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14 abril 2019

Idanha-a-Velha, impasible ante el paso del Tiempo


Llegar a Idanha-a-Velha desde Castelo Branco tiene su atractivo. En un día soleado de invierno, la hierba crece y resplandece por todos lados.

Una gran variedad de tonalidades de colores verdes me acompañaba mientras miraba distraída por la ventanilla del coche. El paisaje bucólico de los campos de olivos y los pastos con vacas y ovejas me relajaba el espíritu.

Aparcamos sin dificultad. Solamente habían un par de coches más en el aparcamiento público del pueblo. 

La imponente muralla romana de grandes sillares tallados es lo primero que se aprecia de la villa amurallada.

   

Nos adentramos en la pequeña aldea sobrecogidos por el paisaje circundante y la belleza primitiva del enclave. Fue muy importante en época de dominación romana, porque se encuentra en el camino natural que unía dos importantes ciudades: Emérita (Mérida) y Bracara Augusta (la actual ciudad portuguesa de Braga). 

La gran cantidad de restos de columnas, mármoles, tumbas y sillares dan fe de la gran villa que fue en la antigüedad. Los imponentes sillares de la muralla y otros edificios romanos se reutilizaron en épocas posteriores para construir otros edificios aunque el posterior saqueo continuo de la villa debilitó algunas partes de la antigua muralla. Quedan en pie alguna puerta de entrada a la villa y el bonito puente romano sobre el río Ponsul. Así como la bella calzada romana.

   

Después de la época de dominio romano, esta villa tuvo otros pobladores: suevos, visigodos y musulmanes. En el siglo XIII, fue sede de la Orden del Temple

Había que diseñar un espacio para contener las 210 piezas epigráficas romanas encontradas en la zona. Se construyó un archivo dentro de antiguo lagar de aceite del pueblo. El diseño del nuevo espacio corrió a cargo de los arquitectos Alves Costa y Fernandez, en el 2008. Allí pueden verse 86 piedras con inscripciones.


   

Viendo el paisaje sobre el río Ponsul reconoces que no pudo haber mejor lugar para fundar una ciudad romana. Seguro que estas piedras vieron guerras, saqueos, muerte, pero ahora sin embargo queda el silencio y la paz y un diálogo perfecto con la naturaleza. El sonido de los pájaros nos acompañó durante toda nuestra visita. ¿Puede haber algo más poético?

Si te gusta la Historia, el Arte y la Naturaleza ve a Idanha a Velha.

24 febrero 2019

Castelo Branco, acogedora ciudad

Castelo Branco es la capital de la Beira Baixa. Una ciudad de tamaño ideal para callejear, aunque ciertamente su localización en una colina ha marcado su urbanismo que en algunas zonas resulta un tanto confuso.


Pensábamos que nos costaría encontrar nuestro alojamiento en Castelo Branco y aún más cuando se nos hizo de noche por el camino. Sin embargo, no fue así. Pronto localizamos el apartamento e incluso ¡aparcamiento para nuestro coche justamente delante del alojamiento!. Un descanso cuando llevas varias horas de viaje.


Nuestro apartamento estaba en el epicentro de la ciudad. En una esquina de la Praça da República que es el centro, centro. Cerca de la Câmara Municipal, del Centro de Interpretação Ambiental, del Teatro Avenida, del Centro de Cultura Contemporánea, de bonitos jardines - el Jardim do Paço Episcopal o el Parque da Cidade -, del Castelo templario del siglo XIII, de la Biblioteca Municipal, de los museos y mejores restaurantes de la ciudad. A un paso del interesante barrio histórico y de la judería, justo en la ladera de la Colina da Cardosa.

Sin embargo, tampoco nos encontrábamos lejos de la avenida Nuno Álvares. Una agradable avenida en la que hace algunos años, se construyeron las mejores casas unifamiliares de la ciudad, en estilo Art-deco o racionalista aunque en la actualidad muchas de ellas han sido substituidas por edificios de varios pisos con antenas, algunos de ellos sin mucho interés arquitectónico.

     
 

Castelo Branco es una ciudad muy agradable para vivir, de tamaño humano. Dispone de lo mejor de una ciudad y de lo mejor de la naturaleza, a pocos kilómetros. Con bastantes zonas ajardinadas, limpias y cuidadas que son uno de sus puntos fuertes. Una ciudad civilizada que mantiene aún costumbres propias y un orgullo simpático que la hacen muy atractiva.


Castelo Branco tiene unos alrededores rurales atractivos y muy interesantes. Su situación geográfica es idónea para visitar las aldeias históricas de Monsanto, Penha Garcia, Idanha a Velha y Castelo Novo. Todas ellas bien comunicadas, más o menos a una media hora de distancia en coche. Aconsejo visitarlas todas. Cada una tiene un encanto singular y original que las convierte en únicas.

Durante nuestra estancia en Castelo Branco, el tiempo estuvo estable, sin una nube. Nos hizo unos días espléndidos que invitaban a pasear. Pudimos hacer muchas cosas y más excursiones que las planeadas en un principio.

   
 

Si vas a Castelo Branco, ir en coche es una buena decisión. Te dará autonomía para disfrutar de sus bonitos alrededores. Asimismo, la ciudad dispone de un montón de zonas de aparcamiento público y privado. De manera que no tendrás que dar muchas vueltas buscando dónde estacionar tu vehículo.

Nos gustaba desayunar en las cafeterías de los alrededores de la praça da República. Observando cómo viven de relajados los habitantes de Castelo Branco. Siempre nos apetecía, sobre todo, degustar cualquier delicioso dulce de la pastelería Belar, una cafetería-pastelería situada delante del Mercado Municipal, en la avenida 1 de Maio.

      

Nos gustó nuestro alojamiento. Un práctico apartamento en pleno centro: CASA92.  Cómodo, con diseño discreto y contemporáneo y con un excelente emplazamiento para ver lo mejor de Castelo Branco. Sin duda para repetir.

Cerca del apartamento hallarás un montón de buenos restaurantes. Comimos muy bien en el restaurante Cabra Preta, ubicado en el centro histórico, y en Dona Ferreirinha, que se encuentra algo más alejado.