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11 junio 2024

Moura y su morería


Moura está en el Alentejo, a unos 50 kilómetros de la antigua frontera con España y a otros tantos de territorio pacense. Tras visitar Fregenal de la Sierra, era nuestro primer destino. El día despertó despejado. Decidimos hacer una parada allí para conocer su barrio de la Morería (uno de los más famosos de Portugal) y de paso comer allí. Siempre se come bien en Portugal.



Resultó sencillo aparcar en Moura. Lo hicimos al final de la Rua da República, una calle animada con comercios de todo tipo. Pasamos por delante de la Iglesia de São Pedro, actual Museo de Arte Sacro, aunque estaba cerrado. Desde allí recorrimos las sinuosas y estrechas calles perpendiculares a la Rua de la República. Las casas encaladas lucían macetas y coloristas flores. Había tiendas de artesanía portuguesa y artesanos del cuero o de la madera. Llegamos hasta la Torre do Relógio, la Biblioteca Municipale y la Fontes das Tres Bicas. No subimos hasta el castillo. Preferimos deambular por la zona de la Morería. Se trata de un entramado de callejuelas serpenteantes, con casas de una o dos plantas, encaladas. En la mayoría de estas pequeñas viviendas, en sus fachadas, lucen las macetas con sus coloristas flores.




Moura es tranquila, cómoda de visitar y muy aconsejable para comprar artesanía portuguesa. Así que, visitarla es una buena idea. Y desde allí puedes acercarte hasta el embalse de Alqueva o las poblaciones de Beja, Serpa o Portel.

Después de comer, nos sentamos en una cafetería de la rua Serpa Pinto a tomar un café acompañado del típico pastel de Belem.

Portugal se disfruta!


26 octubre 2022

Fregenal de la Sierra, descubrir sus secretos

La entrada a Fregenal de la Sierra desde Jerez de los Caballeros, decepciona. Sin embargo,  su centro histórico es emocionante, hermoso y supone la mejor representación de su pasado histórico.

Fregenal de la Sierra es una población muy bonita, con un gran patrimonio arquitectónico que le valió ser Bien de Interés Cultural (BIC) en 1991. Su importante patrimonio consta de iglesias, conventos, casas-palacio, castillo templario, ermitas y casas señoriales. Un inmenso activo que vale la pena mantener y restaurar. 


Durante siglos, esta población dependía del Reino de Sevilla, pero en 1833 pasó a formar parte de Extremadura. Cuenta con casi 5.000 habitantes. Se halla situada muy cerca de Portugal y lindante con Huelva, en una encrucijada de caminos, de ahí su alto valor estratégico y su importancia histórica y cultural. 


Nosotros, para conocerla aparcamos cerca del antiguo Convento de San Francisco. Edificio que se ha acondicionado para contener en su interior el Museo de Arte Contemporáneo de Fregenal (el MACF). Aconsejo la visita. 

Dando un paseo por la plaza de la Fuente Miranda y las calles, cuesta de Santa María, calle Nueva, Bravo Murillo y la calle Marqués de Riocabado, pasas junto a la Iglesia de los Jesuitas y por casas señoriales como la Casa de Marqués de Riocabado y la Casa de los Condes de Torrepilares.

       

Deambulando entre las callejuelas, del centro histórico, llegas a la plaza Llano de Santa Ana donde se localiza la Iglesia de Santa Ana y varias casas señoriales. En sentido contrario, bajando por la calle Marqués de Riocabado conectas con la pequeña calle Soto Mancera que da paso a la Plaza de la Constitución. Allí se localiza el Castillo de Fregenal, del siglo XIII. Castillo templario construido sobre los restos de otros edificios anteriores. Es una fortaleza integrada, asimilada dentro de la población. Su estructura amurallada queda confundida entre otros edificios adosados a ella, como la Iglesia de Santa María, del siglo XIII, y la Casa Parroquial. Con el paso de los siglos este castillo o fortaleza cambió su uso y a partir del siglo XVIII se construyó en su interior una Plaza de Toros y, más tarde, el Mercado de Abastos. Actualmente, en sus bajos se ubica la oficina de Turismo. Para entrar al castillo accedimos por las escaleras del interior de la misma oficina de Turismo. Nos quedamos impresionados por su singular arquitectura y sus nuevas dependencias. Un lugar especial, sorprendente  y bien mantenido. 

       

Fregenal de la Sierra tiene mucho, mucho que ofrecer. No pudimos visitar todo su patrimonio artístico en un solo viaje. Por ello, volvimos a disfrutar de Fregenal de la Sierra en dos ocasiones más. 

Tienen merecida fama los jamones y embutidos de Fregenal. De hecho, está rodeada de dehesas donde  los cerdos de raza ibérica comen, en libertad, sobre todo bellotas. Por esa razón, como aliciente añadido a nuestra cultural visita, compramos un excelente embutido en la carnicería Adame, en el paseo Pilarito. Altamente recomendable. 

