domingo, 14 de mayo de 2017

Venecia y la Biennale 2017

Hacía mucho tiempo que deseaba conocer Venecia, aunque la fama de ser una ciudad con un alto número de visitantes, me frenaba un poco. Decidí ir a Venecia aprovechando la Biennale de Arte. Así conocería la ciudad y, además, me pondría al día de las últimas tendencias artísticas.

 



           
Si Venecia tiene la reputación de ser una ciudad hermosa, con sus canales, sus iglesias y palacios renacentistas y barrocos, con la Biennale la ciudad se llena de otro tipo de Arte. Un arte que abarca un concepto más amplio y en el cual, el arte contemporáneo, los eventos y las performances forman parte importante del espacio público de la ciudad.

      


Sin rumbo fijo, intentaba descubrir algunos rincones ocultos de la ciudad. Entraba por callejones estrechos y sombríos que a veces desembocaban en recogidas plazas con bonitos palacetes y otras veces terminaban en un canal sin salida. Ese laberinto de Venecia, me pareció fascinante. Entre ese complejo laberinto de calles, descubrí la exposición de Ryszard Winiarski en el escondido Palazzo Bollani y la exposición prácticamente oculta y secreta  del pabellón de Andorra. 



  

 
  
Una parte importante de mi viaje, la pasé entre el edificio del Arsennale, los Gardini y callejeando sin rumbo.




En los Gardini, se hallan los pabellones en donde exponen los países a sus artistas escogidos para la ocasión. 
Por otro lado, en el Arsennale hay una escogida muestra de los artistas invitados por la propia Biennale, entre ellos: Maria Lai, Thu Van Tran, Rasheed Araeen, Lee Mingwei, K. Pootoogook, Shimabuku, Abdoulaye Konaté, Michel Blazy, M. Stuart, David Medalla, Koki Tanaka, Guan Xiao, Achraf Touloub, Ernesto Neto, Teresa Lanceta, Hao Liang, Franz Erhard Walter, Leonor Antunes, Gabriel Orozco, Heidi Bucher, Maha Malluh, Younès Rahmoun o Zilia Sánchez.



       

        

El edificio central del Arsennale es impresionante. Una construcción descomunal que abarca, durante unos meses, las mejores tendencias en arte contemporáneo y las más vanguardistas.


En realidad, el Arsennale es un gigantesco conglomerado de edificios civiles de curiosa arquitectura que ha pasado por diferentes etapas constructivas a lo largo de su historia. Sus orígenes datan del medievo y una gran parte de núcleo central de la construcción servía de astillero de la gran flota naval veneciana. 

Cerca del Arsennale está la animada calle de Garibaldi. Pasear y curiosear por las tiendas de esta calle constituye una diversión sencilla y asequible.

sábado, 6 de mayo de 2017

Hotel Quinta da Cruz

Desde Amarante, llegar al hotel Quinta da Cruz no resulta sencillo. No sé cómo lo hicimos pero acertamos de lleno con la salida de la autopista. Nuestra intuición nos llevó a las puertas del hotel, sin dar vuelta alguna. Nos quedamos sorprendidos de la facilidad. Habíamos leído que era bastante complicado llegar hasta allí.


El hotel se compone de un edificio antiguo, pero reformado, otro de nueva planta, una gran sala para eventos (tipo bodas y bautizos), un edificio moderno con gimnasio y piscina climatizada, una gran piscina al aire libre, campos de tenis, una pequeña capilla y un cuidado jardín.



Nosotros nos alojamos en el edificio antiguo - en la Quinta -, en la última planta. Nuestra habitación no era grande, pero si confortable, limpia, relajante y con una pequeña terraza que daba al amplio jardín. Desde el principio, estuvimos cómodos en la habitación.

El hotel tenía pocos clientes y pudimos disfrutar de la mayoría de las instalaciones, prácticamente solos.


  

Pese a que la piscina interior climatizada necesitaba mantenimiento, era un espacio sosegado y calmado, ideal para relajarse, después de las largas caminatas que hacíamos durante el día.

