A principios de junio, el buen recuerdo que teníamos de la localidad de Kassiopi nos hizo volver allí. Estaban muy presente en nuestra memoria las playas que rodean este enclave. Los alrededores de Kassiopi no pueden ser mejores. En el norte, la sosegada playa de Kalamaki. En la misma localidad, las playas de Pipitos, Mpataría (Bataria) y la de Imerolia. Playas urbanas, pero muy limpias. También, las playas del sur de Kassiopi, como la de Kogevina, Avlaki y Kerasi. Aunque, hay numerosas más. Pequeñas playas o calas rocosas que aún no conocíamos. Además, nos gustó su tranquilidad y su abrupto y, al mismo tiempo, campestre paisaje.
En este último viaje hemos comprobado que ese paisaje rural de olivos y de árboles de una variedad increíble está dando paso, poco a poco, a un paisaje no tan campestre y rural. Las urbanizaciones crecen como los hongos. No existe ni una colina que no esté construida o con un proyecto de urbanización.
Lo que verdaderamente me gustaba de Kassiopi, su singularidad genuina, está mudando y transformándose. Hasta la mayoría de restaurantes ofrecen una comida más estándar y globalizada, acoplándose principalmente al gusto anglosajón. Ahora resulta difícil encontrar un restaurante o una taberna de comida tradicional griega o típica de esta área geográfica, como son los estafados o la Gemistá. No obstante, sí degustamos buena comida tradicional griega en los restaurantes Bolero y Levanda.
Kassiopi, pese a su evidente masificación turística, sigue siendo una población de referencia en Corfú. Sólo hay que observar la cantidad de nuevos alojamientos que han edificado en pocos años. Para sacar el mejor partido a nuestra estancia en Kassiopi, elegimos alojarnos en un apartamento cercano al centro de esta localidad lo cual nos facilitó ir a las playas sin hacer uso del coche. Además, contaba con parking, algo imprescindible en Kassiopi.
Kassiopi todavía es un lugar agradable para visitar (mejor fuera de la alta temporada de verano). Aún conserva cerca de su litoral extensiones de olivos acompañados por pinos, cipreses y encinas que casi rozan el mar. Además, poder llegar andando en pocos minutos a una playa fabulosa es un buen aliciente, pero tiene otros como el de pasear por su castillo al atardecer. Es sumamente relajante. La brisa del mar llega hasta lo alto de la colina donde se asienta esta fortaleza veneciana. También resulta entretenido deambular por el pequeño puerto de Kassiopi, sobre todo por la noche. Pero sin duda algo menos agradable es soportar el continuo tránsito de coches, motos, furgonetas y pequeños autocares que van arriba y abajo de la calle principal (dónde se hallan la mayoría de comercios y restaurantes).
Ese barullo de vehículos ahoga el sonido del mar y cualquier otro sonido. Únicamente por las noches o a primera hora de la mañana, regresa la calma. Cuando aún no han llegado los tours de autobuses o taxis que depositan en Kassiopi a un buen número de viajeros ansiosos por tomar el sol y bañarse en sus limpias aguas.
Desde Kassiopi, se divisan las imponentes montañas de Albania. De hecho, hay escasos kilómetros de separación entre el puerto vecino a Kassiopi, Agios Stefanos, y la costa albanesa. También, desde la playa de Bataria puedes contemplar muy, muy cerca la silueta montañosa de Albania. Dan ganas de conocer un país tan montañoso y misterioso como es este.
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