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26 diciembre 2025

Granada, la real


Al llegar a Granada desde la AP7, lo primero que vislumbramos fue la espectacular vista de los picos con nieve de Sierra Nevada. El tiempo era plácido y también más caluroso de lo esperado para ser principios de diciembre.


El apartamento dónde nos alojamos -Domus Apartamentos- tenía un concierto con un parking cercano, por ello en todos los días que estuvimos en Granada, no tuvimos necesidad o ganas de coger el coche ni un solo día. El apartamento era tranquilo -pese a dar a una calle -, limpio y cómodo. Situado al lado del Real Monasterio de San Jerónimo, cerca de la Puerta de Elvira, de la calle Jerónimo, estaba a 10 minutos de la catedral y muy cercano a la animada calle Carrera del Darro, Avenida de Colón y de la de Tablas. Desayunábamos en el apartamento, pero el resto de comidas las hacíamos fuera del alojamiento. En la calle San Juan de Dios, en Gran Capitán y en Tablas existen un buen número de cafeterías y panaderías donde comprar pan, bizcochos o cualquier otro tipo de bollería. Un gustazo.


Hacía muchos años que no visitaba Granada. La última vez, visité la Alhambra. En este último viaje, mi intención era ver otra Granada más callejera y popular. La que nos ofrece un sinfín de construcciones civiles y religiosas que enriquecen de muchas formas distintas la ciudad. Quizás uno de los aspectos más interesantes es la de perderse por el entramado de callejuelas en busca de los cármenes. Y por supuesto deambular sin rumbo por las pequeñas y laberínticas callejuelas del Albaicín. Allí se encuentran las panorámicas más bonitas de la Alhambra y de la ciudad nazarí. También, me pareció muy bonito acceder a las Torres Bermejas desde las callejuelas del barrio del Realejo.


Para mí, las mejores vistas a la Alhambra se obtienen desde la placeta del Comino o desde los jardines de la Casa del Chapiz. Cuando llegamos al famoso mirador de San Nicolás estaba atestado de gente. Imposible gozar de una buena y relajante visión. Así que buscamos alternativas a ese mirador.


Otro aspecto interesante de la ciudad es la de comer o tapear en alguno de los muchos establecimientos que inundan Granada. Comimos bien en la Bodega Castañeda de la calle Bodegoncillos, en Los Diamantes de la plaza Nueva, allí dos veces y en Sancho Original, en la calle Tablas. Sancho Original me gustó mucho. Aunque fue nuestro último día y no pudimos repetir. En este último lugar, degustamos unos de los mejores calamares a la romana que hemos probado nunca. Buen sabor, textura crujiente y ni una gota de aceite. Un auténtico manjar. En general, comimos bien, sobre todo las tapas eran buenas.  Sin embargo, la masificación turística ha facilitado o conlleva que existan un tipo de establecimientos de comidas, que no aportan ningún valor a la ciudad y que no tienen nada que ver, con los bares o restaurantes de comida local de hace unos años. También, muchas de las tiendas de souvenir me parecieron un horror. Una banalidad que afea las fachadas. 

11 diciembre 2025

Olhão, buscando el relax


Volver a Olhão me hace muy feliz. Es un lugar tranquilo y plácido, sobre todo fuera de los meses de julio y agosto. En esos meses, la mayoría de ciudadanos de los países del centro y norte de Europa, incluido España, pasan sus vacaciones fuera de sus localidades. Ese flujo de veraneantes buscan afanosamente el mar principalmente en las costas del sur del continente ya sea las portuguesas, españolas, italianas, croatas, albanesas o griegas.


Septiembre, en cambio, suele ser un mes más calmado. Ideal para viajar. El parque natural de la ría Formosa está espectacular en ese mes. Así que pusimos rumbo a la población que más nos gusta de esa área geográfica: Olhão.


Olhão nos queda lejos, ¡ya nos gustaría tenerlo más cerca!, pero nos encanta visitarlo. También nos gusta Fuseta, pero Olhão posee mucha vida y alma. Además de una buena oferta cultural. También se pueden contemplar los mejores atardeceres desde el cais d'Olhão. Suelen ser, si el cielo está despejado, brillantes con tonos dorados, anaranjados y rojizos. Impresionantes. Asimismo esta población cuenta con un mercado de fruta y otro de pescado que, si te gusta cocinar, comprobarás que su materia prima es de las mejores. Nosotros adquirimos gambas blancas y calamares y los cocinamos en el apartamento que teníamos alquilado. También comimos fuera, porque en Olhão se come muy bien. Esta vez repetimos dos días en el restaurante Terra i Mar. Descubrimos nuevos restaurantes que no conocíamos, el restaurante GNO (grupo Navall de Olhão) y también la Padaria Delícias do Olhão. Allí tienen un menú ideal para comer algo rápido.


