lunes, 28 de septiembre de 2015

Tigania beach en Laconia

Llegamos a la playa de Tigania sobre las 9 de la mañana. Los desayunos en el hotel Elea Mare, se sirven a partir de las 8. Ideal para nosotros que nos gusta aprovechar las mañanas y también bañarnos a primera hora del día antes de que el sol apriete con fuerza y la playa se "llene" de bañistas.



La playa de Tigania está muy cerca del hotel Elea Mare. Fuimos los primeros en llegar. La playa estaba desierta. Un par de personas limpiaban la playa de las colillas y de los plásticos que vienen a la orilla arrastrados por las olas y el viento desde las barcas y los yates.


Aparcamos bajo la sombra de un árbol. A esa hora del día, el mar parecía una balsa. Una balsa cristalina y limpia.


Tigania es una playa grande de arena tostada y mar tranquilo, cuando no sopla el famoso viento de Methelmi. Detenta bandera azul y dispone de parasoles, hamacas, chiringuito, restaurante  y un espacio habilitado para el deporte, en la zona izquierda de la playa. A la derecha, la playa es virgen.


Al tratarse de una playa de arena, limpia, tranquila y de aguas cristalinas a partir de las 10 de la mañana se empieza a llenar de familias, sobre todo en la zona de las hamacas y parasoles. Es sin duda una playa familiar. Hay familias que vienen hasta allí de los pueblos cercanos como Molai, Esparta o Asopos y también veraneantes que llegan desde Atenas y que pasan unos días de vacaciones por esta zona.


Mientras tomas una cerveza o un zumo natural, siempre resulta entretenido ver como transcurre un divertido día de playa para los habitantes de esos pequeños pueblos o ciudades griegos. Con los niños riendo, sin miedo al mar y jugando con sus familiares.


Nosotros para aprovechar el día, comimos en el sencillo restaurante que hay en la playa. Comida griega sin grandes pretensiones.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Simos beach

Sabíamos que la playa de Simos es muy popular por su belleza panorámica y por la calidad de su arena y de sus aguas, y por tanto nos imaginábamos largas colas de coches en el puerto de Pounta para acceder al ferry que nos llevaría hasta la isla de Elafonisos.


En previsión salimos del hotel relativamente pronto; sobre las 9 de la mañana ya estábamos en marcha.

Llegamos a Pounta -pequeñísima población cercana a Neapolis- a las 10 de la mañana. En ese momento, el ferry estaba cargando los vehículos que querían llegar hasta la isla. Previo pago de 12,30 euros -que correspondía a dos personas y un coche- embarcamos sin hacer cola. Rápidamente.




El trayecto de 570 metros de distancia se hace en menos de un cuarto de hora. Está organizado a ritmo de un reloj suizo. Se percibía que estaban acostumbrados a una mayor afluencia de vehículos.

Al salir del ferry, ya se aprecia un cartel que anuncia la playa de Simos. Se halla a 4,5 kilómetros del puerto.



Simos beach se localiza al sur de la isla y aunque se le conoce por este nombre, realmente la playa se divide en dos playas separadas: Frago beach y Sarakiniko beach. En ninguna de esas dos playas hay árboles, pero si una extensa y espectacular zona dunar.




Al llegar a la playa encontramos aparcamiento sin dificultad y nos dirigimos a la zona de sombrillas y hamacas del Buddhas. Elegimos dos hamacas comodísimas y un parasol tupido de hojas de palmera y cañas que proporcionaban una compacta sombra. Nos costó 10 euros. No nos pareció caro tras ver la playa y lo que ofrece. La popularidad de esta playa hace que todo el entorno se encarezca, pero de todas formas es mucho más barato que otras playas populares del Mediterráneo en plena temporada alta, como las de Capri, Ibiza y no digamos el noreste de Cerdeña.
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El agua de Simos beach es cristalina de un azul celeste en alguna zona y, en otras, de un azul turquesa. La blancura y la pureza de su arena es envidiable. Recuerda a las bonitas playas de arena blanca de algunas playas del Caribe. Hasta el agua es más caliente aquí que en otras playas de Grecia. La templada temperatura del agua se debe sin duda a que el mar no es muy profundo y se asemeja a un inmenso cristal traslúcido que absorbe la luz y el calor del sol.




