jueves, 11 de enero de 2018

Peyriac-de-Mer, esencia inspiradora

La zona costera entre Saint Cyprian y Gruissan es sorprendentemente variada. Largas playas como las de Canet en Roussillon o las de Gruissan, lagunas, marismas y acantilados rocosos en la zona del faro de Leucate.

Desde Saint Cyprian, playas, salinas y arenales corren paralelos a las lagunas. Un entorno natural protegido de grandes dimensiones y de una belleza inigualable. 


Llegamos a Peyriac-de-Mer un día desapacible y aunque no había llovido nada, el cielo estaba plomizo y oscuro. 


Peyriac-de-Mer se halla en la región de Occitania, en el departamento de Aude. Rodea el enclave la laguna, antiguas salinas, de Étang du Doul. Delante del pueblo se encuentran las pasarelelas de madera, con pilotes sobre el agua. Ideal para pasear por ellas. 



El agua de la laguna nos mostraba diferentes tonos de grises. Se sucedían una multitud de algas de color verde claro y amarillo. Los tonos del paisaje mostraban tonalidades otoñales. Cobrizos, naranjas y amarillos, que se mezclaban con el verde de los pinos.


Unos pocos, nos aventuramos sobre las pasarelas que discurren sobre la laguna. En algunas zonas, estaban un poco resbaladizas y era conveniente ir con cuidado. El recorrido es precioso y puedes contemplar grandes bandadas de pájaros. Sobre todo, garzas y flamencos rosados. Un espectáculo de la naturaleza, que nos sobrecogía por su rara belleza. 


Aparte de estas excursiones sobre el agua, es posible realizar diferentes rutas alternativas por los alrededores de la Bodega Château de l’Ille. Bodega o Domaine que está sobre una colina, pasado el Étang du Doul. Es posible llegar hasta la misma bodega, en coche o caminado.





Peyriac-de-mer es un pueblo bonito, tranquilo, con una iglesia fortaleza impresionante del siglo XIV –Saint Paul-. En la plaza de la iglesia, se arremolinan unos cuántos bares, ideales para tomar algo fresco, una copa de vino de la zona o un café calentito, según la temperatura del día.



 

En su mayoria, las calles de Peyriac son estrechas, con las típicas casas de costa francesa con porticones de colores dónde predominan, sobre todo, diferentes tonos de azul.



Un lugar entrañable, con un cierto toque poético. Dónde la vida fluye en contacto directo con la tierra y el mar. Bonito y plácido, para repetir si buscas paz interior y una íntima conexión con la naturaleza. 

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