23 enero 2022

Zafra, la seductora

Zafra es una ciudad de tamaño ideal para vivir a lo grande. Conjuga lo mejor de una ciudad pequeña y lo mejor de una ciudad de tamaño mayor. Zafra es animada, pero a la vez calmada y relajada.


En Zafra, se vive bien. Eso se puede ver fácilmente paseando por sus calles. Se percibe, con claridad, que sus habitantes están contentos. La gente se saluda. El ritmo es tranquilo. Les gusta vivir la calle, las relaciones personales. Les gusta su ciudad y eso se nota. Zafra es una ciudad perfecta muchos meses al año. Supongo que en verano, la percepción será diferente, por el fuerte calor, pero en invierno es muy agradable. Tiene una luz especial. Respira un ambiente único. Cautiva. El contraste en la calle de las casas encaladas con el intenso azul del cielo resulta absolutamente fotogénico.


Su casco antiguo es sencillo de recorrer. Muchas de las calles más interesantes de Zafra conducen a su Plaza Grande y su Plaza Chica, las dos unidas por un pequeño corredor. Zafra tiene más jardines y plazas en su centro histórico entre ellas y alrededor del Palacio de los Duques de Feria (actual Parador Nacional) se halla la plaza Corazón de María, la plaza de España, la del Alcázar y la del Parque de la Paz. Estas plazas y parques con el buen tiempo y en los días festivos se llenan de gente que toma algo. Los bares sacan sus mesas al aire libre y los zafrenses hacen eso que les gusta tanto, que se llama: vida social. Sus cafeterías y bares, no dan a basto.


 
 
 

Nuestro hotel estaba situado en una de las mejores zonas de Zafra, en la zona oeste. El hotel está adosado a la muralla. Su nombre así lo indica: Hotel La Muralla. A su lado, la Puerta de Badajoz. Por las noches ni un ruido nos perturbaba el sueño, pero si queríamos diversión estábamos cerca de las Plazas Grande y Chica. Centro de diversión, con bares para tapear y restaurantes.
La estancia en el hotel La Muralla fue memorable. Los primeros días había pocos clientes. Elegimos una habitación con terraza. Las vistas eran de las mejores que puedes tener. Un hotel simpático. Encima, la limpieza era perfecta, sobre todo por el tema covid. Experiencia para repetir.

 
 

Durante nuestra estancia en Zafra, pudimos visitar el Palacio de los Duques de Feria. Las murallas y sus puertas: la del Palacio, la de Badajoz, la de Jerez y la del Acebuche. La animada calle Sevilla, la Casa del Aljímez y la Casa Palacio de García de Toledo y Figueroa (actual Ayuntamiento, aunque solamente su exterior). Fuimos al Convento de Santa Clara que es un Museo, pero estaba cerrado por festivos. También, al Mercado de Abasto (cerrado por obras). Eso sí, hicimos un montón de excursiones. Hicimos la Ruta de los Castillos: el Castillo de Medina de las Torres, el Castillo de Valencia del Ventoso, el de Feria (tiene una Torre del Homenaje impresionante), el del Burguillos del Cerro, el de Zafra y el de Jerez de los Caballeros.


Igualmente, pudimos conocer y recorrer las poblaciones de sus alrededores: Feria, Burguillos del Cerro -paseamos por el Charco del Toro al atardecer-, Fregenal de la Sierra (no hay que perderse su espectacular Castillo-Plaza de Toros-Mercado), Valencia del Ventoso, Jerez de los Caballeros (una maravilla), Medina de las Torres, Fuente de Cantos, por cierto su museo de Zurbarán estaba cerrado, en fin... una decepción no poder visitar ese museo.


También nos dio tiempo a acercarnos a pasar un día en Llerena y de paso, aprovechamos para comer en la Hospedería de Llerena (buena relación precio). El resto de las comidas que hicimos esos días fueron en Zafra. Allí, los restaurantes son muy buenos. Comimos en el restaurante Arco (¡qué jamón!) y en La Bendita. Al ser días festivos de Navidad y Fin de Año, muchos de sus restaurantes estaban cerrados, porque suelen ser negocios familiares y cierran en los días claves. 

  

Otra cosa que tiene Zafra es que sus atardeceres y sus noches son mágicas. Invita a la emoción. Da gusto pasear por su centro histórico, con sus callejuelas limpias y cuidadas. Sin lugar a dudas, se trata de un  destino al que se puede ir, que no defrauda. Ni el encanto de sus piedras, ni el embrujo de sus plazas, ni el blanco de sus casas, ni el azul oscuro, casi negro, plagado de estrellas de sus noches de invierno.