miércoles, 9 de enero de 2019

Delfos y el Oráculo de Apolo

Desde Galaxidi, el trayecto a Delfos es panorámico. Primero, la carretera discurre paralela al mar y desde Itea, atravesando un océano de olivos, se empina por una fuerte pendiente hasta Delfos. Es un terreno seco, de agricultura típica mediterránea, con grandes rebaños de ovejas y cabras. Un lugar tranquilo y sosegado. Perfecto para pasar unas relajadas y relajantes vacaciones. A nosotros, nos fascinó no solo su entorno, también su calmada forma de vida. La gente se saluda y siempre contestan con una amplia sonrisa. Así, es la vida en Galaxidi, en Itea, Delfos y Arachova y supongo que en sus alrededores, también.


A los pies del imponente monte Parnasos y bajo las grandes rocas llamadas Fedriades, el recinto arqueológico de Delfos y su museo ocupan una extensión considerable de terreno montañoso.




La carretera que va de Itea a Atenas pasa por allí y lo parte en dos. En la zona del margen inferior de la carretera, fuera del Santuario de Apolo, se localiza: el templo de Atenea Pronaia. Quedan los restos del templo circular o Tolos. Era un edificio de planta con forma radial, en mármol de orden dórico. El recinto estaba rodeado de 20 columnas.
El templo arcaico de Atenea, el Tolos, altares y otros edificios se hallaban protegidos y delimitados por unas murallas. Desde allí comenzaba la peregrinación al Templo de Apolo para consultar al Oráculo, aunque antes de entrar tenías que pasar y purificarte en las aguas de la fuente de Kastalia.



En la parte superior del margen de la carretera, se halla el museo y la mayor parte de los restos arqueológicos, como La Vía Sagrada que conduce al Templo de Apolo. Edificio que servía de contenedor del Oráculo. A ambos lados de la Vía Sagrada, habían diferentes edificaciones votivas. Queda en pie el reconstruido edificio votivo del Tesoro de los Atenienses y las ruinas de la capilla de los Corintios. Subiendo la pendiente y pasado el Templo de Apolo y el santuario de Dionisos se hallan el Teatro y el Estadio. Todo el Santuario con sus diferentes construcciones estaba acotado por un perímetro amurallado.



Recorrimos los restos arqueológicos del Santuario por la tarde. Era agosto y hacía mucho calor, sin embargo las altas montañas ocultaban los rayos solares y podías encontrar buenas sombras. No obstante, decidimos hacer nuestra vista al museo por la mañana del día siguiente, porque había aire acondicionado dentro del museo y no importaba que hiciera mucho calor en el exterior. Además, de esta manera podíamos dedicarle muchas más horas a la visita del museo.


La localización teatral de Delfos no decepciona, tampoco lo hace las dimensiones del espacio físico de Delfos, ni los restos de las grandes columnas del Templo de Apolo o el emplazamiento del Teatro. No esperábamos nada especial, pero nos emocionó mucho poder visitarlo e imaginarnos cómo debía ser en el pasado. Un lugar de peregrinación a dónde iban los emisarios enviados por las antiguas polis o ciudades griegas para consultar su Oráculo y así tomar importantes decisiones para sus ciudades-estado.





A la mañana siguiente, ya dentro del museo, nos quedamos muy impactados cuando vimos las esculturas de los Kouros y del Auriga. Obras que habíamos estudiado y que no pensábamos que fueran tan grandes y espectaculares. Emocionan, de verdad. Por lo menos, si te interesa o gusta el Arte o si tienes un poco de sensibilidad artística.



  

Si disponéis de tiempo y vais con coche, propio o alquilado, acercaros hasta el monte Parnasos. Es uno de los picos más altos de los alrededores con casi 2.500 metros de altura. El paisaje es de alta montaña, con diversidad de plantas y abetos. Se llega desde Arachova. Si el día es caluroso, allí no lo notarás tanto.

martes, 25 de diciembre de 2018

Cabeceiras de Basto, un buen lugar para vivir


Cabeceiras de Basto es una animada población portuguesa que forma parte del distrito de Braga.


  


Se vive bien en Cabeceiras de Basto. No dispone de un centro histórico extenso y bien conservado como Guimerães, sin embargo, sí dispone de buenos comercios, excelentes restaurantes, estupendos alojamientos, museos, alrededores muy bonitos y un Santuario que da fuerza y vida a esta pequeña ciudad: el Monasterio de São Miguel de Refojos. Construcción que, junto al vecino edificio del Ayuntamiento, constituyen las edificaciones más emblemáticas y espectaculares de la ciudad. Ambas se localizan en la Praça da República que es el centro histórico de la villa y dónde se ubica la escultura-monumento de Basto, la oficina de Turismo y la bonita Casa do Barão con sus mosaicos típicos portugueses y que fue el antiguo Tribunal de Refojos. 

   


El Monumento de Basto de Cabeceiras es una réplica del original. Representa un guerrero lusitano. Estas figuras se solían colocar sobre las sepulturas de algunos guerreros heroicos. También se ha encontrado alguna estatua similar a esta en cementerios gallegos.





Justo detrás del Monasterio, se halla el museo o centro interpretativo la Casa do Tempo.

La Casa do Tempo muestra usos y costumbres de la zona, profundiza en la naturaleza de esa área geográfica y su territorio. Un lugar para comprender mejor el pasado de esta zona. Es un pequeño centro interpretativo, didáctico, sencillo y educativo que ayuda a entender mejor el progreso de esa región portuguesa. Me gustó mucho.

