viernes, 5 de noviembre de 2010

Fotolog de la vida en Holbox





El pueblo de Holbox es tranquilo. Ideal para huir de la vida agitada de una gran  ciudad.                                                    
No es muy grande, pero tiene escuelas nuevas y grandes, farmacias, supermercados, tiendas de regalos,  agencias para hacer excursiones por la isla, negocios de alquiler de carritos de golf, restaurantes, bares y un pequeño cibercafé (sin aire acondicionado, que  más parece un horno que otra cosa).


El tiempo es caluroso y muy húmedo.
En la calle hay vida pero, sobre todo, la actividad se localiza en la playa y en el pequeño puerto. 
Allí suelen ir los habitantes del pueblo antes de las siete de la tarde para ver llegar el pescado. Después de esa hora, cuando el anochecer llega, sólo unos pocos valientes se atreven a desafiar a los insaciables mosquitos.


Después de mi experiencia personal, aconsejo que para salir os pongáis manga larga, pantalón largo y calcetines; parece una broma, pero seguir este consejo puede evitarte muchas incomodides. Aquí los mosquitos no pican, devoran.






A media tarde, puedes tomar una cerveza o una margarita mirando el mar desde cualquier bar de la playa. Los atardeceres no son como en otros lugares. En Holbox, se acentúa el dramatismo del crepúsculo. El sol rojo o naranja se hunde en el mar, creando unos contrates cromáticos como nunca antes había visto.

En México se come bien. En la isla Holbox, también. Siempre hay que saber elegir lo que pedimos, pero en general la comida es más que aceptable. 




Los fines de semana, el pueblo se llena de turistas locales. Provienen de Cancún,  de Mérida, de Valladolid y de otras ciudades más grandes. Son turistas que buscan el ambiente rústico que ya no encuentran en sus ciudades de procedencia. El preciado tesoro de la  tranquilidad que se respira en toda la isla. Además, aquí disponen de la atractiva opción de comer pescado fresco y, de paso, contratar una excursión para nadar con el fascinante tiburón ballena.

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