La sauna húmeda y la sauna seca teníamos que encenderlas nosotros, porque se apagaban si no había nadie en el gimnasio. Con lo cual era un poco incordio, porque cuando las encendías, tardaban un rato en llegar a la temperatura ideal. Sin embargo, entiendo que de esa forma no se consume tanta electricidad y se puede ahorrar energía. Algo importante para la economía del hotel y para el Medio Ambiente.


El hotel Quinta da Cruz está situado en una zona medio rural. Necesitas coche para desplazarte. Sin embargo, para nosotros, la situación del hotel fue perfecta. Nos facilitó  la visita a las iglesias, monasterios y castillos de los alrededores - que forman parte de la llamada Rota do Românico-. Además, en 10 minutos llegabas hasta Amarante o Penafiel.



Los desayunos del hotel se sirven en el antiguo edificio, en la Quinta. No faltaba de nada.  El espacio es muy bonito y los desayunos completos. Había fruta fresca, todo los tipos de pan, bollería, pastas típicas portuguesas, mermeladas, frutos secos, huevos, embutidos, quesos. Ideal para empezar el día.



        
Pese a no ser un hotel lujoso. Era confortable y plácido. No sé cómo será en temporada alta, pero fuera de temporada era un gustazo y nuestra habitación del todo relajante.

miércoles, 26 de abril de 2017

Amarante, un paseo por el río Tâmega

Normalmente, elegimos el viaje por el entorno, por lo que nos puede ofrecer el lugar. Del mismo modo, elegimos el hotel por su cercanía a ciudades que queremos conocer. Escogimos el hotel Quinta da Cruz por su proximidad a Amarante y porque desde este hotel podíamos ir, sin hacer muchos kilómetros, a la iglesia de Telões, al monasterio de Travanca  y al castillo de Arnoia.



Amarante no es una ciudad como Guimarães que mantiene en perfecto estado de conservación una gran parte de su centro histórico.

Amarante sufrió un incendio que redujo a cenizas sus edificios más emblemáticos. Su resistencia ante las tropas napoleónicas le pasó factura. Por ejemplo, los restos de la Casa dos Magalhães quedan como símbolo y baluarte de la resistencia de la ciudad frente a la invasión de las tropas francesas. Una esplendida casa solariega, tipo palacio, en la que se aprecia perfectamente que fue destruida por el fuego.


  

Pese a que Amarante no dispone de un rico patrimonio arquitectónico, son muchos los edificios que merecen la pena visitar, como la Casa da Calçada o el Monasterio de São Gonçalo. Además, dispone de un bonito e idílico puente de piedra, actualmente reconstruido, cuyo origen es del siglo XIII. Puente que durante siglos ha unido las dos orillas.



El río Támega discurre a lo largo de la ciudad. Un pequeño paseo - la Via Verde o Ecopista -
recorre ambas orillas del río Tâmega a su paso por Amarante. Cuando el tiempo está calmo muchos pescadores se acercan al río a pasar las horas, intentando pescar, aunque en realidad se trata de una excusa. Todos son conscientes de que es un magnífico punto de encuentro para charlar tranquilamente sin estar encerrado en un bar.




En verano, se habilita una zona de baño en el río Tâmega para huir del fuerte calor del estío. Es una amplia área cerca de un molino, con árboles y vegetación. En invierno, la hierba verde cubre parte del ese terreno.



Comimos en Amarante, para aprovechar la mañana y la tarde, antes de que se hiciera de noche.

No tenemos especialmente un buen recuerdo de la comida. De hecho fue el día que comimos menos bien de nuestra estancia de 10 días en Portugal. Eso sí, disfrutamos de un atardecer precioso a orillas del Tâmega, después de tomar un buen café y unos fantásticos dulces típicos de Amarante en una recomendable pastelería situada en la Rua 31 de Janeiro. Nos recordaron a los mazapanes españoles, aunque un poco más suaves.