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06 mayo 2017

Hotel Quinta da Cruz

Desde Amarante, llegar al hotel Quinta da Cruz no resulta sencillo. No sé cómo lo hicimos pero acertamos de lleno con la salida de la autopista. Nuestra intuición nos llevó a las puertas del hotel, sin dar vuelta alguna. Nos quedamos sorprendidos de la facilidad. Habíamos leído que era bastante complicado llegar hasta allí.


El hotel se compone de un edificio antiguo, pero reformado, otro de nueva planta, una gran sala para eventos (tipo bodas y bautizos), un edificio moderno con gimnasio y piscina climatizada, una gran piscina al aire libre, campos de tenis, una pequeña capilla y un cuidado jardín.

 
 

Nosotros nos alojamos en el edificio antiguo - en la Quinta -, en la última planta. Nuestra habitación no era grande, pero si confortable, limpia, relajante y con una pequeña terraza que daba al amplio jardín. Desde el principio, estuvimos cómodos en la habitación.

El hotel tenía pocos clientes y pudimos disfrutar de la mayoría de las instalaciones, prácticamente solos.

 
     

Pese a que la piscina interior climatizada necesitaba mantenimiento, era un espacio sosegado y calmado, ideal para relajarse, después de las largas caminatas que hacíamos durante el día.

La sauna húmeda y la sauna seca teníamos que encenderlas nosotros, porque se apagaban si no había nadie en el gimnasio. Con lo cual era un poco incordio, porque cuando las encendías, tardaban un rato en llegar a la temperatura ideal. Sin embargo, entiendo que de esa forma no se consume tanta electricidad y se puede ahorrar energía. Algo importante para la economía del hotel y para el Medio Ambiente.


El hotel Quinta da Cruz está situado en una zona medio rural. Necesitas coche para desplazarte. Sin embargo, para nosotros, la situación del hotel fue perfecta. Nos facilitó  la visita a las iglesias, monasterios y castillos de los alrededores - que forman parte de la llamada Rota do Românico-. Además, en 10 minutos llegabas hasta Amarante o Penafiel.

 
 

Los desayunos del hotel se sirven en el antiguo edificio, en la Quinta. No faltaba de nada.  El espacio es muy bonito y los desayunos completos. Había fruta fresca, todo los tipos de pan, bollería, pastas típicas portuguesas, mermeladas, frutos secos, huevos, embutidos, quesos. Ideal para empezar el día.

        
Pese a no ser un hotel lujoso. Era confortable y plácido. No sé cómo será en temporada alta, pero fuera de temporada era un gustazo y nuestra habitación del todo relajante.

26 abril 2017

Amarante, un paseo por el río Tâmega

Normalmente, elegimos el viaje por el entorno, por lo que nos puede ofrecer el lugar. Del mismo modo, elegimos el hotel por su cercanía a ciudades que queremos conocer. Escogimos el hotel Quinta da Cruz por su proximidad a Amarante y porque desde este hotel podíamos ir, sin hacer muchos kilómetros, a la iglesia de Telões, al monasterio de Travanca  y al castillo de Arnoia.


Amarante no es una ciudad como Guimarães que mantiene en perfecto estado de conservación una gran parte de su centro histórico.

Amarante sufrió un incendio que redujo a cenizas sus edificios más emblemáticos. Su resistencia ante las tropas napoleónicas le pasó factura. Por ejemplo, los restos de la Casa dos Magalhães quedan como símbolo y baluarte de la resistencia de la ciudad frente a la invasión de las tropas francesas. Una esplendida casa solariega, tipo palacio, en la que se aprecia perfectamente que fue destruida por el fuego.

   
    

Pese a que Amarante no dispone de un rico patrimonio arquitectónico, son muchos los edificios que merecen la pena visitar, como la Casa da Calçada o el Monasterio de São Gonçalo. Además, dispone de un bonito e idílico puente de piedra, actualmente reconstruido, cuyo origen es del siglo XIII. Puente que durante siglos ha unido las dos orillas.


El río Támega discurre a lo largo de la ciudad. Un pequeño paseo - la Via Verde o Ecopista - recorre ambas orillas del río Tâmega a su paso por Amarante. Cuando el tiempo está calmo muchos pescadores se acercan al río a pasar las horas, intentando pescar, aunque en realidad se trata de una excusa. Todos son conscientes de que es un magnífico punto de encuentro para charlar tranquilamente sin estar encerrado en un bar.


