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22 agosto 2015

Regreso al Peloponeso

Para nosotros, volver al Peloponeso es regresar a la autenticidad. Descubrir esos pequeños pueblos rurales y costeros que se hallan dispersos por este territorio: Elea, Molai, Poulithra, Richea, Leonidio, Kosmas, Kilada, Archangelos, Iliakastro, Didima, Kounia, Plitra o Ermioni. Una tierra fértil aunque también agreste y dura.


Lugar de grandes contrastes entre el interior y la costa. También de inviernos fríos y calurosos veranos, en dónde de una forma u otra el viento de Melthemi siempre está presente.

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Un territorio al que hemos vuelto -ya van unas cuantas veces- de la misma forma que uno regresa al hogar. Del que no nos cansamos, porque es intenso como la vida misma.


Regresar al Peloponeso es volver a sorprenderse de lo bien que se vive sin grandes ataduras.

Mirar el mar como si fuera la primera vez que lo ves. Contemplar ese océano de olivos que cubre una gran parte del Peloponeso.

Soñar con Esparta, Micenas, Menelao y los Argonautas, mientras pasas por las regiones de Lakonia, Arkadia o la Argólida.




Ver cómo transcurre el verano sin prisas, día a día, bajo la sombra de una estupenda higuera. Tomar café griego mientras observas con curiosidad la llegada a puerto de las pequeñas embarcaciones de pesca. Comer una extraordinaria sandía bajo la sombra de una parra.


Así que todo lo que me gusta lo reúne el Peloponeso ¿Cómo no amar un lugar tan genuino? Tan cercano a la vida misma. Tan lleno de historia y de mitología y a su vez tan próximo a la naturaleza.


Una tierra de roca como la Península de Mani, fértiles valles como los de Molai o de Esparta, de altas montañas como las del Taigetos o la del monte Parnon. De pueblos rurales o costeros como Elea, Leonidio, Asopos o Archangelos. De puertos tranquilos como el de Pounta, Ierakas o el de Kiparissi y de peñones repletos de historia y aventuras como el de Monemvasia. ¿Cómo no volver a un lugar así, tan mediterráneo?

Acabo de regresar y ya estoy pensando en volver y eso que no pretendía hacerlo...

04 octubre 2014

Limin Ieraka o Gerakas port, el fiordo griego

Λιμάνι Γέρακα - Λακωνία -


Llegamos a Limin Ieraka, desde Poulithra, al mediodía, después de pasar por un puñado de sencillos, pequeños y rústicos pueblos como Peleta, Kremasti o Richea.


Limin Ieraka se halla a 20 kilómetros de Monemvasia, igual que nuestro alojamiento, y lo que en un principio pensamos que constituiría un inconveniente, ya que suponía coger inevitablemente el coche para desplazarse hasta Monemvasia, resultó ser la mejor opción.

La tranquilidad que se respira en Limin Ieraka no es fácil de encontrar.


Es un espacio natural intacto. Un pequeño fiordo que desemboca, a su finalización, en un extenso humedal en el cual en primavera puedes avistar gran cantidad de pájaros.


Cuando faltaba poco para llegar y nos encontrábamos ya cerca de nuestro destino, pensamos en lo duro que debía ser la vida allí. El aislamiento forzoso que deben sufrir en algunas épocas del año, porque según te acercas a la costa el paisaje cada vez era más abrupto y pedregoso. Con todo, es absolutamente colosal.


En este entorno, poco habitado, entiendes perfectamente la aparición de la mitología. Desde siempre el hombre ha buscado respuestas sobre aquello que no comprende. Por esa razón, sólo la tierra donde habitan los Titanes, los Clícopes y los dioses podría ser así. Un paisaje que hace pensar en el principio de la naturaleza. Un lugar en dónde humanos y dioses puedan cohabitar. Sólo los dioses han sido capaces de crear de la nada un espacio natural de estas características. La naturaleza por si sola no puede, debe estar ayudada por fuerzas superiores.


El alojamiento reservado desde España era el hotel Porto Cadena. Al mediodía, bajo un sol infernal, arribamos a Limin Ieraka y fuimos directos al hotel.
Esperábamos un lugar más lujoso, pero enseguida nos percatamos que el verdadero lujo era estar allí, en aquel entorno salvaje, rústico, duro y pacífico. Un lugar con cuatro casas y un pequeño puerto. En dónde todo respira y huele a mar. Un lugar que te transporta a las novelas de aventuras marinas, como La isla del Tesoro o Moby-Dick.