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21 febrero 2026

Almedinilla, la huella del pasado



Conocer Almedinilla es algo deseable si te gustan los yacimientos arqueológicos. Allí podrás ver in situ un importante y bien conservado yacimiento de época romana: la villa de "El Ruedo" y también el poblado íbero "Cerro de la Cruz", ambos cuentan con la consideración de ser un Bien de Interés Cultural (BIC). Nosotros visitamos la villa romana "El Ruedo", pero no el poblado íbero. Si queréis saber más sobre el poblado íbero, os recomiendo que visitéis la web del "Lobo Bobo" donde encontraréis una entrada magistral sobre el yacimiento Cerro de la Cruz.


Almedinilla se localiza en un vértice perfecto, al sur de la provincia de Córdoba, en un pequeño y fértil valle con encinas, madroños, jaras, enebros y olivos por dónde transcurre el río Caicena, el río de Almedinilla y los arroyos de la Tejuela, de Cabrera y del Conejo. Rodeada por las estribaciones de la sierra de Albayate apenas dista 10 kilómetros de Priego de Córdoba y 19 kilómetros de Alcalá la Real (provincia de Jaén) y 24 kilómetros de Montefrío (provincia de Granada). Desde Almedinilla parten varios senderos como el salto del Caballo o la cascada de la Veguilla.


Nuestro interés en parar en Almedinilla era conocer la villa romana de "El Ruedo". Las entradas se venden justo enfrente de la entrada al recinto arqueológico. El yacimiento está vallado y para entender los restos de la villa romana es muy aconsejable seguir el itinerario explicativo. Esta villa tuvo un largo recorrido histórico. Su datación va desde el siglo I dC al VII dC. Los antiguos pobladores de la zona, los íberos, acataron las normas de romanización que, tras la conquista de ese territorio, les impusieron los romanos.



Una vez has accedido al interior del recinto arqueológico de El Ruedo, podrás observar dos zonas separadas de esta villa o hacienda. Una se corresponde con la pars urbana, la domus romana, espacio dónde los propietarios hacían vida. Es la área de la vivienda mejor conservada. Disponía de un patio con columnas y alrededor de este patio se proyectaban las estancias privadas. La vida de los propietarios se articulaba a partir de este patio. Algunas estancias se decoraban con estuco imitando el mármol, con mosaicos y también con estatuas o esculturas. Se han encontrado estatuas para decorar y también para las ceremonias de orar a las deidades de ámbito doméstico, como son los lares o las que formaban parte de los rituales de protección del hogar, a través de los espíritus de los antepasados, como son las estatuas de los manes. La otra zona de la villa, la conocida como pars rústica, se corresponde con el espacio dedicado a la explotación y producción agrícola, con espacios adicionales para las viviendas de los trabajadores, almacenes y establos.


Además, de sus yacimientos arqueológicos, Almedinilla es una invitación al viajero para que descubra cómo se vive en realidad en una población de la subbética.


Almedinilla nos sorprendió porque tiene pinta de ser tranquila y de vivir bien. Hay un colegio público bastante grande, una escuela de música, un pequeño polígono industrial, bastantes asociaciones, un museo histórico arqueológico (que no visitamos), una residencia y un hogar para los pensionistas. Se nota que allí cuidan a sus abuelos. Por si eso fuera poco, Almedinilla está inmersa en un extenso mar de olivos y cuenta con varias almazaras ya que el aceite de oliva de esta zona tiene sobrada fama y detenta la denominación de origen protegida Priego de Córdoba.


El día de nuestra visita a Almedinilla lucía un sol espléndido. La gente paseaba y se paraba a tomar un poco el sol de invierno. Así lo hicimos nosotros y mientras paseábamos dimos con una carnicería llamada el Rubio. Allí compré queso de la quesería Sierra Sur y un chorizo picante casero que nos duró dos días. Buenísimo. Aprovechamos para comprar aceite en la almazara Manuel Molino.
Se nos hizo tarde y decidimos comer allí. En un bar restaurante del pueblo, La Bodega, pedimos el menú del día. Comida casera, sencilla y regada con el aceite de la zona. Comimos de maravilla. Tanto que, al día siguiente, regresamos a comer allí otra vez.

2 comentarios:

Paco Piniella dijo...

Veo que has disfrutado de la Subbėtica !!

CarmeLa dijo...

Hola, Paco. Sí, ¡a tope!