domingo, 18 de noviembre de 2018

Montañana, aldea escondida

Pese a que la previsión del tiempo anunciaba lluvias, el día se despertó sin nubes. Un tranquilo día de otoño, con los árboles en tonos castaños y rojizos y un leve olor a leña quemada. Desde Benabarre, por la N230, pusimos rumbo al pequeño núcleo urbano medieval de Montañana, en la Ribagorza aragonesa. Dejamos atrás Puente de Montañana y cogimos el desvío hasta Montañana. Hasta llegar al enclave, la carretera es estrecha pero nada complicada. Aparcamos sin ninguna dificultad, porque estábamos prácticamente solos. Solamente un par de vehículos esperaban a sus dueños en el aparcamiento.


Recorrimos el pueblo en solitario. Únicamente, se oía el canto de los pájaros, algún que otro ladrido de perro y el agua del río. Un pueblo que te traslada al medievo, si no fuera por algunas antenas y los cables eléctricos. Por lo demás, la piedra es la base de todo. Una piedra tosca, tanto en el empedrado suelo como en las casas. Una piedra que ha vivido siglos.


Montañana fue declarado pueblo Histórico Artístico de Bien de Interés Cultural en 1984. Supongo que en verano las vacías calles de Montañana se llenan de habitantes de segunda residencia y de turistas que la visitan. Aunque, ahora, en otoño, está casi vacío, casi fantasmagórico.


Hace siglos, fue un núcleo amurallado, aún quedan restos de las murallas y de las puertas de entrada. Corona el núcleo urbano la bonita iglesia románica-gótica de Santa María de Baldós. Iglesia con planta de cruz latina y bóveda de cañón.


  
        

La localización de la iglesia no puede ser más impresionante. Se sitúa sobre una empinada colina, entre el barranco de San Miguel y el barranco de San Juan. Subir a ella en peregrinación debía ser todo un acto de fe, porque por su acentuada inclinación supone un notable esfuerzo llegar a hasta ella. Las vistas desde esta iglesia son de 360 grados. Unas vistas aéreas muy bonitas.

 

Está construida sobre restos de una iglesia anterior: la de San Martín.

Evidentemente, solo por ver la Portada de la iglesia de Santa María de Baldós ya merece la pena llegar hasta ella. En la portada, vemos 6 arquivoltas con columnas y capiteles historiados. En el tímpano está esculpido un Pantocrátor o Cristo en Majestad dentro de una mandorla sostenida por dos ángeles. El dintel del tímpano lo sostienen dos capitales también esculpidos. Uno de ellos aún tiene restos de policromía.



   

Desde la colina, se divisa a sus pies la ermita de San Juan, situada en el barranco de San Juan. Una pequeña iglesia románica del siglo XII-XIII. Y la torre-cárcel del siglo XI. Una torre, de unos 12 metros de altura y 4 pisos, que se conserva en buen estado.

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