sábado, 3 de noviembre de 2018

Pantano de Pena

 

El Pantano de Pena está situado a apenas 3 kilómetros de Beceite y a unos 8 kilómetros de Valderrobres, en la provincia de Teruel.




Esta presa se construyó en los años 30 para estancar y recoger el agua del río Pena. El agua de este embalse sirve sobre todo para uso agrícola. En verano, acoge la práctica de distintos deportes acuáticos.


Los picos de Punta la Umbría, la Caixa y Tormos, rodean este enclave.




Se llega al embalse por una estrecha carretera que en algunas zonas está asfaltada y en otras es de tierra. Nosotros fuimos en Primavera. El pantano estaba rebosante. En esa zona, unos días atrás había llovido muchísimo.

El trayecto alrededor del pantano es muy agradable de recorrer, y más en Primavera. Disfrutamos recorriéndolo de principio a fin. Para nosotros, esta es la estación ideal para ver en toda su plenitud el Pantano de Pena.





El campo estaba verde y repleto de flores. Las hierbas aromáticas en plena culminación floral, sobre todo el tomillo, la retama y el romero.





Por el sendero que recorre, en paralelo, el pantano puedes caminar o ir en bicicleta, y si hace calor la sombra de los altos pinos te protegerá.




Cuando llegas al final del camino, una bifurcación te indica la ruta a seguir por un camino rural. A la derecha, atravesando un túnel llegas hasta un bonito valle y más allá de él, a los pueblos de Peñarroya de Tastavins y de Fuentespalda. Si coges el camino de tu izquierda, llegarás hasta la ermita de San Miguel de Espinalva, situada en Els Ports de Beceite, aunque siguiendo una pista forestal anexa también puedes llegar a Peñarroya de Tastavins y a Fuentespalda.


domingo, 21 de octubre de 2018

Lefkada y sus playas

Lefkada tiene un interior incontaminado, salpicado de pequeños y rústicos pueblos que entremezclan lo tradicional y sencillo, con exuberantes jardines y huertos y que hacen la delicia de los que amamos la naturaleza. Allí comprobamos que los árboles formaban parte del paisaje urbano y  atenúan el calor del verano. Lo advertimos en  nuestras visitas a Poros, Karya, Aspro, Eglouvi, Kolivata, Vafkeri, Syvros, Drimonas, Alexandros, Agios Petros y Athani. Siempre encontramos un lugar resguardado del sol, con un gran árbol que daba una buena sombra y que era ideal para sentarse a admirar o simplemente contemplar lo que te rodeaba. 





Pero Lefkada, además, tiene una costa que impresiona. De altos y agrestes acantilados o de playas en apacibles zonas costeras, dónde el mar entra sin hacer mucho ruido, como en Agios Ioannis.



Nos cautivaron muchas playas diferentes, entre ellas, como no, Porto Katsiki que está situada al oeste de la isla.




Porto Katsiki es una playa que corta el aliento. Impresiona muchísimo, por su belleza panorámica y salvaje.

La playa está rodeada de altos acantilados que mudan de color. Del blanco, blanquísimo, casi nacarado al tostado o al ocre-amarillento. Modifican su color, según le da el sol. Al ocaso con los reflejos dorados del sol, los blancos acantilados se transforman y tiñen a su vez las aguas del mar Jónico, dorándolas.



También, nos gustó mucho la playa de Kathisma. Una playa de pequeños guijarros que parecen sésamo sin tostar. Blancos pequeños y un poco alargados. En las fotos parece arena blanca, pero no, realmente está cubierta de guijarros pequeñísimos. Mejor que la arena, porque no se quedan pegados a la piel y se quitan en un momento.



Bajar a Kathisma no es tan complicado como bajar a la playa de Gialos beach o a Porto Katsiki. La carretera es un poco más ancha y no tiene tantas curvas cerradas. Aunque eso sí, casi todas estas playas del oeste, son de acceso complicado. Y todas tienen, por igual, el agua limpia y fría.

Otra de las playas que queríamos ver era la vecina de Porto Katsiki: Egremmi, pero en las fechas que nosotros estuvimos, por la zona, el acceso a la playa de Egremmi estaba cerrado por obras y no pudimos llegar hasta allí. Parte del acceso a la playa se había derrumbado.




Otra bonita playa es la de Agios Gialos o Gialos beach. No obstante, es complicadísimo arribar a ella desde Athani, porque la carretera es estrecha y muy empinada. Con curvas cerradas por las que debías circular muy atento y muy despacio.

