viernes, 14 de marzo de 2014

Oporto singular

Cuando paseas por Oporto no sabes si mirar los edificios y su arquitectura o entretenerte mirando el singular adoquinado del suelo. La calzada de sus calles evidencia el esmerado y hermoso trabajo de pavimentación de la ciudad. De hecho, algunas calles de la zona de la Ribeira mantienen aún los antiguos empedrados de grandes piedras rectangulares o cuadradas.


Espero que nunca, nunca, se elimine el adoquinado y que tampoco se asfalten las calles y aceras de la ciudad. Por favor, ¡déjenlas como están! y si el adoquinado o el empedrado está en malas condiciones, ¡hagan una reconstrucción, reparación o restauración, pero no lo eliminen!.



En Oporto, los adoquines conforman dibujos de lo más imaginativos. Son elementos fundamentales que marcan la diferencia con otras ciudades europeas. La misma plaza dos Aliados no sería tan interesante sin el diseño de su pavimento o no resultaría tan agradable pasear por la rua Santa Catarina o por la rua Cedofeita.

 
 
Otra curiosidad portuguesa, la originalidad y la personalización de las fachadas de los edificios; que se embellecen con los típicos azulejos y baldosas de colores en las que predominan las composiciones en blanco y azul, pero que no son las únicas. 

Los azulejos, baldosas y mosaicos son la clave externa del enorme vitalismo portugués. Permite aislar las casas del exterior húmedo y dinamiza la ciudad llenándola de color. Sin duda alguna, resulta una clara marca de identidad y una característica genuinamente portuguesa. De la misma manera, que la arquitectura de Gaudí  lo es para la ciudad de Barcelona.


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