Fataga es una de las pequeñas localidades canarias que más me gustaron. Se trata de un lugar especial. Su esencia es la belleza de la sencillez. Enclavado en el barranco de Fataga, entre altas montañas y en un valle fértil, con pinos canarios, sabinas, palmeras canarias, retamas, salvias, tabaiba y extensiones de aloe vera entre muchas otras plantas y hierbas medicinales que crecen entre el valle y las altas montañas. Había llovido los días anteriores a nuestra visita a Fataga y eso se notaba en la exuberancia de su vegetación.
El núcleo urbano más antiguo de la población de Fataga se compone de estrechas calles con casas tradicionales canarias de una o dos plantas, en las que se puede leer el nombre de los vecinos o propietarios de esas viviendas. A nivel municipal, depende de la población de San Bartolomé de Tirajana. No están lejos, una de la otra. Por la carretera GC-60, las separan unos 7 kilómetros. Si visitas Fataga, acércate a San Bartolomé de Tirajana, otra de las localidades canarias con uno de los entornos forestales y paisajísticos más bonitos de Gran Canaria. Desde allí, por otra angosta carretera, llegas hasta Tejeda y el Roque Nublo.
Nosotros cogimos esta carretera desde Tejeda a Fataga, pero antes para llegar hasta el Roque Nublo y Tejeda preferimos hacerlo desde la Vega de San Mateo. La carretera es un poco menos estrecha que la que conduce desde Tejeda al océano, pasando por Fataga. Además, estas sinuosas carreteras, están bastante concurridas. Se suceden los autobuses públicos, autocaravanas, ciclistas, motoristas. Algunos son prudentes, pero no te puedes fiar.
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