viernes, 9 de junio de 2017

Venecia, la seductora


Venecia es mucho más que la plaza de San Marcos y las calles que la rodean. Más que el Palazzo Ducale, la emblemática Basílica de San Marcos o el representativo Teatro La Fenice; aunque sin lugar a dudas los tres son edificios fascinantes e imprescindibles. Lo verdaderamente seductor de Venecia es la ciudad en su conjunto, con todas sus particularidades. Esencialmente, su estructura laberíntica, tan oriental. Sus canales y sus palacios, pero también otro tipo de construcciones más ligadas al funcionamiento práctico de la ciudad, como las plazas - llamadas "campo" o "campielli" si son más pequeñas -, el puerto y los astilleros.

Me gustaron mucho las plazas de Santa Margherita, de San Polo y de Sant'Anzolo. También las pequeñas plazas o "campos" de Pozzi, San Tomà y S. Zaccaria.


Que Venecia sea una ciudad sin coches le beneficia. Principalmente, porque se libra del estrés acústico que suponen los coches en el centro de las ciudades. La ausencia de coches hace que también quede al margen de la polución constante que generan los automóviles en las ciudades. 

A primera hora de la mañana, no hay prácticamente ruidos. Mientras paseas por esas estrechas calles que rodean la Plaza San'Marcos, antes de la llegada de las hordas de turistas, te asombra el silencio que respira la ciudad.





Un interesante ejercicio visual, es el de comparar un cuadro de Canaletto con una foto actual del mismo lugar. Por ejemplo, al ver un cuadro del citado pintor de la plaza de Sant 'Marco de 1730, te das cuenta de lo poco que ha cambiado la plaza. Ocurre lo mismo con otras zonas de la ciudad.

Si lo deseas, toma una foto del Gran Canal de Venecia o de la entrada al Arsennale y  compárala  con las "venutas" que pintó Canaletto sobre los mismos temas: el gran Canal o la entrada al Arsennale. No apreciarás la diferencia. La arquitectura se mantiene  prácticamente igual que en el siglo XVIII. Sólo que ahora puedes observar que, sobre los tejados, aparecen las modernas antenas, prototípicas de nuestra era.



 


Ha sido una suerte ir a Venecia para la inauguración de la Biennale, dado que coincide con la primavera que llena de vegetación y flores los jardines al mismo tiempo que "florecen" obras artísticas en cualquier rincón de la ciudad. Es una conjunción irresistible.


Instalaciones, eventos artísticos y performances hacían que las calles rebosarán aún más de color y de diversión. Color que ya respiran algunas calles venecianas con la ropa tendida entre los edificios de vecinos, como las calles adyacentes a la vía Garibaldi y que llegan más allá de la calle o canal  Fondamenta Sant'Anna. Ropa mojada de alegres colores que se halla tendida en un orden escrupuloso y en cierto modo estético.




Me gustó ir un viernes al mercado de Rialto y deambular entre las paradas de fruta o de pescado. Caminar por las calles de los alrededores y topar por casualidad con un museo: La Galleria d'Arte Moderna e Arte Oriental. Un museo que me dejó muy buen sabor de boca.



Me deslumbró Venecia por su historia y su arquitectura, pero además por sus peculiaridades venecianas que me sorprendían a cada paso o al girar una esquina. A veces, jugaba a descubrir los leones, de piedra o metal, que esconde la ciudad. Hay miles. Pierdes la cuenta. En la foto superior, en la entrada al Palacio o Palazzo Ducal, aparece un león alado sosteniendo un libro abierto, símbolo de Venecia. Un símbolo que está presente en toda la ciudad.



       

Venecia me cogió por sorpresa. Me dejó cautivada. No me esperaba lo mucho que me ofreció esta ciudad.

Si vuelvo a Venecia, intentaré que coincida con una Biennale, la de Arte o la de Arquitectura. Me da igual. Una tiene lugar en años impares y otra en años pares.

Las bienales confieren una atmósfera cosmopolita a la ciudad. Aunque, cualquier fecha es buena para ir a Venecia; yo personalmente huiría de los meses de julio y agosto. Por ser temporada alta de vacaciones en Europa y porque son las fechas de mayor afluencia de cruceristas.

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