domingo, 30 de agosto de 2015

Elea Mare Hotel, en Laconia


La primera impresión al llegar al hotel Elea Mare fue de sorpresa porque no nos imaginábamos que estuviera tan cerca del mar. Esta primera sorpresa agradable compensaba el largo viaje desde Atenas hasta el hotel.


El recibimiento por parte de Greg, el encargado de la gestión del hotel, no pudo ser mejor. La dirección del hotel es familiar. Los trámites de entrada y la organización del funcionamiento del hotel lo gestiona, rápida y eficazmente, el simpático y amable hijo del dueño.



La habitación del hotel es amplia y espaciosa, pero muy sencilla y sin ningún tipo de lujos. El verdadero lujo consiste en poder disfrutar de unas vistas increíbles al mar y a la costa.

Los desayunos se sirven en una gran terraza con vistas, como no,  al mar. El zumo de naranja es natural y se agradece. Esta zona de Laconia es rica en naranjas, olivas y uvas. Así que puedes disfrutar de estupendos zumos, de un excelente aceite y de un aromático vino blanco.
.
.
Los alrededores del hotel son genuinamente rurales. Recomendables para las personas que buscan experiencias naturales. No apto para aquellos que buscan grandes lujos y sofisticaciones. El verdadero lujo es su ubicación. Perfecta para vivir una experiencia griega y disfrutar de un entorno sencillo y rural a orillas de un mar limpio y transparente.


El hotel es perfecto para descansar y para hacer excursiones. A la derecha del hotel se encuentra la pequeña y recogida playa de Viandini. A la izquierda, a un poco más de 1 kilómetro, la hermosa playa de Tigania beach. Playa, larga de arena tostada que detenta bandera azul.

.
Al sur se encuentra la isla de Elafonisis y la de Citera. Puedes llegar a estas dos islas desde Neapolis o desde Pounta. También, desde la excelente ubicación del hotel puedes desplazarte a Monemvasia.


Es un hotel agradable. Ideal para desconectar, porque el único sonido que puedes oir es la suave batida del agua del mar al golpear la costa. Un sonido que te acompaña y seduce.


Los bellos atardeceres que se pueden contemplar desde la terraza de la habitación animan a tomar fotos para inmortalizar un momento tan mágico como el de la puesta del sol. Algo que no puedes hacer si vives en una ciudad de altos edificios y estrechas calles.

sábado, 22 de agosto de 2015

Regreso al Peloponeso

Para nosotros, volver al Peloponeso es regresar a la autenticidad. Descubrir esos pequeños pueblos rurales y costeros que se hallan dispersos por este territorio: Elea, Molai, Poulithra, Richea, Leonidio, Kosmas, Kilada, Archangelos, Iliakastro, Didima, Kounia, Plitra o Ermioni. Una tierra fértil aunque también agreste y dura.



Lugar de grandes contrastes entre el interior y la costa. También de inviernos fríos y calurosos veranos, en dónde de una forma u otra el viento de Methelmi siempre está presente.


.
Un territorio al que hemos vuelto -ya van unas cuantas veces- de la misma forma que uno regresa al hogar. Del que no nos cansamos, porque es intenso como la vida misma.


Regresar al Peloponeso es volver a sorprenderse de lo bien que se vive sin grandes ataduras.

Mirar el mar como si fuera la primera vez que lo ves. Contemplar ese océano de olivos que cubre una gran parte del Peloponeso.

Soñar con Esparta, Micenas, Menelao y los Argonautas, mientras pasas por las regiones de Lakonia, Arkadia o la Argólida.




Ver cómo transcurre el verano sin prisas, día a día, bajo la sombra de una estupenda higuera. Tomar café griego mientras observas con curiosidad la llegada a puerto de las pequeñas embarcaciones de pesca. Comer una extraordinaria sandía bajo la sombra de una parra.


Así que todo lo que me gusta lo reúne el Peloponeso ¿Cómo no amar un lugar tan genuino? Tan cercano a la vida misma. Tan lleno de historia y de mitología y a su vez tan próximo a la naturaleza.



Una tierra de roca como la Península de Mani, fértiles valles como los de Molai o de Esparta, de altas montañas como las del Taigetos o la del monte Parnon. De pueblos rurales o costeros como Elea, Leonidio, Asopos o Archangelos. De puertos tranquilos como el de Pounta, Ierakas o el de Kiparissi y de peñones repletos de historia y aventuras como el de Monemvasia. ¿Cómo no volver a un lugar así, tan mediterráneo?

Acabo de regresar y ya estoy pensando en volver y eso que no pretendía hacerlo...

domingo, 9 de agosto de 2015

Ermita de Santa Cristina

Santa Cristina es la patrona de Lloret de Mar y a unos 3 kilómetros de esta localidad se halla la ermita de advocación a la santa.

Llegamos allí a primera hora de la mañana, camino a la playa. El día despertó sin una nube y aprovechamos para darnos un baño marino. La ermita se encuentra camino a la playa de Santa Cristina. Hicimos una parada para visitarla, con calma. El intenso azul del cielo, en contraste con la simplicidad y la blancura de la ermita creaba una atmósfera refrescante típicamente mediterránea.
  

La Ermita de Santa Cristina está situada en el punto más alto del acantilado. La vista desde este lugar, no tiene desperdicio. En la explanada, sita en la parte posterior de la ermita, se yergue un gigantesco pino centenario.

Desde esta explanada, sin lugar a dudas, se obtiene una de las mejores vistas de la costa entre Blanes y Lloret de Mar. Bajo la sombra de los pinos que rodean la ermita, se puede contemplar perfectamente este escarpado litoral de la Costa Brava. A los pies de la ermita, se localizan las playas de Santa Cristina y de Treumal.





Los primeros datos documentales de la iglesia datan del año 1376, aunque esta pequeña iglesia o ermita se construyó, tal como está en la actualidad, en el siglo XVIII, en estilo neoclásico. De nave única, con dos capillas paralelas laterales.

Se especula que se construyó sobre un antiguo asentamiento romano y sobre los restos de una capilla anterior al siglo XIV. El altar mayor de mármol es de manufactura italiana. Además, la ermita contiene una rica colección de ex-votos y de barcos en miniatura. Es interesante entrar allí, si vas a la playa de Santa Cristina o a Treumal, aunque antes conviene consultar el horario porque puede ser que la encuentres cerrada. Nosotros fuimos afortunados y la encontramos abierta debido a que iba a celebrarse una boda.

 
Bajo el pino centenario se celebra, el 24 de julio, la fiesta de celebración de la patrona de Lloret de Mar con el típico desayuno de hermandad de todos los pescadores de la zona.