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25 marzo 2026

Gran Canaria, naturaleza en estado puro


He descubierto en mi viaje a Gran Canaria la abrumadora diversidad de paisajes y de climatología de la isla. Ni lo sabía, ni me lo imaginaba. Tampoco sabía la dificultad que nos íbamos a encontrar para abarcar este territorio. En parte, debido a que muchas de las vías del interior de la isla son laberínticas y angostas carreteras con muchas curvas para sortear su abrupta geografía. Tampoco nos ayudaban las fuertes rachas de viento. En los días de nuestra estancia en la isla, los vientos alisios golpearon con fuerza toda esta área geográfica. Durante nuestra visita a Gran Canaria, nos topamos con los restos de la borrasca Regina que recorrió la isla, sobre todo en su zona norte. 


Una vez ya en Gran Canaria, teníamos especial interés en conocer las zonas reconocidas por la UNESCO como reservas de la biosfera. Existen varias zonas de alta conservación de la biodiversidad y están compuestas por ecosistemas, tanto terrestres como marinos. En estas áreas se intenta mantener un equilibrio entre la protección del medio natural y el desarrollo económico y social. Entre otras zonas, se encuentran la Reserva Natural de Inagua, el parque natural de Tamadaba, el parque natural de los Pilancones, los Riscos de Tirajana, la zona litoral entre la Aldea de San Nicolás, la costa de Mogán y el monumento natural del Roque Nublo. Sin embargo, no nos imaginábamos que en la mayoría de estas reservas solamente puedes acceder por intrincados senderos y por algunas rutas habilitadas, no aptas para los que sufren vértigo. En realidad, resulta lógico porque sirve para preservar su conservación del impacto que supondría para los ecosistemas el fácil acceso, ya que podría generar una gran masificación.


Durante nuestra estancia en la isla, comprobamos que el sur es más seco y soleado debido a que las altas montañas impiden el paso de las nubes. Dividimos los 6 días que disponíamos en 3 noches en el noroeste y 3 noches en la zona noreste de Gran Canaria, para acceder por la autovía GC-1 a la zona sur de la isla, pero finalmente muchos días acabamos mezclando la zona norte y la sur en la misma jornada. Algunos días, desayunábamos en el norte y comíamos en algún restaurante del sur. Después de comer, por las tardes, buscamos el sol en la isla. Hacíamos excursiones por la mañana y por la tarde buscamos una playa, no ventosa para el relax y los baños. Si en el norte nos despertábamos con 8 grados, por las tardes en el sur alcanzábamos los 25 grados. Así que nos vestíamos a capas.

        

Organicé el viaje para pasar unos días en el noroeste, en la zona de Agaete-Puerto de las Nieves, porque quería conocer el valle de Agaete, Los Berrazales, el Barranco de Guayedra, el Risco de Faneque - que es el acantilado más alto de España con una altitud de superior a los 1.000 metros sobre el nivel del mar-, el Parque Natural de Tamadaba, la Reserva Natural de los Tilos de Moya, Gáldar, el Cenobio de Valerón y la aldea de San Nicolás. El territorio norte de la isla recoge la humedad del agua del mar y de nubes que llegan desde el océano Atlántico creando una asombrosa biodiversidad forestal y boscosa. Podía llover y, en media hora, aparecía el sol con fuerza, pero no podías descuidarte porque podía retornar la lluvia en cualquier momento.


Nuestro segundo alojamiento estaba cerca de Santa Brígida, para visitar desde allí la Vega de San Mateo, Tejeda, el Roque Nublo y Teror. No obstante, y pese a la cercanía con estos otros lugares, nos quedamos sin ver Arucas, Firgas, Valleseco, Artenara y ¡Las Palmas de Gran Canaria!. Este segundo alojamiento también tenía la ventaja de permitir acercarnos rápidamente al sur por la autovía GC-1.


Pese a que no pensábamos ir al Puerto de Mogán, finalmente lo visitamos pensando que nos gustaría mucho, cosa que no sucedió. Es bonita, sí, pero resultaba agobiante. Demasiados turistas. No se podía ni andar, ni contemplar tranquilamente esta singular localidad. Visitamos asimismo las Dunas de Maspalomas y aunque reconozco que también había mucho turismo, me gustaron. Son impresionantes. Tampoco pensaba recorrer el Barranco de la Aldea de San Nicolás hacia Mogán pasando por el Pico de Inagua, ni descender dos veces por la estrecha carretera de Tejeda a Fataga, pasando por San Bartolomé de Tirajana y lo hicimos dos veces. Nos ha quedado mucho por ver y conocer pero eso resulta perfecto. Nos quedan ganas de regresar y, también, de conocer otras islas.

