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30 abril 2019

Marvão, la magia existe


Marvão, situada en la Serra de S. Mamede, cerca del río Sever, es una localidad portuguesa tan especial que conviene quedarse a dormir allí, sobre todo para poder apreciar la transformación de la villa con el paso de las horas. Concédele atención. No hagas como hacen algunas personas que pasan rápidamente por sus calles y el castillo solamente para tomarse unos selfis. Sin detenerse a valorar los innumerables pequeños detalles que esta villa te ofrece. Por esta razón, es un error visitarla en pocas horas o incluso no pernoctar en ella.


Desde la lejanía, la conservada y reformada muralla de Marvão se confunde con las aristas de la roca en la que se asienta. Su localización en la cumbre, a más de 840 metros de altura, le otorga un porte sólido y real. La muralla es en unas zonas más esbelta que en otras, pero siempre luce soberbia. Reformada muralla, que ha sufrido varias guerras. Su forma alargada sigue el relieve de la montaña y dispone de tres baluartes y garitas para la defensa de la villa. Esta fortaleza fue durante siglos muy importante para la defensa del territorio y la frontera lusa.


    

Según pasan las horas, el sol le confiere a las piedras del castillo y sus murallas, un tono grisáceo que se transforma en ocre-rojizo, por la intensidad del sol. En caso contrario, si está nublado se intensifica su tonalidad gris.

Las casas de color blanco contrastan con la piedra. La villa es tan bonita a primera hora de la mañana como al atardecer y por la noche ya es pura lírica, con esas rúas iluminadas por tenues luces de un color amarillento-anaranjado. Parece desierta, pero está llena de vida. 



La entrada a Marvão se hace desde la Porta de Rodão.
Si tomas la calle das Portas da Vila, verás los señoriales edificios de los siglos XVI y XVII que se localizan a lo largo de la misma y que llegan hasta la Praça do Pelourinho. 

Las serpenteantes callejuelas de entramado medieval invitan a deambular y perderse por ellas. Casas blancas de arquitectura típica alentejana con detalles en piedra. Sencillas iglesias aunque a la vez majestuosas construidas sobre la dura roca, como la Igreja do Espírito Santo, la Igreja de Santiago o la Igreja de Santa Maria -actualmente, transformada en museo municipal-. Una visión difícil de olvidar.

 
  
       

Por las noches, el olor a hierba húmeda, a frío y a leña te envuelve mientras paseas por Marvão. Los gatos te hacen compañía mientras se ufanan por encontrar algo de comida y tú solamente piensas en la fortuna de que exista un lugar así y en la suerte que tienes de haberlo conocido.

14 abril 2019

Idanha-a-Velha, impasible ante el paso del Tiempo


Llegar a Idanha-a-Velha desde Castelo Branco tiene su atractivo. En un día soleado de invierno, la hierba crece y resplandece por todos lados.

Una gran variedad de tonalidades de colores verdes me acompañaba mientras miraba distraída por la ventanilla del coche. El paisaje bucólico de los campos de olivos y los pastos con vacas y ovejas me relajaba el espíritu.

Aparcamos sin dificultad. Solamente habían un par de coches más en el aparcamiento público del pueblo. 

La imponente muralla romana de grandes sillares tallados es lo primero que se aprecia de la villa amurallada.

   

Nos adentramos en la pequeña aldea sobrecogidos por el paisaje circundante y la belleza primitiva del enclave. Fue muy importante en época de dominación romana, porque se encuentra en el camino natural que unía dos importantes ciudades: Emérita (Mérida) y Bracara Augusta (la actual ciudad portuguesa de Braga). 

La gran cantidad de restos de columnas, mármoles, tumbas y sillares dan fe de la gran villa que fue en la antigüedad. Los imponentes sillares de la muralla y otros edificios romanos se reutilizaron en épocas posteriores para construir otros edificios aunque el posterior saqueo continuo de la villa debilitó algunas partes de la antigua muralla. Quedan en pie alguna puerta de entrada a la villa y el bonito puente romano sobre el río Ponsul. Así como la bella calzada romana.

   

Después de la época de dominio romano, esta villa tuvo otros pobladores: suevos, visigodos y musulmanes. En el siglo XIII, fue sede de la Orden del Temple

Había que diseñar un espacio para contener las 210 piezas epigráficas romanas encontradas en la zona. Se construyó un archivo dentro de antiguo lagar de aceite del pueblo. El diseño del nuevo espacio corrió a cargo de los arquitectos Alves Costa y Fernandez, en el 2008. Allí pueden verse 86 piedras con inscripciones.


   

Viendo el paisaje sobre el río Ponsul reconoces que no pudo haber mejor lugar para fundar una ciudad romana. Seguro que estas piedras vieron guerras, saqueos, muerte, pero ahora sin embargo queda el silencio y la paz y un diálogo perfecto con la naturaleza. El sonido de los pájaros nos acompañó durante toda nuestra visita. ¿Puede haber algo más poético?

Si te gusta la Historia, el Arte y la Naturaleza ve a Idanha a Velha.

28 marzo 2019

Alojamientos en Grecia, por ejemplo

        
   
En nuestros viajes estivales, cuando buscamos alojamiento procuramos que cumplan una serie de condiciones. La primera es la más obvia: la limpieza. Después, nos detenemos a valorar si su localización es la mejor para poder visitar una amplia área. Otras veces, si buscamos mayor tranquilidad, nos decantamos por alojamientos bien situados o a pie de playa para no depender del coche y poder ir andando hasta el mar o bien cerca de algún lugar que nos interese mucho conocer y desde el cual no tengamos que hacer muchos kilómetros.

   
  
                      
También, desde luego, prestamos atención a si tienen buenas críticas, pero a veces nos hemos llevado alguna sorpresa, porque lo que está bien para algunas personas a otras no nos parece tan bien.

Quizá tenga que ver con la compañía. Si viajas con una buena compañía será más fácil amoldarte a cualquier cosa. Un acompañante difícil o que no tenga los mismos gustos que tú, puede estropearte la noche en un hotel de lujo y un buen compañero de viaje hace que una cueva te parezca un hotel de cinco estrellas.

 

A veces, también el alojamiento te elige a ti. Ves un hotel o un apartamento que te atrae sin saber muy bien la razón. Puede ser la luz, una buena foto, la ubicación pero el sitio te hace viajar a él. Puedes llevarte una desilusión cuando lo ves o puedes llegar a afirmar, que las fotos no engañan.

  
  
    
Algún hotel o alojamiento, en una primera impresión te decepciona, pero después de pasar la primera noche es cuando valoras de verdad el alojamiento. Un buen colchón, sábanas impolutas, tranquilidad nocturna, un buen aislamiento. Lo contrario también puede suceder:  tener una buena impresión al principio, al ver la habitación, pero tras la primera noche, la experiencia puede convertirse en desastrosa. Una mala insonorización, un colchón incómodo, unos vecinos pesados...

De igual manera, un alojamiento con un buen gerente, simpático y cortés y un fabuloso desayuno hacen que el lugar te compense mucho más. Porque, desde luego, hay que valorar los detalles.