miércoles, 26 de abril de 2017

Amarante, un paseo por el río Tâmega

Normalmente, elegimos el viaje por el entorno, por lo que nos puede ofrecer el lugar. Del mismo modo, elegimos el hotel por su cercanía a ciudades que queremos conocer. Escogimos el hotel Quinta da Cruz por su proximidad a Amarante y porque desde este hotel podíamos ir, sin hacer muchos kilómetros, a la iglesia de Telões, al monasterio de Travanca  y al castillo de Arnoia.



Amarante no es una ciudad como Guimarães que mantiene en perfecto estado de conservación una gran parte de su centro histórico.

Amarante sufrió un incendio que redujo a cenizas sus edificios más emblemáticos. Su resistencia ante las tropas napoleónicas le pasó factura. Por ejemplo, los restos de la Casa dos Magalhães quedan como símbolo y baluarte de la resistencia de la ciudad frente a la invasión de las tropas francesas. Una esplendida casa solariega, tipo palacio, en la que se aprecia perfectamente que fue destruida por el fuego.


  

Pese a que Amarante no dispone de un rico patrimonio arquitectónico, son muchos los edificios que merecen la pena visitar, como la Casa da Calçada o el Monasterio de São Gonçalo. Además, dispone de un bonito e idílico puente de piedra, actualmente reconstruido, cuyo origen es del siglo XIII. Puente que durante siglos ha unido las dos orillas.



El río Támega discurre a lo largo de la ciudad. Un pequeño paseo - la Via Verde o Ecopista -
recorre ambas orillas del río Tâmega a su paso por Amarante. Cuando el tiempo está calmo muchos pescadores se acercan al río a pasar las horas, intentando pescar, aunque en realidad se trata de una excusa. Todos son conscientes de que es un magnífico punto de encuentro para charlar tranquilamente sin estar encerrado en un bar.




En verano, se habilita una zona de baño en el río Tâmega para huir del fuerte calor del estío. Es una amplia área cerca de un molino, con árboles y vegetación. En invierno, la hierba verde cubre parte del ese terreno.



Comimos en Amarante, para aprovechar la mañana y la tarde, antes de que se hiciera de noche.

No tenemos especialmente un buen recuerdo de la comida. De hecho fue el día que comimos menos bien de nuestra estancia de 10 días en Portugal. Eso sí, disfrutamos de un atardecer precioso a orillas del Tâmega, después de tomar un buen café y unos fantásticos dulces típicos de Amarante en una recomendable pastelería situada en la Rua 31 de Janeiro. Nos recordaron a los mazapanes españoles, aunque un poco más suaves.

domingo, 16 de abril de 2017

Boticas Hotel Art Spa

En invierno, el área geográfica de Boticas es fría porque está rodeada de montañas - la Serra de Barroso, las Serras do Leiranco y Pindo y la Serra das Melcas.


Nosotros tuvimos suerte con la climatología, en Boticas. Los días anteriores a nuestra llegada al Boticas Hotel Art Spa, había habido mucha niebla en el área. Mientras nos acercábamos al hotel, en el cielo no quedaba ni una sola nube, ni tan solo restos de niebla.
Sólo nos visitó la niebla por la noche. Cuando se iba el sol, la niebla creaba una atmósfera fantasmagórica. Durante el día, la potencia del sol despejaba cualquier resto de niebla de la noche anterior.



El edificio del Boticas Hotel Art Spa es de nueva construcción. Su estructura es rectangular. Dispone de grandes ventanales y  de un  interior minimalista de líneas simples y puras.

Está situado al lado del Ayuntamiento de Boticas y del Centro de Artes Nadir Afonso. Todos estos edificios mantienen una configuración arquitectónica similar. Diferentes al resto de los edificios del centro de Boticas.


   
 
Nos  dieron una habitación que daba a la calle. Unos grandes ventanales, que llegaban del suelo al techo de la habitación
 inundaban de luz la estancia, pero el frío que hacía en la calle empañaba los cristales, aunque sólo a primera hora de la mañana y por las noches. A mediodía, la fuerza del intenso sol hacía desaparecer rápidamente cualquier muestra de humedad.


 
 

El Centro de Artes Nadir Afonso está justo al lado del hotel. Vale la pena visitarlo. La entrada es gratuita. No es muy grande, pero contiene una buena selección de obras de este artista portugués.


Sólo llegar a la habitación abrimos la calefacción, pero tardó un buen rato en calentarse. Una vez caliente el cuarto, estuvimos muy cómodos. La cama era enorme, quizá demasiado para ese espacio. Debía ser una cama de dos por dos. Excesiva.

Al inicio de nuestra estancia en el hotel, no tuvimos vecinos. Sin embargo, el último día llegaron unos clientes a la habitación de al lado y comprobamos que la insonorización no era la ideal.

