lunes, 26 de septiembre de 2016

Voidokilia beach, la playa Omega

Voidikilia o Voidokilia beach (lo he visto escrito de las dos formas) es una de las mejores playas de la zona de Pylos. Desde nuestro alojamiento en el hotel Callisto Seaside, en Marathopoli, estaba relativamente cerca.


Atravesando el pequeño pueblo de Romanos llegamos a la playa de Voidikilia, vecina de la laguna de Gialova y de Divari beach. Toda esta zona forma parte de la red ecológica Natura 2000. Una zona que sirve de refugio a un gran número de aves migratorias.

 
 
Es una de las playas más bonitas del Mediterráneo. Su forma recuerda a la letra Omega del alfabeto griego; una playa sorprendente por su perfecta forma semicircular. Cuando llegas a ella parece que sea un círculo cerrado, pero justo cuando te sitúas en medio de ella, adviertes que está abierta por una zona, por la que la une al mar y recibe agua de él.


Su forma recogida y protegida la hace especialmente segura para el baño. Su tamaño, ni grande ni pequeña, resulta ideal. La puedes recorrer sin dificultad andando o nadando.

 
Está rodeada de acantilados rocosos y de altas dunas. En uno de sus lados, se encuentran las ruinas de un castillo y la cueva de Nestor.



En verano, a primera hora de la mañana, a las 9.00 h., la playa estaba desierta, pero sobre las 11:00h la playa se empezó a llenar y resultó un poco más agobiante. Aunque, desde luego, nada que ver con la ocupación habitual por esas mismas fechas de cualquier playa del Mediterráneo.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Callisto Seaside Homes & Suites

Si estás buscando alojamiento por la zona de Marathopoli, no me imagino un lugar mejor para hospedarse que el hotel Callisto Seaside Homes and Suites.
 

 
Nos costó un poco llegar hasta el hotel. Al llegar a Trípoli, nos extraviamos. Eso nos dificultó encontrar la carretera que lleva a Kyparissia y a Marathopoli, nuestro destino final.
 
Pasado Marathopoli a unos 3 kilómetros de distancia del pueblo se encuentra este hotel.

Fue un acierto nuestra elección, lejos del descuidado Marathopoli. Se halla entre olivos y cerca del mar y dispone de una refrescante y cuidada piscina. Hemos visitado varios años el Peloponeso y eso es un plus, porque ya sabemos distinguir entre la abundante oferta hotelera.
 
  

 
El entorno rural del hotel es el típico de la zona. Grandes extensiones de olivos que llegan hasta dónde alcanza la vista.
 
El hotel está justo en la playa Barlas beach. Una cala rocosa, con zonas de arena gruesa y otras con puntiagudas y agrestes rocas. Ideal para el buceo. Los atardeceres allí eran espectaculares. El sol naranja se escondía tras la imponente silueta de la isla de Proti. Allí, en la playa, anochecía antes.
 
 
 
La entrada al hotel ya genera una cierta paz de espíritu, con ese jardín mediterráneo, con flores y girasoles. Que huele fuertemente a albahaca y romero.
 
 
Un simpático bar-lounge, en el cual se puede desayunar (lo aconsejo) o tomar algún que otro plato a lo largo del día. Sirven bebidas frías y el omnipresente frappé.
 
 
El área de la piscina está cuidada y el césped se mantiene verde, incluso con el fuerte sol de finales de julio, principios de agosto. Esta zona, al atardecer, es un remanso de paz y apetece darse un baño en la piscina después de la dureza del sol y del agua del mar.
 
La habitación no podía ser más cómoda y bonita. Decorada en tonos pastel, invitaba al relax. Un buen alojamiento; a buen seguro, uno de los mejores de esa zona.
 
Nos gustó mucho el desayuno, servido en la terraza del bar. Sabroso yogurt griego, pan fresco, buenas mermeladas y una deliciosa tarta casera.
 
 

domingo, 4 de septiembre de 2016

Mi verano heleno, vuelta a Grecia

No sabría decir qué es lo que más me atrae de los veranos helenos, si el poder disfrutar de sus limpias playas o el modo familiar, tranquilo y relajado que tienen de vivir su periodo estival.

