domingo, 3 de septiembre de 2017

¡Kalimera, Hellas! ¡Buenos días, Grecia!

Nos ponemos eufóricos cuando llega el mes de junio, porque está más próximo nuestro viaje a Grecia. Durante los últimos años, una parte importante de nuestras vacaciones veraniegas, las hemos disfrutado en el país heleno. 

 

Cuando estoy aturdida por la vorágine de la ciudad y el trabajo, se me olvida lo mucho que me gusta Grecia, pero cuando regreso allí, comprendo mi fascinación por este país. Contiene los elementos principales  para pasártelo bien, o por lo menos para que yo me lo pase bien. Una naturaleza con grandes contrastes. Zonas áridas, aparentemente desérticas, humildes y complicadas. Otras áreas, con una vegetación deslumbrante, de manto verde, tupido y frondoso. 


En líneas generales el carácter heleno es afable. En las zonas rurales o en los pequeños núcleos urbanos, siempre te saludan por la mañana con una sonrisa y un Yasas o un Kalimera; por las tardes, con un Kalispera.


Grecia posee una línea costera extremadamente sorprendente. Con largas playas y/o pequeñas calas que satisfacen todos los gustos posibles. Siempre encontrarás una playa para la satisfacción de uno. Las hay de rocas, ideales para el buceo, de guijarros para no ensuciarte de arena y las hay de arena fina dorada o blanca. También, he visto playas que no lo son; sólo una simple escalerilla en un puerto para entrar al mar a nadar. Hacen la vez de improvisadas playas.


Desde cualquier ángulo de las atalayas costeras helenas puedes observar el serpenteante litoral recortado sobre el intenso azul del mar griego. Es una gozada. No nos cansamos de contemplarlo. Nos fascina.



La costa helena, se halla salpicada de multitud de islotes e islas de diferentes tamaños (más de tres mil). Pequeñas como la de Itaka, Kalamos, Milos o Paxos, medianas como la de Lefkada o la de Kefalonia o Citera y grandes islas como la de Creta o la de Corfú. También, hemos visto peñascos puntiagudos e inhóspitos que sobresalen desafiantes del mar y que no llegan a ser ni siquiera islotes. Son solamente rocas esparcidas, sin orden aparente,  a lo largo de la costa.

 

          

Este año,  hemos viajado a la área geográfica de Epiro. Lo que más nos ha sorprendido del viaje es la altura de las montañas de esta zona: la Cordillera del Pindo. 



Cordillera imponente que corre paralela al mar Jónico, de norte a sur. Con un pico de más de 2.600 metros -el monte Smolikas-. Sus montes son picudos y pelados en las cumbres. 

En invierno, suele llover mucho en el territorio del litoral norte próximo a Albania y nieva fuertemente en las cumbres más altas y cercanas a Ioánnina. 



Hemos aprovechado que concurrían muchos ríos por la zona, como el mítico río Acheron o Aqueronte, para vivir otro tipo de viaje, no tan de playa. Turismo de interior, tranquilo y relajante. Ideal para combatir el fuerte calor del verano.

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