11 marzo 2026

Valderrobres y su castillo-iglesia


Valderrobres es la capital administrativa de la comarca del Matarraña, el río que da nombre a esta comarca y que discurre por esta villa. Valderrobres es una pequeña ciudad con todos los servicios, públicos o privados, para vivir muy bien. Tiene escuela, un gran centro polideportivo, consejo comarcal con una oficina de Turismo, centro de salud, dos residencias para las personas mayores, restaurantes, hoteles y casas rurales, panaderías, comercios de todo tipo, cafeterías, bares, gasolineras, un pequeño polígono industrial y cualquier otro servicio que facilite el vivir en condiciones para que no tengas que desplazarte muy lejos. En Valderrobres todo son ventajas, excepto en los meses de verano donde la población se triplica y con ella los inconvenientes del barullo y del ruido de las terrazas de los bares.


Valderrobres estuvo amurallada y protegida durante siglos. Quedan visibles restos de la muralla y de algunas puertas de acceso al centro histórico, como la de Bergós. En el siglo XIV se comenzó a edificar la muralla. También se construyó el Portal de San Roque -la puerta principal- por el que se accedía al recinto amurallado. Para entrar, debías cruzar por un puente de piedra construido sobre el río Matarraña. Queda aún intacto este antiguo puente. Así que el puente está asociado a la entrada a la villa. Se construyeron a la par.


Tras atravesar el portal de San Roque, en intramuros, flanquean la entrada a la villa dos de los edificios civiles más importantes del centro histórico: la Casa Consistorial (siglo XVI) y el Palau (antigua fonda). El casco histórico de Valderrobres se concentra alrededor del Castillo-Iglesia y por un complicado entramado de callejuelas laberínticas se llega hasta la plaza de España donde se halla el Ayuntamiento, el Palau y el Portal de San Roque y algunas de las casas más nobles.


Había visitado el Castillo de Valderrobres cuando era pequeña antes de que comenzará la restauración en el 1984 y también sobre el año 2000. Sin embargo, pasan los años y siguen las obras de intervención para su restauración y recuperación. Sin duda es un castillo grande, de varias plantas y es complicado acometer todas las intervenciones arquitectónicas por falta de presupuesto. A esta construcción se le ha de añadir la Iglesia de Santa María la Mayor (a la que está unida por un pasadizo) Ambas construcciones forman parte del Patrimonio Cultural Aragonés. Ahora lo gestiona la Fundación Valderrobres Patrimonial o al menos gestiona las entradas al recinto.


El Castillo de Valderrobres se construyó sobre uno anterior. Su localización en la cima de un peñasco calizo, aportó las piedras que tallaron, en sillares rectangulares, para su edificación. Su planta es hexagonal, con muros macizos y de construcción defensiva y austera. Coronan el castillo tres pequeñas torres almenadas. Al interior del castillo se accede por una puerta con arco. Se divide en varias plantas. En la planta baja, la planta inmediata a la entrada, en su lado izquierdo se encuentra la zona de las caballerizas y la sala de los mozos de cuadra. Justo enfrente de la entrada de acceso, tras unos peldaños, está la sala capitular o sala de espera. Al fondo de esta sala, la bodega y un pasadizo que comunica el castillo con la iglesia.


La primera planta del castillo lo ocupan las salas más nobles y más bonitas del castillo: el Salón de la Chimenea (que se comunica por dos vanos con la cocina), el Salón del Sur (estancia del arzobispo) y la Sala de los Leones, con una pequeña antesala. Todas disponen de esbeltas ventanas. En esta planta también, se halla la cocina, una necesaria (letrina) y la despensa.

En la segunda planta, se pueden ver los restos de la roca o peña sobre la que se asienta toda la construcción. Se halla rodeada de muralla y de la galería sur y oeste, también está la cúpula invertida de la cocina, una torre de acceso a la galería superior, una letrina y algunas ventanas saeteras del siglo XII.


La iglesia de Santa María la Mayor preside junto al castillo la cima de la colina. Iglesia de una sola planta rectangular en tres tramos, con capillas entre los contrafuertes. Las iglesias del gótico aragonés de una sola planta son comunes de la Corona de Aragón. Es una iglesia austera como el castillo y también se construyó con sillares de piedra. Ambas construcciones forman un conjunto homogéneo y compacto. La piedra caliza de ambas construcciones tiene la particularidad del color. Si luce el sol parece más ocre o amarillenta, si está nublado o hay poca luz la piedra parece más grisacea.