Disfrutamos del día a día que se vive en Olhão. La gente no tiene prisa y por las tardes, sentarse en el paseo del puerto, tiene la recompensa de ver llegar los barcos y ver pasear sin rumbo a las familias con hijos. En primera línea del mar, a pie de puerto o sentada en un banco de madera en el Jardim Patrão Joaquim Lopes, el fuerte olor a mar mezclado con la frescura de la brisa atlántica hace que te reconcilies con todo.


Nos gusta pasear por la rua do Comércio, por la rua Vasco da Gama o por la tranquila calle rua Carlos da Maia con sus pequeñas casas de baja altura y llegar hasta la Praça da Restauração y la Igreja de NS do Rosário. Desde allí, vale la pena acercarse hasta la Avenida da República 14 y entrar en la Associação Cultural de Olhão, aunque solamente abre por las tardes. Es un local antiguo donde se realizan exposiciones, conciertos y actividades culturales y de todo tipo para los que viven allí. Además, cuenta con un pequeño bar-cafetería que es muy chulo y una zona al aire libre donde se celebran conciertos en verano.


Con todo, lo que más nos atrae de Olhão es su perfecta localización en el PN da Ria Formosa tan cercana a las islas de Armona y Culatra. Desde el paseo paralelo a la Avenida 5 de Outubro dispondrás de una buena visión de la ría Formosa. Te recomiendo llegar hasta el final, hasta la Real Marina, y contemplar otra panorámica de la ría. Merece la pena.

26 noviembre 2025

Torremanzanas o Torre de les Maçanes, conexión natural

Torremanzanas es una pequeña población, de unos 720 habitantes, cercana a Xixona (Jijona). Se encuentra en una zona montañosa, de secano, sin embargo, fértil y por esa razón rural, entre Alicante y Alcoi. Puedes llegar hasta allí por las carreteras CV-780 o por la CV-782. Son carreteras sinuosas y estrechas muy utilizadas por los motoristas los fines de semana. Aunque, también se pueden ver heróicos ciclistas. 


Antes de entrar al pueblo hay una serie de aparcamientos públicos, ya que el pueblo está sobre una colina y su trazado urbanístico es laberíntico y de angostas callejuelas. Nosotros llegamos por la CV-780. La villa dispone de varios comercios, bares, casas de alojamiento rural y carnicerías con un embutido típico de la zona -morcillas de cebolla, longaniza de pascua, sequet, sobrasada, blanquets etc- que está muy, muy bueno.

Durante años, toda esta área geográfica fue zona limítrofe entre los territorios conquistados por Alfonso X el Sabio y Jaume I y el territorio almohade. Desde el medievo, Torremanzanas o la Torre de les Maçanes dependía de la Corona de Aragón y de la diócesis de su vecina Xixona. Se segregó de Xixona ya en el siglo XVIII y finalmente alcanzó en 1805, el título de villa.

En la zona más alta de esta población está el edificio conocido como El Castell. Se trata de una torre probablemente almohade edificada alrededor del siglo XII. Construída como una torre de vigilancia para proteger la alquería conocida como Iri. Era una zona fronteriza. Hay paneles explicativos sobre las hipótesis de la arquitectura de este conjunto fortificado. En el siglo XIII, pasó a llamarse, simplemente, la Torre. Eso aceleró el cambio de nombre a esta localidad que pasó a llamarse Torre de les Maçanes. En el siglo XIV se realizan grandes reparaciones por orden de la última mujer del rey Pedro IV, el Ceremonioso, Sibila de Fortià. De la antigua estructura de este antiguo conjunto fortificado, solamente queda la restaurada Torre (el Castell). De planta cuadrada. De 10 metros de lado por 15 metros de altura. Existen vestigios de otros edificios alrededor de esta torre. Se sabe que estuvo amurallada y protegida. Durante los últimos tres siglos, la familia Rovira fue la propietaria de este edificio. Al final, en 1989, la cedió al municipio. Ahora, la torre se utiliza como sala de exposiciones. 

Otro de los edificios patrimoniales de Torremanzanas es la Masia "La Foia". Una masia con cuatro garitones en cada esquina, aunque de esos cuatro solamente quedan en pie tres. Seguramente esta masía típica valenciana fue antes, de su época cristiana medieval, una alquería almohade. El edificio es muy bonito y se localiza en uno de los extremos del pueblo, antes de la subida al Mirador y a la torre, el Castell

La parroquía de Santa Anna es la iglesia de esta villa. De planta de cruz latina, con capillas y sin cúpula. Edificada en el siglo XVI, se ha construído sobre una antigua necropolis. Aunque, la iglesia fue quemada en la guerra civil y posteriormente restaurada. Esta al lado de una antigua nevera. Se trata de un deposito para la nieve y la conservación de alimentos, de momento, en desuso.

Pasear por el casco histórico tiene su recompensa. Desde el Mirador, la visión del paisaje es muy bonita. Una visión de casi 360 grados. También, desde Torremanzanas puedes realizar muchas excursiones. Por ejemplo,  puedes recorrer la rutas del Pou del Retornat o caminar por los alrededores de la Serra dels Plans.