sábado, 11 de agosto de 2018

Forna

Aprovechando nuestra estancia en Denia, nos acercamos hasta Forna para ver su castillo medieval. Para llegar a él, pasamos primero por Orba, Pego y después por Adsubia, que está muy cerca. De hecho, el pueblo de Forna depende administrativamente de Adsubia.



La carretera de Adsubia a Forna es estrecha y sinuosa y transcurre entre un bonito valle. Desde la misma carretera se aprecia sin dificultad la silueta majestuosa del castillo. Una fortaleza impresionante construida en la cima.


Aparcamos a los pies de la montaña y subimos la empinada cuesta hasta el castillo. Estaba cerrado, pero valió la pena subir hasta allí, ya que las vistas desde la puerta de entrada al castillo, dejan ver un espectacular y bonito paisaje pedregoso, pero a la vez fértil. La base del valle está salpicada por cultivados campos de olivos, almendros y naranjos. En las laderas de las montañas, con pinos y vegetación de poca altura típica mediterránea.
Las mejores vistas del pequeño pueblo de Forna se pueden contemplar desde el castillo, ya que el pueblo se extiende a lo largo del Barranco de Forna.



El castillo o fortaleza construida sobre la roca es de planta cuadrada con 4 torres de vigilancia y altos muros que lo protegen. De hecho, toda la zona ha estado habitada desde hace siglos. Es un territorio abrupto de herencia ibera, romana y morisca. Puerta de entrada al Vall de la Gallinera.



Bajamos hasta Forna y aparcamos al lado de la iglesia.
El pueblo tiene un núcleo urbano muy pequeño, pero bonito, limpio y muy bien cuidado. Se recorre en escaso tiempo.



Hay pocos habitantes. La mayoría son extranjeros que compraron por 4 duros las abandonadas casas del pueblo y que poco a poco restauraron con esmero.
Paseando por las estrechas calles de Forna nos dimos cuenta de lo preservado que esta todo su entorno.

Como curiosidad, por el mismo centro del pueblo pasa el Camino de Santiago de la zona mediterránea.

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