viernes, 7 de febrero de 2014

São Pedro do Sul

Desde Vista Alegre -Raiva- nos dirigimos a Vale Cambra, primero tuvimos que ir por la N222 hasta coger la A32 y pasar por las afueras de esa población hasta acceder a la N227 que atraviesa una buena parte de la Serra da Arada y de la Serra do Arestal. 

El trayecto de la N227 atraviesa pequeñas villas como la de Junqueira, Vila Cova, Campo de Arca o Santa Cruz da Trapa. Finalmente, alcanzamos nuestro destino: São Pedro do Sul.
 

La lluvia fue disminuyendo en intensidad, hasta que al llegar a São Pedro do Sul el sol asomó timidamente de entre las espesas nubes. El día no aclaró del todo pero dejó de llover, que ya era mucho.


El paisaje de Serra da Arada nos dejó impactados, por lo espectacular. De hecho, es uno de los paisajes rurales más bonitos que vimos. Verlo compensa el esfuerzo que supone circular por esa estrecha y sinuosa carretera. Se trata de un paisaje de campiña y monte con altos árboles, sobre todo de robles y pinos, con un lecho esponjoso y verde de musgo acompañado de un sínfin de hierbas, arbustos y sobre todo de helechos. Helechos con una gama de tonalidades que van desde el color tierra hasta el verde brillante.


Como había llovido mucho, desde la misma carretera pudimos contemplar decenas de saltos de agua, cascadas y pequeños riachuelos. Había tal cantidad de agua que la tierra no podía absorberla y se veían grandes áreas encharcadas, sobre todo cerca de río Teixeia.
Tras atravesar esta rica sierra y sus valles, llegamos a São Pedro do Sul. Población no muy grande, pero sí muy famosa por sus aguas termales calientes. Por esa razón, dispone de un montón de alojamientos no sólo en el núcleo de la población, también fuera de ella. Aunque hay muchos más, las mejores críticas se las llevan: Paco de Torre de Figueiredo das Donas, Casa Museu, Hotel Vouga, el Hotel Rural Villa do Banho , Quinta do Pendão y el hotel Inatel.


La fama de sus aguas curativas es ancestral,  de hecho ya eran usadas en época de dominación romana.

Varios balnearios y hoteles facilitan los tratamientos termales. En la villa existen distintas fuentes dónde puede comprobarse que el agua sale ciertamente muy caliente. De todas formas, tras esta fuerte lluvia la atracción principal cuando llegamos allí; era la de ver la crecida del río Vouga a su paso por la villa.


 
El río Vouga -río que desemboca en Aveiro y recoge en su cauce todas las aguas de las sierras cercanas- pasaba con fuerza y furia.

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