jueves, 6 de septiembre de 2018

El secreto de la felicidad griega

Seguro que debo tener un ancestro griego, porque cuando aterrizo en la República Griega me siento bien. Liberada. Cómo cuando llegas a casa tras una larga jornada laboral y te quitas los zapatos que te oprimen. Me siento leve, descansada y feliz.


Según mi experiencia personal, de observación de la vida helena en verano, el secreto griego de la felicidad se compone de una buena comida, una tupida sombra, una gran dosis de afabilidad, risas y mucha playa. Nunca falla. En mis vacaciones veraniegas, he cumplido año tras año con esta ceremonia y siempre he disfrutado de una deliciosa porción de felicidad.



En las playas helenas, lo primero que observas es la cantidad de gente jubilada (o no), que pasan sus mañanas disfrutando del aire libre en el mar, o pescando o nadando. Divisas sus cabezas, con gorras generalmente blancas, que emergen del mar llenas de vida y de proyectos. Mientras, conversan de sus cosas, de la familia, la comida, de Europa, del porvenir, de política o del tiempo. A veces, en esas largas conversaciones, simplemente comentan o aclaran cómo les gusta tomar su frappé o sobre qué playa les gusta más.



Creo que con este estilo de vida genuinamente mediterráneo, el ser humano puede llegar fácilmente, hasta los 150 años de vida. Se les ve felices. Sanos. Llegan a primera hora de la mañana y siguen un ritual de contacto íntimo y directo con el mar. Entran en el agua. Se mojan la cara y con la mano hueca recogen agua del mar y beben un sorbo. Después, se sumergen en el agua. Solo se ven sus cabeza. Simplemente se quedan flotando verticalmente. 


Más tarde, yo seguía el mismo proceso y ese ritual heleno. Me hacía sentir un poco más griega (aunque fuera de espíritu) y me unía, más aún si cabe, a esa tierra que me reconforta, me recarga las pilas y me alegra mis vacaciones estivales.

domingo, 26 de agosto de 2018

Els Ports


Els Ports es un macizo calcáreo de relieve escarpado, pedregoso, con grandes fallas y acantilados. El sueño de los más arriesgados escaladores. Varias rutas reguladas de escalada y de barranquismo hacen la delicia de los enamorados de los deportes de aventura, de montaña y al aire libre.



El macizo de Els Ports se halla situado entre la Cordillera pre-litoral y el Sistema Ibérico. Abarca una extensión considerable de territorio (40 kilómetros cuadrados). Esta agrupación de montañas forma parte del territorio de tres comunidades autónomas diferentes: la catalana, la aragonesa y la valenciana. Recorriendo de norte a sur Els Ports, transitas por las provincias de Tarragona, Teruel y Castellón.




Actualmente, este sistema montañoso es un Parque Natural, fundado por Decreto en el año 2001. Contiene varias Reservas Naturales y Refugios de Fauna Salvaje.




Además, varios ríos y riachuelos tienen su cabecera en Els Ports: el río Matarranya o Matarraña, el río Pena, el Ulldemó, Els Algars, Tastavins, el riu dels Estrets y el Canaleta.



La cima más alta de todo el macizo es el Mont Caro de 1.441 metros de altura.



          

       
   
 Dependiendo de la zona se le conoce con distintos nombres: simplemente Els Ports, en Tarragona; Els Ports de Beceite o Beseit, en Teruel o Els Ports o Puertos de Morella, en Castellón.



La Primavera es sin duda la estación ideal para visitar Els Ports. Puedes hacer grandes recorridos sin pasar calor. Además, la naturaleza explota en esa época del año con la floración de la mayoría de las plantas aromáticas y la de los árboles.



Los árboles más comunes del macizo son las carrascas, los pinos, los robles, las hayas, los tejos y los olivos.



Con la Primavera, además, surgen por doquier riachuelos y fuentes que en verano, con el calor y la falta de precipitaciones, se secan. Amapolas, violetas, menta, orégano, retama, romero, tomillo, cola de caballo aparecen por doquier junto a los márgenes de los ríos.

Puedes recorrer sin grandes problemas la multitud de rutas y senderos habilitados y señalizados que existen por todo el macizo.

sábado, 11 de agosto de 2018

Forna

Aprovechando nuestra estancia en Denia, nos acercamos hasta Forna para ver su castillo medieval. Para llegar a él, pasamos primero por Orba, Pego y después por Adsubia, que está muy cerca. De hecho, el pueblo de Forna depende administrativamente de Adsubia.



