He descubierto en mi viaje a Gran Canaria la abrumadora diversidad de paisajes y de climatología de la isla. Ni lo sabía, ni me lo imaginaba. Tampoco sabía la dificultad que nos íbamos a encontrar para abarcar este territorio. En parte, debido a que muchas de las vías del interior de la isla son laberínticas y angostas carreteras con muchas curvas para sortear su abrupta geografía. Tampoco nos ayudaban las fuertes rachas de viento. En los días de nuestra estancia en la isla, los vientos alisios golpearon con fuerza toda esta área geográfica. Durante nuestra visita a Gran Canaria, nos topamos con los restos de la borrasca Regina que recorrió la isla, sobre todo en su zona norte.
Una vez ya en Gran Canaria, teníamos especial interés en conocer las zonas reconocidas por la UNESCO como reservas de la biosfera. Existen varias zonas de alta conservación de la biodiversidad y están compuestas por ecosistemas, tanto terrestres como marinos. En estas áreas se intenta mantener un equilibrio entre la protección del medio natural y el desarrollo económico y social. Entre otras zonas, se encuentran la Reserva Natural de Inagua, el parque natural de Tamadaba, el parque natural de los Pilancones, los Riscos de Tirajana, la zona litoral entre la Aldea de San Nicolás, la costa de Mogán y el monumento natural del Roque Nublo. Sin embargo, no nos imaginábamos que en la mayoría de estas reservas solamente puedes acceder por intrincados senderos y por algunas rutas habilitadas, no aptas para los que sufren vértigo. En realidad, resulta lógico porque sirve para preservar su conservación del impacto que supondría para los ecosistemas el fácil acceso, ya que podría generar una gran masificación.
Durante nuestra estancia en la isla, comprobamos que el sur es más seco y soleado debido a que las altas montañas impiden el paso de las nubes. Dividimos los 6 días que disponíamos en 3 noches en el noroeste y 3 noches en la zona noreste de Gran Canaria, para acceder por la autovía GC-1 a la zona sur de la isla, pero finalmente muchos días acabamos mezclando la zona norte y la sur en la misma jornada. Algunos días, desayunábamos en el norte y comíamos en algún restaurante del sur. Después de comer, por las tardes, buscamos el sol en la isla. Hacíamos excursiones por la mañana y por la tarde buscamos una playa, no ventosa para el relax y los baños. Si en el norte nos despertábamos con 8 grados, por las tardes en el sur alcanzábamos los 25 grados. Así que nos vestíamos a capas.
Organicé el viaje para pasar unos días en el noroeste, en la zona de Agaete-Puerto de las Nieves, porque quería conocer el valle de Agaete, Los Berrazales, el Barranco de Guayedra, el Risco de Faneque - que es el acantilado más alto de España con una altitud de superior a los 1.000 metros sobre el nivel del mar-, el Parque Natural de Tamadaba, la Reserva Natural de los Tilos de Moya, Gáldar, el Cenobio de Valerón y la aldea de San Nicolás. El territorio norte de la isla recoge la humedad del agua del mar y de nubes que llegan desde el océano Atlántico creando una asombrosa biodiversidad forestal y boscosa. Podía llover y, en media hora, aparecía el sol con fuerza, pero no podías descuidarte porque podía retornar la lluvia en cualquier momento.
Nuestro segundo alojamiento estaba cerca de Santa Brígida, para visitar desde allí la Vega de San Mateo, Tejeda, el Roque Nublo y Teror. No obstante, y pese a la cercanía con estos otros lugares, nos quedamos sin ver Arucas, Firgas, Valleseco, Artenara y ¡Las Palmas de Gran Canaria!. Este segundo alojamiento también tenía la ventaja de permitir acercarnos rápidamente al sur por la autovía GC-1.
Pese a que no pensábamos ir al Puerto de Mogán, finalmente lo visitamos pensando que nos gustaría mucho, cosa que no sucedió. Es bonita, sí, pero resultaba agobiante. Demasiados turistas. No se podía ni andar, ni contemplar tranquilamente esta singular localidad. Visitamos asimismo las Dunas de Maspalomas y aunque reconozco que también había mucho turismo, me gustaron. Son impresionantes. Tampoco pensaba recorrer el Barranco de la Aldea de San Nicolás hacia Mogán pasando por el Pico de Inagua, ni descender dos veces por la estrecha carretera de Tejeda a Fataga, pasando por San Bartolomé de Tirajana y lo hicimos dos veces. Nos ha quedado mucho por ver y conocer pero eso resulta perfecto. Nos quedan ganas de regresar y, también, de conocer otras islas.
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