilitado un gran espacio de aparcamiento. Empezamos el recorrido con sol y lo acabamos con lluvia. Fue una experiencia enriquecedora y muy didáctica.


El Jardín Botánico "Viera y Clavijo" se halla entre el barranco de Guiniguada y el barranco de Santa Brígida. Lo conforman 27 hectáreas de terreno.Es el jardín botánico más grande de España. Allí puedes observar una gran colección de plantas endémicas de la Macaronesia, así como una flora poco conocida que crece en los entornos más umbríos de los barrancos o en aquellas áreas geográficas con un alto grado de humedad. Hay una buena muestra del matorral costero con una gran colección de plantas suculentas (más de 2.000), tabaibal y cactus. También del bosque termófilo que guarda relación con el bosque mediterráneo (pinares, palmeras, sabinas) incluso aquí encuentras los dragos (árbol típico de estos archipiélagos). En otra zona del jardín se localizan ejemplares del bosque húmedo o de la laurisilva o bosque subtropical húmedo con el laurel, el brezo, el palo blanco, el follao, el til entre otros, además de especímenes del pinar canario y del pinar de las cumbres y del cedro.


El Jardín Botánico "Viera y Clavijo" es uno de los lugares que más me gustaron de Gran Canaria.

10 mayo 2026

Agaete y Puerto de las Nieves


Agaete se localiza en la zona norte de Gran Canaria. Es una zona muy abrupta y tranquila. Las hordas de turistas que van a la playa del Inglés, a Maspalomas o a Mogán no suelen llegar hasta esta singular localidad.


Agaete, con el Puerto de las Nieves, es uno de esos lugares dónde se conjuga la belleza de la naturaleza con su impactante inmensidad. Me cuesta hablar de ambos porque es difícil describir las sensaciones cuando un lugar te produce un gran impacto.


Estuvimos tres días, pero me hubiera quedado muchos más. Un día, a primera hora de la mañana, estaba haciendo una foto a los acantilados en Puerto de las Nieves, unos nubarrones cubrían los picos más altos y el sol intentaba traspasar el muro de nubes, cuando una ciclista alemana se bajó de la bicicleta miró en dirección al Risco Partido o Dedo de Dios y a los acantilado del Barranco de Guayedra y después me miró. Nos entendimos sin hablar, las dos suspiramos profundamente ante esa imagen admirable y potente de los riscos y los acantilados. Una imagen casi irreal de un paisaje natural de los que ya casi no quedan. Parajes escarpados del Roque Faneque, los barrancos del Moro, de Guayedra y de Altabaca, vacíos de construcciones, se precipitan bruscamente en despeñaderos hasta el mismísimo océano. Entre barrancos y precipicios, se suceden las playas de rocas y guijarros de los Peloncillos, la playa del Negro, la playa de los Cuevones, la de Guayedra o la de Sotavento siguiendo el litoral, el Parque Natural de Tamadaba. Naturaleza en estado puro.


Tanto Agaete, un pueblo dónde se vive todo el año, como el Puerto de las Nieves - el barrio marinero de Agaete, con edificaciones de veraneo -, son muy bonitos. Cada uno con su peculiaridad. En el Puerto de las Nieves hay dos playas, la de las Nieves y la del Muelle, donde parten los barcos hacia Tenerife. En este puerto se apiñan los pequeños barcos y los bares y restaurantes donde se sirve el pescado más fresco. 


En Agaete, la vida transcurre tranquila. En el Puerto de las Nieves los restaurantes de pescado se llenan - sobre todo los fines de semana - de visitantes que vienen, tanto del interior de la isla como de la ciudad de Las Palmas, a pasar el día en un ambiente costero, portuario y relajado. Su paseo marítimo te conduce hasta las piscinas naturales de Las Salinas. Una vez allí, puedes seguir el camino subiendo por una escalera que llega hasta la cumbre y desde allí continuar por un sendero hasta El Turman y la zona rocosa y de acantilados de La Caleta.


Desconozco cómo será esta zona en verano, pero a principios de marzo, tras varios días de lluvia, la naturaleza brillaba en todo su esplendor. Me extrañó que hubiera tan poca gente paseando por el paseo marítimo de Agaete ¡con lo bonito que es!. Además, desde el paseo, las vistas de los acantilados del Puerto de las Nieves son espectaculares. Puedes observar cómo los acantilados cambian de color según pasan las horas y las nubes. Tonos marrones, azules y verdosos oscuros cuando las nubes cubren el sol. Tonos verdes esmeraldas, dorados y anaranjados cuando el sol incide directamente en ellos. Nunca la imagen es igual. Si observas bien los riscos, en un momento u otro, descubrirás alguna zona de las montañas de la que no te habías percatado antes. Desde este paseo también se puede contemplar, si el día está despejado de nubes y limpio de calima, la cumbre del Teide.


Otro de los lugares que más me gustaron de Agaete fue el barranco de Agaete hasta el valle de Los Berrazales y el Mirador del Valle de Agaete. La carretera del valle es sinuosa y angosta. En algún momento pasan las guaguas (autobuses) pero, pese a su estrechez, con cuidado se transita bien. Nos acompañó un día lluvioso, con bruma y un silencio absoluto, pero al mismo tiempo mágico. El olor nos recordaba a Costa Rica, puede que fuera por los cafetales y árboles frutales que se suceden a lo largo del valle de Agaete. La humedad marina mezclada con la humedad de la floresta crea un aroma muy especial, tropical y exótico.


También, nos pareció espectacular la antigua carretera que une Agaete con La Aldea de San Nicolás (la GC-200). Una carretera increíble, zigzagueante, peligrosa por las vistas a los acantilados, porque no puede dejar de mirar hipnóticamente hacia el abismo de los acantilados. Se necesita ir despacio para poder ver este paraje tan abrumador. Vimos que están construyendo una nueva carretera con túneles, que evita parte de los tramos más peligrosos y, que unirá Agaete con La Aldea de San Nicolás. Es una obra faraónica. Bastante impresionante.