Una simple cortina blanca separa el espacio de la habitación de la zona de la ducha y del lavabo. Pese a ser un tanto indiscreto, tenía su gracia y no nos supuso ningún problema de falta de intimidad.



 
 


La zona del spa la encontramos un poco pequeña y el agua de la piscina quizás un poco fría, pero para pasar un rato ya estaba bien.

El desayuno era un aparte. Uno de los mejores desayunos que hemos consumido en Portugal. Había de todo en cantidad y calidad. Descubrí el queso portugués: Seia. Un gustoso queso de oveja. Me he vuelta adicta a él. Compré un montón, así como mermeladas caseras, miel, pastas, Vinho Verde, Vinho dos Mortos y un sinfín de latas de atún y de paté de sardinas.


 
 

Boticas Hotel Art Spa es un alojamiento adecuado y funcional, sobre todo si quieres conocer todo lo mucho que te ofrece la Serra do Barroso.



Si te alojas en Boticas en el hotel o en cualquier otro alojamiento y te gusta la naturaleza, no dejes de ir al Boticas Parque Natureza e Diversidade. Lo atraviesa el río Beça, que nace en la Serra do Barroso y es un afluente del río Tâmega.


En el parque, han habilitado unas pistas o sendas de madera,  para frenar el impacto del hombre. Si te gusta caminar por el campo y el bosque, la visita al parque no defrauda. Es un espacio paisajístico protegido. Puedes observar una gran cantidad de aves. En invierno, es muy apacible. En Primavera, me imagino que debe ser precioso con los árboles ya con hojas, los helechos verdes y las plantas en plena floración.

jueves, 6 de abril de 2017

Boticas, para repetir

Boticas se localiza en el noroeste de Portugal, cerca de Chaves y Montealegre, en el conselho de Tras-os-Montes. Se extiende por la Serra do Barroso, formando parte de las famosas tierras de Barroso -que dan nombre a un tipo de raza bovina, la Barrosa-. La miel de Barroso también tiene especial renombre.


Boticas es una pequeña población de unos 4.000 habitantes desperdigados a lo largo de la carretera y en las laderas de las montañas que rodean el valle dónde se sitúa el núcleo urbano.
Este núcleo urbano es de reciente construcción. La parte más antigua queda un poco más alejada del actual centro administrativo y comercial. Por ejemplo, el edificio del Ayuntamiento es de líneas contemporáneas, igual que sus vecinos el Boticas Hotel Art Spa y el Centro de Artes Nadir Afonso.

 
    


El pueblo cuenta con comercios, gasolineras, una biblioteca, museos, una estación de autobuses, bares, restaurantes. Hasta dispone de una amplia zona deportiva, con un gran campo de fútbol y varias piscinas, una de ellas climatizada para utilizarla cuando hace frío o llueve. Es un lugar ejemplar para que los niños crezcan, porque se vive muy bien.

En invierno, Boticas no tiene turistas. Se puede pasear tranquilamente por el Parque de Lazer do Ribeiro do Fontão. Un parque relajante.



Para nosotros lo mejor sin duda de Boticas es su naturaleza, concentrada en el bonito Parque de Boticas Parque Natureza e Biodiversidade, localizado a las afueras del núcleo urbano, a unos pocos kilómetros de la población de Boticas. Se trata de un parque temático para promover la gestión de los espacios naturales protegidos y para preservar su biodiversidad.



Boticas tiene entornos paisajísticos interesantes y únicos. Pese a los últimos incendios forestales que ha sufrido la región.
       

Teniendo como base el alojamiento en Boticas puedes hacer un sinfín de excursiones. Nosotros fuimos a ver entre otros el Castro de Carvalhelhos, La Fonte dos Amores, el Puente Romano de Pedrinha y el embalse de Pisoes - cuenca fluvial del río Rabagão -.



Nos agradaron especialmente las rústicas y auténticas aldeas de los alrededores de Boticas. Como Granja, justo al lado de Boticas, Carvalhelhos, Vilarinho Seco, Lavradas, Lamachâ, Negroes, Morgade y el pequeño Vilarinho de Negroes. Estos tres últimos, en línea de costa con el embalse del río Rabagão.




Tenemos intención de volver a Boticas. Nos enamoró su paisaje, su gente, la tranquilidad que se respira, su Vinho verde y el famoso Vinho dos Mortos - típico de la aldea Granja -.
Un vino con historia. Dicen que para evitar el robo del vino por parte de las tropas napoleónicas, los lugareños enterraron sus garrafas de vino bajo tierra. Cuando las desenterraron se dieron cuenta que la temperatura constante que tenía el vino bajo tierra le beneficiaba. Así que se ha seguido haciendo desde inicios del siglo XIX. Enterrando el vino. Una curiosidad de la zona.