Es una playa de una gran belleza a la que volvería sin pensarlo dos veces. Además, resulta divertido cruzar el pequeño canal que separa Pounta de la isla de Elafonisos y llegar hasta allí.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Elafonisos island o el Caribe griego

A veces, algunas personas confunden la isla de Elafonisos o Elafonisis con la famosa playa de Elafonisis en Creta porque en la isla del Peloponeso existe una playa igual o más bonita aún si cabe que la playa de Elafonisis en Creta. Esta playa se llama Simos beach. Aunque el nombre y la popularidad de Elafonisos o Elafonisis puede llevar a confusión, la isla de Elafonisis forma parte del Peloponeso. Se localiza enfrente de Pounta y Neapolis, en el Cabo Maleas y al norte de la isla de Cítera.


La isla de Elafonisis de 19 kilómetros cuadrados de superficie tiene playas espectaculares y muy populares: Simos, Kato Nisi (también conocida como Panagias Nissia), Aglyftis y Lefki.



Sin duda, la playa más grande y más famosa de la isla con el mar más transparente, el agua limpia y la arena más clara es Paralia Simos o Simos beach. El mar allí es un inmenso espejo que ciega la vista. Una playa de postal.



La isla dispone de unas playas que bien podrían estar ubicadas en el mar Caribe. Unas playas que recuerdan a los hermosos cayos cubanos. Eso sí, sin su vegetación. En Simos beach, necesitas ineludiblemente una sombrilla si no quieres arriesgarte a que tu piel se queme.



Para llegar a esta isla del Peloponeso cogimos un ferry en Pounta, aunque también salen ferries desde Neapolis.




La localidad de mayor tamaño de la isla es la del pueblo de Elafonisis. Situada al norte de la isla justo delante de Pounta. En verano, durante el trayecto de apenas 10 minutos te cruzas con los ferries que regresan de la isla. Llegando a la isla, una de las primeras imágenes que se puede contemplar desde el ferry es la iglesia de Agios Elafonisos. Una iglesia edificada sobre un pequeño islote cercano al pequeño puerto pesquero. Su silueta blanca con el tejado color teja brillante se erige imponente junto al mar.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Elea o Elia

Después de pasar el día en la playa de Tigania beach, nos acercamos hasta la pequeña población de Elea o Elia -lo he visto escrito de las dos formas-. Más que un pequeño pueblo griego; es un sencillo y agradable puerto. La gente aprovechaba la calma del mar para bañarse apaciblemente en su tranquilo puerto.



En paralelo al mar y al rompeolas hay un pequeño paseo. Cerca de este rompeolas se puede ver la silueta de una pequeña capilla. Un lugar con encanto en el que el tiempo se vuelve perezoso y parece deslizarse más lentamente, poco a poco y sin hacer ruido.


Llegamos al puerto antes de que el sol se ocultase por el horizonte. Los reflejos naranjas y dorados del atardecer se reflejaban en el mar tiñéndolo por completo. Desde allí, veías llegar al puerto las pequeñas embarcaciones de pesca.


Hacia calor, pero cuando cayó la noche bajó un poco la temperatura y se transformó en una noche agradable, sobre todo para pasear tranquilamente o para cenar al aire libre.


A cualquier hora del día, Elea se convierte, a los ojos de los viajeros, en un lugar entrañable, familiar y calmado. Los niños juegan y se rien, aunque no gritan. Las familias y amigos conversan relajadamente mientras sostienen en una de sus manos un dulce frappé. Por eso, no hay barullo estridente y puedes oír sonidos del mar, de las risas, de las cigarras y el leve y rítmico chapoteo de las barcas al llegar a puerto.

Elea cuenta con cafeterías, tabernas, bares y buenos restaurantes de comida griega o de pescado. Nosotros cenamos muy bien en un restaurante del puerto, cara al mar y a la luz de las velas. Mientras, contemplábamos la oscuridad de la noche, salpicada  por las pequeñas y parpadeantes luces de las farolas del paseo.