Hemos visitado bastantes veces Cabeceiras de Basto. Es una localidad agradable, limpia y desde la que se pueden hacer muchas excursiones. Además, la gastronomía es excelente y también sus vinos.

   



viernes, 7 de diciembre de 2018

Graus, punto de encuentro

La zigzagueante carretera que pasa por el desfiladero de Olvena, conduce hasta la pequeña localidad de Graus. El desfiladero es impresionante, sobre todo cuando llueve, por la multitud de cascadas que se forman gracias a su orografía de altos acantilados rocosos.


Cuando pasamos por la carretera que bordea el embalse de Graus advertimos que, pese a la lluvia, el embalse estaba a menos de la mitad de su capacidad. Aunque, eso sí, el río bajaba con fuerza, lo cual le confería de un intenso color tierra. Seguro que en los Pirineos llovía mucho más. Supongo que el embalse se colma con el deshielo de las nieves de los Pirineos en Primavera, sobre todo, cuando confluyen las aguas del río Ésera y del Isábena

Aparcamos en el centro, fácilmente, porque estábamos fuera de la temporada alta, pero estoy segura que debe ser complicado aparcar allí en otras épocas.

Graus es una población animada, con comercios de todo tipo. Es famosa su “torteta” y su longaniza. Es tan importante y famoso su embutido que existe hasta una feria de “tortetas” (también conocidas como “coquetas”). Embutido típico de la zona conocida como La Franja.


   

La situación geográfica de Graus, entre los montes de Peña del Morral y Las Forcas y a pie del embalse la hacen muy interesante. Evidentemente, no solo por las muchas excursiones que desde allí se pueden hacer sino también por el paisaje que la rodea, típico del Prepirineo.

   


La villa ha sido siempre un punto de confluencia territorial e histórica, un punto de encuentro.

Su casco viejo fue declarado Conjunto Histórico en 1975. Por descontado, su centro histórico es el espacio urbano más bonito de Graus.




Hace años, Graus estaba amurallada. De esta muralla aún quedan en pie tres puertas de entrada a la ciudad vieja: la de Chinchin, Linés y Barón. Sin embargo, lo más destacado de su centro histórico es la bonita plaza Mayor. Rodeada de coloristas edificios construidos sobre soportales con columnas exentas o arcos en piedra (algunos de medio punto y otros ojivales). Algunas fachadas de la plaza Mayor, como las casas Heredia y Barón, están ornamentadas con pintura decorativa.



Si quieres contemplar unas vistas espectaculares debes subir a la basílica de la Virgen de la Peña. Edificio renacentista del siglo XVII, que se halla en la Peña del Morral, aunque sus orígenes fueron románicos y góticos. La Basílica cuenta con un claustro barroco con un mirador al valle y un antiguo hospital que sirvió de residencia a obispos.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Montañana, aldea escondida

Pese a que la previsión del tiempo anunciaba lluvias, el día se despertó sin nubes. Un tranquilo día de otoño, con los árboles en tonos castaños y rojizos y un leve olor a leña quemada. Desde Benabarre, por la N230, pusimos rumbo al pequeño núcleo urbano medieval de Montañana, en la Ribagorza aragonesa. Dejamos atrás Puente de Montañana y cogimos el desvío hasta Montañana. Hasta llegar al enclave, la carretera es estrecha pero nada complicada. Aparcamos sin ninguna dificultad, porque estábamos prácticamente solos. Solamente un par de vehículos esperaban a sus dueños en el aparcamiento.


Recorrimos el pueblo en solitario. Únicamente, se oía el canto de los pájaros, algún que otro ladrido de perro y el agua del río. Un pueblo que te traslada al medievo, si no fuera por algunas antenas y los cables eléctricos. Por lo demás, la piedra es la base de todo. Una piedra tosca, tanto en el empedrado suelo como en las casas. Una piedra que ha vivido siglos.



Montañana fue declarado pueblo Histórico Artístico de Bien de Interés Cultural en 1984. Supongo que en verano las vacías calles de Montañana se llenan de habitantes de segunda residencia y de turistas que la visitan. Aunque, ahora, en otoño, está casi vacío, casi fantasmagórico.


Hace siglos, fue un núcleo amurallado, aún quedan restos de las murallas y de las puertas de entrada. Corona el núcleo urbano la bonita iglesia románica-gótica de Santa María de Baldós. Iglesia con planta de cruz latina y bóveda de cañón.


  

        

La localización de la iglesia no puede ser más impresionante. Se sitúa sobre una empinada colina, entre el barranco de San Miguel y el barranco de San Juan. Subir a ella en peregrinación debía ser todo un acto de fe, porque por su acentuada inclinación supone un notable esfuerzo llegar a hasta ella. Las vistas desde esta iglesia son de 360 grados. Unas vistas aéreas muy bonitas.

 

Está construida sobre restos de una iglesia anterior: la de San Martín.

Evidentemente, solo por ver la Portada de la iglesia de Santa María de Baldós ya merece la pena llegar hasta ella. En la portada, vemos 6 arquivoltas con columnas y capiteles historiados. En el tímpano está esculpido un Pantocrátor o Cristo en Majestad dentro de una mandorla sostenida por dos ángeles. El dintel del tímpano lo sostienen dos capitales también esculpidos. Uno de ellos aún tiene restos de policromía.



   


Desde la colina, se divisa a sus pies la ermita de San Juan, situada en el barranco de San Juan. Una pequeña iglesia románica del siglo XII-XIII. Y la torre-cárcel del siglo XI. Una torre, de unos 12 metros de altura y 4 pisos, que se conserva en buen estado.