martes, 20 de febrero de 2018

Minerva, una villa con nombre de diosa romana



Desde Homps, es un paseo ir hasta Minerve -Minerva-, aunque en los últimos kilómetros la carretera se vuelve sinuosa. Esperábamos mucho de Minerve, ya que nos habían hablado muy bien de este pueblo y no nos defraudó. 


La villa se localiza sobre un alto peñasco rocoso. Para acceder a ella puedes hacerlo por carretera y después entrar por una de las puertas de la muralla (por ejemplo, por la entrada que da al lecho del río Cesse) o puedes aparcar en la zona habilitada para ello y cruzar un alto puente. Puente que se construyó en el 1908. Antes de su construcción, la entrada a la ciudad amurallada se realizaba por una de sus puertas. 



 

El paisaje que rodea Minerve es curioso. El río Cesse y las aguas de la lluvia han creado un paraje zigzagueante, con altos muros de roca con cuevas y hasta puentes naturales. Altos muros rocosos entre los meandros del río. Un río que no lleva agua en verano.

La zona es árida y su disposición crea un buen vino con denominación de origen controlada. Existen varias bodegas en la ciudad para la cata de vinos. 




Pasada la muralla, los sillares de piedra están presentes en casi todas las fachadas del centro de Minerva. La piedra también, está presente en la calzada. Piedra sobre piedra sobre roca eso es Minerve. Una villa rústica y dura en un paraje misterioso. 




La ocupación de este territorio es muy antigua. Hay constancia de que en el siglo I a.C. fue un destacamento de la Legión romana. En el siglo IX, Minerve se amuralló.

Dentro de la zona amurallada, se encuentra la Iglesia de Saint Étienne. Iglesia construida entre el siglo XI y el siglo XII. Se edificó cerca del castillo. El ábside es del siglo XI, pero la nave se modificó en el siglo XII.



En el medievo, la historia de la ciudad es truculenta. Allí se refugiaron 140 cátaros que huían de la orden de los cruzados, capitaneados por Simón de Montfort. Después de un largo asedio los cruzados obligaron a los cátaros a abjurar de su fe, pero se negaron y fueron los 140 condenados a la primera hoguera colectiva. Una historia triste. Sin duda.

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