lunes, 30 de abril de 2018

Pals, entre el campo y el mar




   

Nuestra primera parada en la demarcación geográfica conocida como l'Empordà fue en Pals. Teníamos interés en visitar este popular enclave medieval.

El municipio de Pals está formado por tres núcleos de población distintos, en localizaciones diferentes. Uno de ellos, la villa medieval de Pals, está situado sobre una empinada colina del interior. Un segundo, los Masos de Pals se ubica en un llano y más cercano al litoral. Finalmente, en la costa, se encuentra la playa de Pals típica población costera de nueva construcción edificada sobre una bonita y frágil zona dunar. Desde está playa se pueden ver las  islas de Medes, aunque no tan de cerca de como es posible hacerlo desde L'Estartit.



A nosotros nos interesaba visitar el centro urbano medieval de Pals y también la zona de la playa. Primero nos dirigimos al centro histórico Pals. Núcleo urbano cuidado y preservado. Tan cuidado, restaurado y perfecto que da la sensación de ser un tanto impostado. Entrar en él, es viajar a un lejano pasado. Un buen número de edificaciones del centro de la villa son góticas, aunque también se dan las construcciones románicas y tumbas de época visigótica. 


      

La oficina de turismo se halla en la plaza del Ayuntamiento o plaza Mayor. Allí nos facilitaron información para hacer el itinerario. 

No había muchos turistas en el pueblo, quizá porque era temprano o tal vez porque no era temporada alta. La mayoría de calles estaban desiertas y eso nos facilitó nuestro recorrido por el intramuros de Pals.

Desde la plaza Mayor, atravesamos el arco gótico de entrada al recinto amurallado. Un laberinto de calles con edificios con sillares de piedra. Perfectamente restaurados.


  

Algunos edificios y casas conservan los arcos típicos góticos y las ventanas de arco ojival. Otros edificios o fincas son de nueva construcción, respetando eso sí, la forma constructiva del resto de las edificaciones.

La actual muralla es del siglo XII, con restauraciones en el siglo XVIII. Se conservan 4 torres de vigilancia.

Imponente es la vista desde la Torre del Homenaje, un mirador privilegiado. Esta Torre es de estilo románico, de planta circular y tiene 15 metros de altura. Desde ella, se ve la llanura, el mar y las islas Medes, si hace buen tiempo. Formaba parte del antiguo castillo de Pals. Ahora se yergue en solitario en la parte más alta de la colina.

   


Siguiendo el plano que nos dieron en la oficina de turismo, llegamos hasta la Iglesia parroquial de Sant Pere. La iglesia tiene distintos estilos arquitectónicos que abarcan diferentes siglos, desde el románico hasta el estilo neoclásico. Aunque su base era románica fue reconstruida en el SXV con sillares de piedra de las antiguas murallas y del castillo. La base es románica, la nave gótica, el dintel y la portada barroca y el campanario del siglo XVIII. 




Tras visitar el recinto medieval de Pals, nos acercamos a la larga playa de arena y dunas de Pals. De punta a punta, hay unos 3,5 kilómetros de playa. Una extensión considerable de arena, dunas y zonas de vegetación  típica mediterránea. Una playa muy bonita con vistas a las islas Medes, al macizo de Montgrí en la zona norte y al sur el macizo de Begur.


Pese a la belleza del entorno, no se puede obviar la especulación inmobiliaria de toda la costa mediterránea. Esta zona tiene un hábitat delicado. Al que hay que intentar mantener su lado más indómito: protegiéndolo y cuidándolo. Por ejemplo, no pisando las dunas, pasar por las pasarelas de madera habilitadas para ello y recogiendo la basura que generamos. Sobre todo no dejar plásticos, ni botellas de vidrio por sus alrededores. 




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