Cuando llegas a la playa de Gialos beach aprecias rápidamente que tiene un suelo irregular, con algunas áreas de pequeños guijarros y otras de grandes piedras. Debes tener precaución al entrar al agua. Sin embargo, en seguida cubre y no importa que el fondo sea tan irregular, sencillamente, no lo tocas.




Otra de las muchas playas de Lefkada es Mikros Gialos. La playa está situada a los pies del pueblo de Poros, al sur de la isla. Es una playa cerrada con mucha vegetación y con un rico fondo marino de algas y plantas. Hay grandes zonas con posidonias.



Es bonita y apacible, pese a su fuerte ocupación, en verano. Aunque, es una ocupación familiar. Tranquila. Por las noches, no se oye ni un solo ruido. Seguro que, la gente acaba agotada de tanta playa y de la práctica de deportes marinos.

 


sábado, 6 de octubre de 2018

Mi verano en Lefkada


Lefkada tiene alrededor de 23.000 habitantes y es la cuarta isla más larga de las islas jónicas. 
Se localiza entre Corfú y Cefalonia y está conectada al continente por un puente levadizo. Cuando el puente se abre para dejar pasar los veleros o los catamaranes, se forman largas colas de coches que esperan entrar en la isla. 


Tiene unos 36 kilómetros de largo por 15 de ancho. Como el 70% de la isla es montañoso y los picos más altos pasan de los 1000 metros de altura - el Stavrota, el Elati y el Mega Oros -, podéis haceros una idea de lo complicado que resulta atravesar la isla de un lado al otro. En pocos kilómetros, las carreteras han de sortear 1000 metros de altura desde el mar a los picos más altos. Son carreteras muy zigzagueantes y estrechas, con unas curvas cerradas y muy pronunciadas.


En Agosto, la llegada en coche a Lefkada no puede ser más caótica. Largas colas de vehículos, gente andando por cualquier lado, bicis y motos que aparecen a tu lado como por arte de magia.

Nosotros, tras sortear el puerto de entrada a Lefkada, nos dirigimos al sur siguiendo la línea costera.
Nuestro primer destino fue una pequeña bahía en el sur, Mikros Gialos.
Atravesamos los famosos destinos de Nikiana y Nidri. Un caos en verano parecido al de muchas villas del levante español. Podría ser una ciudad más de ese litoral, con los mismos souvenirs, bares, cafeterías, similares edificios, aunque eso sí de baja altura por normativa urbanística de la isla, lo cual se agradece dado que todo resulta más a medida del hombre. Menos invasivo. 


En un principio, nos inquietó un poco lo que vimos y llegamos a suponer que nos habíamos equivocado. No fue en absoluto así. Lefkada merece mucho la pena. Es un destino muy recomendable, solamente hay que huir de las zonas más turísticas, si lo que te gusta es la tranquilidad y la exclusividad.





El interior de la isla es verde. Rústico, rústico. Frondoso, con infinidad de plantas aromáticas y una gran variedad de árboles: alcornoques, olivos, pinos, cipreses, nogales, higueras, limoneros y naranjos entre muchos otros. Los olivos, milenarios, son altos y tupidos y proporcionan una magnífica sombra.



Existen carreteras alternativas que discurren por parajes esplendidos, como la ruta que discurre por Syvros o la que circula por Nikoli y Manasi  y arriba a la población de Hortata. Una carretera más estrecha que la que discurre en paralelo y que conecta Vassiliki con Agios Petros.

  




La costa sur y oeste de la isla es realmente espectacular. Aunque aquí entran las preferencias. Nosotros preferimos playas tranquilas y con pocos alojamientos como la de Mikros Gialos o Agios Gialos. Es  verdad que Vassíliki o Agios Nikitas son playas espectaculares pero nos parecieron un pelín turísticas.


Llegar a Mikros Gialos ya vale la pena no tan solo por la playa, sino por el entorno. La carretera es estrecha, cuando llegas a ella desde la población de Poros. De hecho, en algunos tramos solamente puede circular un coche. Una carretera curiosa que es un viaje en sí misma.



Y qué puedo decir de las playas. Merecen un aparte. Algunas como Porto Katsiki, Agios Gialos, Agios Nikitas y Kathisma te quitan la respiración. Son imponentes catedrales marinas.