En verano, se habilita una zona de baño en el río Tâmega para huir del fuerte calor del estío. Es una amplia área cerca de un molino, con árboles y vegetación. En invierno, la hierba verde cubre parte del ese terreno.


Comimos en Amarante, para aprovechar la mañana y la tarde, antes de que se hiciera de noche.

No tenemos especialmente un buen recuerdo de la comida. De hecho fue el día que comimos menos bien de nuestra estancia de 10 días en Portugal. Eso sí, disfrutamos de un atardecer precioso a orillas del Tâmega, después de tomar un buen café y unos fantásticos dulces típicos de Amarante en una recomendable pastelería situada en la Rua 31 de Janeiro. Nos recordaron a los mazapanes españoles, aunque un poco más suaves.

16 abril 2017

Boticas Hotel Art Spa

En invierno, el área geográfica de Boticas es fría porque está rodeada de montañas - la Serra de Barroso, las Serras do Leiranco y Pindo y la Serra das Melcas.


Nosotros tuvimos suerte con la climatología, en Boticas. Los días anteriores a nuestra llegada al Boticas Hotel Art Spa, había habido mucha niebla en el área. Mientras nos acercábamos al hotel, en el cielo no quedaba ni una sola nube, ni tan solo restos de niebla.
Sólo nos visitó la niebla por la noche. Cuando se iba el sol, la niebla creaba una atmósfera fantasmagórica. Durante el día, la potencia del sol despejaba cualquier resto de niebla de la noche anterior.


El edificio del Boticas Hotel Art Spa es de nueva construcción. Su estructura es rectangular. Dispone de grandes ventanales y de un interior minimalista de líneas simples y puras.

Está situado al lado del Ayuntamiento de Boticas y del Centro de Artes Nadir Afonso. Todos estos edificios mantienen una configuración arquitectónica similar. Diferentes al resto de los edificios del centro de Boticas.

   
 
Nos  dieron una habitación que daba a la calle. Unos grandes ventanales, que llegaban del suelo al techo de la habitación
 inundaban de luz la estancia, pero el frío que hacía en la calle empañaba los cristales, aunque sólo a primera hora de la mañana y por las noches. A mediodía, la fuerza del intenso sol hacía desaparecer rápidamente cualquier muestra de humedad.

 
 

El Centro de Artes Nadir Afonso está justo al lado del hotel. Vale la pena visitarlo. La entrada es gratuita. No es muy grande, pero contiene una buena selección de obras de este artista portugués.


Sólo llegar a la habitación abrimos la calefacción, pero tardó un buen rato en calentarse. Una vez caliente el cuarto, estuvimos muy cómodos. La cama era enorme, quizá demasiado para ese espacio. Debía ser una cama de dos por dos. Excesiva.

Al inicio de nuestra estancia en el hotel, no tuvimos vecinos. Sin embargo, el último día llegaron unos clientes a la habitación de al lado y comprobamos que la insonorización no era la ideal.

Una simple cortina blanca separa el espacio de la habitación de la zona de la ducha y del lavabo. Pese a ser un tanto indiscreto, tenía su gracia y no nos supuso ningún problema de falta de intimidad.

 
 

La zona del spa la encontramos un poco pequeña y el agua de la piscina quizás un poco fría, pero para pasar un rato ya estaba bien.

El desayuno era un aparte. Uno de los mejores desayunos que hemos consumido en Portugal. Había de todo en cantidad y calidad. Descubrí el queso portugués: Seia. Un gustoso queso de oveja. Me he vuelta adicta a él. Compré un montón, así como mermeladas caseras, miel, pastas, Vinho Verde, Vinho dos Mortos y un sinfín de latas de atún y de paté de sardinas.

 
 

Boticas Hotel Art Spa es un alojamiento adecuado y funcional, sobre todo si quieres conocer todo lo mucho que te ofrece la Serra do Barroso.


Si te alojas en Boticas en el hotel o en cualquier otro alojamiento y te gusta la naturaleza, no dejes de ir al Boticas Parque Natureza e Diversidade. Lo atraviesa el río Beça, que nace en la Serra do Barroso y es un afluente del río Tâmega.


En el parque, han habilitado unas pistas o sendas de madera, para frenar el impacto del hombre. Si te gusta caminar por el campo y el bosque, la visita al parque no defrauda. Es un espacio paisajístico protegido. Puedes observar una gran cantidad de aves. En invierno, es muy apacible. En Primavera, me imagino que debe ser precioso con los árboles ya con hojas, los helechos verdes y las plantas en plena floración.