La carretera de Adsubia a Forna es estrecha y sinuosa y transcurre entre un bonito valle. Desde la misma carretera se aprecia sin dificultad la silueta majestuosa del castillo. Una fortaleza impresionante construida en la cima.


Aparcamos a los pies de la montaña y subimos la empinada cuesta hasta el castillo. Estaba cerrado, pero valió la pena subir hasta allí, ya que las vistas desde la puerta de entrada al castillo, dejan ver un espectacular y bonito paisaje pedregoso, pero a la vez fértil. La base del valle está salpicada por cultivados campos de olivos, almendros y naranjos. En las laderas de las montañas, con pinos y vegetación de poca altura típica mediterránea.
Las mejores vistas del pequeño pueblo de Forna se pueden contemplar desde el castillo, ya que el pueblo se extiende a lo largo del Barranco de Forna.



El castillo o fortaleza construida sobre la roca es de planta cuadrada con 4 torres de vigilancia y altos muros que lo protegen. De hecho, toda la zona ha estado habitada desde hace siglos. Es un territorio abrupto de herencia ibera, romana y morisca. Puerta de entrada al Vall de la Gallinera.



Bajamos hasta Forna y aparcamos al lado de la iglesia.
El pueblo tiene un núcleo urbano muy pequeño, pero bonito, limpio y muy bien cuidado. Se recorre en escaso tiempo.



Hay pocos habitantes. La mayoría son extranjeros que compraron por 4 duros las abandonadas casas del pueblo y que poco a poco restauraron con esmero.
Paseando por las estrechas calles de Forna nos dimos cuenta de lo preservado que esta todo su entorno.

Como curiosidad, por el mismo centro del pueblo pasa el Camino de Santiago de la zona mediterránea.

domingo, 22 de julio de 2018

La Fresneda


Por lo menos una vez al año, nos acercamos hasta La Fresneda.
La Fresneda es un pueblo de la provincia de Teruel, situado en la Comarca del Matarraña. 
Su núcleo urbano fue declarado Conjunto Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural, en 1983. Está muy cuidado y es especialmente bonito. La mayoría de las casas del centro histórico están restauradas y sus tranquilas calles de estructura medieval, suelen estar muy limpias.

La Fresneda se localiza entre Valderrobres y Alcañíz. Como nos gusta ir a Valderrobres, normalmente, aprovechamos el viaje para visitar este singular pueblo.

Nos apetece ir a La Fresneda, porque sus calles y plazas albergan un ambiente muy animado. Por ejemplo, en la Plaza Mayor, donde se ubica el Ayuntamiento, es dónde hay mayor bullicio y diversión, porque en esta zona es dónde se sitúan la mayoría de las terrazas de los bares. En verano, estas terrazas se llenan - en particular a la hora del aperitivo y por las noches-. 


Desde el llano de la carretera A-231, se observa perfectamente la imagen de la Fresneda, dado que el pueblo se extiende a lo largo de la ladera de un monte. En la cima de ese monte, el más cercano al pueblo, se sitúa la Iglesia de Santa María la Mayor, el antiguo Castillo de la Orden de Calatrava y las ruinas de la Ermita de Santa Bárbara. 


Desde la Edad Media, La Fresneda  está documentada como villa donada a la Orden de Calatrava. Algunos de los más bellos edificios del centro histórico son grandes Palacios de estilo gótico-renacentistas, como el Consistorio del siglo XVI, la Plaza Mayor del siglo XV, el Palacio de la Encomienda del siglo XVI, la Capilla del Pilar o el antiguo Convento de los Frailes Mínimos, también del siglo XVI.


En el casco viejo, suelen organizar el mercadillo de antigüedades. Se trata de un mercado al aire libre con objetos variopintos, algunos de gran calidad y otros no tanto. Recorrerlo con calma merece la pena, sobre todo si te interesan los objetos con historia, insólitos, curiosos y bien conservados. 

Cuando ves la extensa oferta de alojamiento que tiene la Fresneda te das cuenta de la importancia turística de este pueblo. Entre los alojamientos está el hotel el Convento 1613. Hotel que utiliza las antiguas dependencias del Convento de los Frailes Mínimos, tras una respetuosa restauración y un correcto acondicionamiento del mismo. Este bonito hotel dispone de un excelente restaurante, parking y piscina. Además del hotel el Convento 1613, la Fresneda cuenta con una buena selección de alojamientos rurales y de apartamentos turísticos.