jueves, 24 de diciembre de 2015

Mourayio, la cortesía de un buen bed and breakfast

Camino de Ermioni nos detuvimos en varias pequeñas playas que hay por la zona de Agios Emilianos.

Toda esa área geográfica posee una costa recortada y abrupta, con una espesa vegetación que llega hasta la misma orilla.
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El sol de mediodía apretaba con fuerza y la visión de Ermioni, tras una curva, nos pareció un espejismo. Llegamos de esta forma y después de nuestro largo recorrido por Laconia, Arkadia y la Argólida, a nuestro siguiente alojamiento, un elegante bed and breakfast: Mourayio (Mouragio).
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A nuestra llegada, Pamela, la dueña del establecimento nos recibió con una amplia sonrisa. Acogedor recibimiento. Seguidamente, nos ofreció toallas húmedas y frías para refrescarnos y un batido recién hecho de frutas frescas. Imposible tener un mejor recibimiento.
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Tras esta cálida bienvenida nos llevó a nuestra habitación: Ostria. Una habitación cálida y relajante. Decorada con tonos claros, amarillos y dorados, que hacían resaltar, aun más, el azul profundo del mar griego y el cual podía verse desde la terraza de la habitación.
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Pero sin dudarlo, lo mejor del alojamiento es la elegante cortesía y generosidad de Pam, la propietaria del Mourayio. Sus desayunos creativos y variados (diferentes cada día) son para recordarlos siempre.
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Igualmente, las indicaciones que nos dió sobre la zona, fueron imprescindibles. Nos encaminó a conocer las mejores playas de los alrededores de Ermioni. Sin sus indicaciones, jamás hubiéramos llegado hasta ellas, porque estaban realmente escondidas.
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Un punto y aparte son las estimulantes vistas desde la terraza del alojamiento. No podían ser mejores y todo gracias a la perfecta ubicación del mismo. Está situado en la zona de Mandraki, al sur de Ermioni. A sus pies, el puerto deportivo para grandes embarcaciones de vela o catamaranes.
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La situación del alojamiento es perfecta, en el centro de la villa, enfrente del pequeño puerto deportivo y orientado hacia el mar y el Ormos Kapari. Observábamos perfectamente todo lo que ocurría y no podía ser más distraído y divertido ver ese ajetreo de las embarcaciones. Los barcos iban y venían. Normalmente atracaban allí por la noche o atracaban a primera hora del día o de la tarde, para comprar comida fresca o llenar los depósitos de agua potable.
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Asimismo, a lo largo del paseo paralelo al mar se sitúan la mayoría de tabernas y cafeterías.

Justo enfrente del paseo, se halla el islote y el cabo de Kapari, que dan nombre a la bahía. Para los amantes del buceo, los alrededores del islote y del cabo son excelentes para la práctica de este deporte. Toda esta zona está rodeada de islas e islotes, muy cerca se halla la renombrada isla de Hydra y la inhóspita y enorme isla de Dokos.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Ermioni, destino marítimo

Para llegar hasta nuestro siguiente destino nos decantamos por perdernos por la carretera de la costa que zigzagueando llega hasta Ermioni, pasando por Agios Emilianos y el cabo de Kapari.

Desde Porto Heli es fácil llegar hasta Ermioni. Una localidad alejada del bullicio de Porto Heli.
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Aunque Ermioni es también una ciudad animada, y en cierta forma turística, es infinitamente más relajada que su vecina Porto Heli. Es una pequeña ciudad con cierto encanto y de aire marinero.


 
La carretera que llega hasta Ermioni esconde estrechos caminos que transitan por playas y calas apartadas y protegidas. Algunas son de arena fina, otras de blancos guijarros, aunque también las hay de piedras y rocas.
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Por Agios Emilianos la vegetación es tupida y esconde grandes mansiones con piscinas al borde del mar. Es una zona exclusiva de alto poder adquisitivo. Las hay espectaculares y están tan escondidas y protegidas por la vegetación y los acantilados rocosos, que únicamente se pueden divisar desde el mar.
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Cerca de Ermioni, puedes observar los amplios espacios naturales de ricos humedales que, al atardecer, se llenan de pájaros en busca de comida y también unas bonitas salinas, justo al lado de Ermioni.

De Ermioni nos asombró, sobre todo, su diversidad paisajística, dado que al lado de las zonas más  ásperas y desérticas, en dónde aparentemente no hay nada, encuentras las grandes extensiones de humedales de una rica biodiversidad.
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También quedamos cautivados especialmente por sus alrededores: el interior genuinamente rural y sus playas escondidas. Además, desde allí, o desde su vecina Methoni, puedes llegar fácilmente a la isla de Hydra o a Poros. Famosos destinos turísticos griegos.
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Por las tardes, resultaba relajante pasear por su puerto deportivo y disfrutar de la llegada de las embarcaciones. Resulta hipnótico ver la llegada o la salida del puerto de las embarcaciones. Cómo deben recoger o extender las velas para navegar mejor o las distintas maniobras que ha de hacer un catamarán para atracar en el puerto. Observar todo ese trajín marino es algo entretenidísimo, porque nunca nada es igual.
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Cuando el calor no era tan sofocante, también nos gustaba bordear el interior de la península de Bisti. Una pequeña península alargada con una gran franja de pinos, unos restos arqueológicos, zona de baños y con un blanco faro en su punta. Aunque a causa del viento y de la dejadez de los navegantes de muchos barcos de recreo, catamaranes o veleros, la zona se llena de basura, bolsas de plástico y botellas vacías que llegan a la orilla irremediablemente. Es una lástima porque el mar está muy limpio y la zona es hermosa.
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sábado, 5 de diciembre de 2015

Los cráteres de Dydima

El fuerte calor del verano en Porto Heli, nos impedía salir del agua. Todos los días íbamos a la playa y nos quedábamos horas dentro del mar. Hacíamos lo mismo que cualquier otro veraneante griego. El mar con el calor atrae poderosamente.
Un día, el tiempo se levantó nublado y aprovechamos que el sol no picaba para ir al interior, a Dydima, para conocer sus famosos cráteres. Dydima se halla entre Nafplio y Porto Heli.



Desde la carretera, sólo puedes ver uno de los cráteres el de mayor tamaño, aunque para mí el más bonito y espectacular es el pequeño. El cráter pequeño está escondido entre pinos. Una gran pinada rodea el propio cráter. La entrada se realiza a través de una obertura en la roca. Cuando traspasas ese oscuro agujero, todo es luz y silencio.


Dos pequeñas, sencillas y bonitas ermitas o capillas pintadas de blanco y acopladas a la pared de la roca son todo lo que puedes ver allí. Estas capillas de origen bizantino son la Agios Giorgios y la de Metamorfosis. Simplemente son sencillas construcciones que aprovechan los huecos y el espacio semicircular de la pared del cráter para con una simple pared de ladrillo encalado, cerrar el espacio.



Si estás por la zona, merece la pena acercarse al cráter pequeño. Es un espacio espiritual y en cierto modo místico.


Por el contrario, la visión del cráter grande es más interesante desde lejos, de cerca decepciona.