 
Volvemos a Grecia, porque disfrutamos intensamente del modo en que viven allí los plácidos veranos. Playa, sombrilla (imprescindible, si no hay árboles cerca), aguas transparentes, buenos precios y comida típicamente mediterránea.

Por nuestra experiencia personal, los griegos son simpáticos, educados, amables y atentos. Es un país que merece la pena conocer, porque se respira autenticidad.

 
 
 
 
Nos gusta el Kalimera de las mañanas y el Kalispera de las tardes. También, la comida griega. Cocinada con productos frescos de la tierra: berenjenas, calabacines, pepinos, tomates, pimientos, buen aceite de oliva y un sinfín de productos que forman parte activa de las comidas veraniegas. Deliciosas ensaladas. Tomates o pimientos rellenos de arroz con aroma a albahaca y comino. Su olor me transporta a esos estíos helenos de los cuales he podido disfrutar plenamente durante los últimos veranos.
 
 
 
Aún no conocíamos el suroeste y el oeste del Peloponeso. Por esa razón, decidimos no dejar más tiempo y visitarlo de una vez. Pylos, Methoni, Marathopoli, Finikounda, Kyparissia y el tranquilo pueblo de Gialova. Lugares con un rico pasado histórico con castillos francos, venecianos y torres otomanas, pero sobre todo con grandes yacimientos arqueológicos. Además, Pylos, Gialova, Methoni y Finikounda albergan tranquilas y largas playas de arena dorada.
 
 
 
Esta área de la región de Messenia es especialmente fértil y contrasta fuertemente con su vecina al este: la Península de Mani. Allí, en la Península de Mani, la piedra dura sólo deja florecer la vegetación más fuerte. En Messenia, al contrario, la tierra es fecunda: el color verde en todos sus matices, de la vegetación, es lo más característico. Flores, hierbas aromáticas y árboles dejan descansar la vista del cegador calor veraniego.

viernes, 26 de agosto de 2016

Artrip un hotel, discreto y agradable

Buscando la mejor ubicación posible para ir de museos me topé con este sencillo hotel de 2 estrellas sin pretensiones.
 
Se localiza en la calle Valencia, próximo a la plaza de Lavapiés, al Teatro de Valle-Inclán y al lado de la Casa Encendida y del Museo Centro de Arte Reina Sofía. Además, el Museo Nacional del Prado está a tan sólo 15 minutos andando de este hotel. Es decir, el emplazamiento es uno de sus puntos fuertes.
 

El hotel ocupa un edificio entero del barrio de Lavapiés. Tras una completa restauración se transformó en hotel. La recepción es pequeña, pero hay un bonito espacio para esperar mientras procedes al típico papeleo de entrada.
 
En la misma planta baja se halla el pequeño salón comedor en dónde se sirven los desayunos.
 

Puedes elegir subir a tu habitación por las escaleras de madera del edificio o por el moderno ascensor.
 
 

La habitación que me correspondió era correcta, blanca, relajante y limpia. Con vistas a la calle Valencia. Sin grandes lujos, pero con detalles interesantes como la caja fuerte gratuita y elementos de bienvenida: la fruta y el calentador de agua para hacerte un té. 
 
Asímismo, disponía de un pequeño espacio con un sofá y aunque no disponía del clásico armario en la habitación, sí que poseía una contemporánea estantería para colocar la ropa.
 
Lo que menos me gustó de la habitación fue el suelo. Estaba cubierto por una moderna tela que sin ser moqueta, se le parecía y a mí no me gustan nada los suelos con moqueta.
 
 


Los desayunos, más que correctos por ser un hotel de 2 estrellas. Se servían en el pequeño salón de la planta baja. Un espacio acogedor y cálido con panelado de madera en las paredes y decoración agradable.
 


Por lo demás, un hotel tranquilo, práctico y bien situado. Un hotel de concepto urbano adecuado para pasar unos días en el centro de Madrid. Seguramente, repetiría la experiencia de alojarme en él.